Guerra de Malvinas: el emotivo reencuentro de cuatro excombatientes a horas del choque contra Inglaterra
A pocas horas de que la Selección Argentina se enfrente a Inglaterra, el recuerdo de la guerra de Malvinas se reactiva de manera inevitable en el sentimiento nacional. Cuatro veteranos de los escuadrones de artillería antiaérea, que con apenas 18 y 21 años enfrentaron el fuego enemigo en el Atlántico Sur, protagonizaron un emocionante reencuentro. Edgardo Emilio Remorino (Resistencia), José Vega (Cipolletti), José Argentino Carriqueo (Bariloche) y Claudio Oscar Viano (Quilmes) reconstruyeron la hermandad inquebrantable que les permitió sobrevivir al frío, el hambre y las bombas en 1982.
Para estos hombres, el cruce deportivo excede los límites de la cancha, aunque tengan en claro que se trata de un juego. Vega, quien llegó a las islas el 2 de abril a bordo del primer Hércules que aterrizó en Puerto Argentino, recordó el peso de los 72 días de combate. Por su parte, Remorino, a cargo del cañón bitubo Rheinmetall de 20mm conocido como «Fierro 7», rememoró cómo la dureza del conflicto transformó a los soldados en hermanos de la vida.
La batalla en el aire y la picardía en la trinchera
El bautismo de fuego del grupo ocurrió el 1 de mayo a las 5 de la mañana. Carriqueo describió el paso del desconcierto inicial a la acción directa cuando comenzaron a caer las bombas británicas. Entre las hazañas de la defensa antiaérea, los veteranos recuerdan el derribo de los aviones Harrier ingleses. «Le vimos la cara al piloto, lo vimos caer. Saltábamos de alegría por haberlo derribado, no notamos el miedo que teníamos hasta que aparecieron los barcos», relató Carriqueo.
La supervivencia también requirió de astucia y picardía. Viano, artillero del «Fierro 8», recordó cuando las esquirlas dañaron su posición. Para reparar el cañón, recorrió cinco kilómetros junto al comodoro Hugo Alberto Maiorano en un vehículo Land Rover capturado para «robar» una bicicleta inglesa que les proveyera el cable necesario para la reparación. «Les debés un cable a los ingleses», bromeó Remorino durante la charla.
El dolor del regreso y los años de olvido
La posguerra trajo consigo un proceso de desclasificación y olvido social que afectó profundamente a los combatientes. Viano relató las dificultades para reinsertarse en el mercado laboral tras el conflicto:
«Los artilleros nos hemos jugado más de una vez la vida. Después del conflicto tuvimos mil problemas, era salir y que te dejaran de lado en la calle, en las escuelas, en el trabajo. Me despidieron de un trabajo al enterarse de que era veterano de guerra».
Carriqueo coincidió en el duro impacto de la denominada «desmalvinización» durante los primeros años democráticos, señalando que sufrieron casi una década de silencio forzado en la que eran señalados injustamente. Sin embargo, el paso del tiempo y el reconocimiento de las nuevas generaciones, especialmente en las escuelas, comenzó a sanar esas heridas.
El potrero contra los «piratas»
De cara al partido contra el seleccionado británico, los veteranos encuentran en el fútbol un canalizador del orgullo patrio. La figura de Diego Maradona y su actuación en el Mundial de 1986 siguen vigentes como un símbolo de revancha popular. Viano expresó su deseo para el partido:
«Quiero que se juegue al fútbol, que haya patadas pero que sea un potrero. Si pierden se van a ir aplaudidos porque están dando todo».
La pasión por la Selección también dejó anécdotas particulares. Remorino recordó que en 1986, mientras cumplía funciones de servicio militar, se escapó a un bar para ver el partido contra Inglaterra. Fue descubierto por un superior y terminó detenido, aunque luego le levantaron la sanción. Hoy, con la perspectiva de los años, los veteranos aseguran que pase lo que pase respaldarán al equipo nacional, un apoyo que ellos mismos hubieran necesitado al bajar del barco en 1982.

