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Argentina-Inglaterra: asueto universitario, comercios cerrados y reprogramación de turnos médicos por la semifinal

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La inminente semifinal de la Copa del Mundo entre la Selección Argentina e Inglaterra alteró por completo el pulso de la Ciudad de Buenos Aires. Mucho antes del pitazo inicial, las principales avenidas como Cabildo y los centros comerciales de Flores registraron un caos de tránsito y un éxodo anticipado de trabajadores, oficinistas y estudiantes que buscan llegar a sus hogares antes de que ruede la pelota.

La parálisis progresiva se siente en las paradas de colectivos, donde se acumulan filas interminables debido a las demoras por la congestión vehicular, y en las zonas comerciales, donde los locales comenzaron a bajar sus persianas de forma prematura. En contraste, las pizzerías y bares equipados con pantallas gigantes empezaron a colmarse rápidamente.

Comercios cerrados y cábalas al volante

En la emblemática esquina de Cabildo y Juramento, los comercios adaptan sus horarios al evento deportivo. Ariel Fernández, de 28 años y empleado de Accademia della Pizzería, describió el panorama ante la consulta de este medio:

“Acá viene mucha gente a ver cada partido. Esto explota. Algunos se quedan parados afuera mirando por la vidriera”

A pocos metros, en el local de indumentaria Rakis, la decisión de los empleados depende de lo que ocurra en la cancha. «Si no hay alargue, volvemos a abrir. Pero si el partido se extiende, cerramos directamente», explicaron, listos para sumarse a la transmisión junto a un kiosco vecino.

Sin embargo, el parate no es total. Alejandra Tomé, de 55 años y conductora de la plataforma Cabify, decidió que el partido la encontrará detrás del volante por una cábala estricta. «Me agarró el segundo partido manejando en un embotellamiento y desde ahí seguí igual. Por cábala tengo que trabajar», relató la chofer, quien comparte los goles por radio junto a sus pasajeros. En sintonía, el repartidor de delivery René Facio, de 53 años y de origen cubano, evalúa si trabajar según el movimiento de los locales, aunque recuerda que su pasión por la albiceleste nació en el histórico Mundial de México 1986.

Asueto universitario y reprogramación en hospitales

El impacto del partido contra Inglaterra también obligó a reorganizar el funcionamiento de instituciones educativas y sanitarias. La Universidad Católica Argentina (UCA) dictó asueto total en todas sus sedes a partir de las 14:00 horas para facilitar la logística y el transporte de su comunidad. Por su parte, la Universidad de Buenos Aires (UBA) habilitó pantallas en sus facultades para que los alumnos puedan seguir el encuentro, manteniendo la tendencia de no programar exámenes finales durante los partidos del equipo que dirige Lionel Scaloni.

En el ámbito escolar, el Ministerio de Educación porteño ratificó que las escuelas funcionan con normalidad, delegando en cada establecimiento la autonomía para organizar las actividades y la salida de los alumnos. En tanto, varias instituciones de gestión privada de la provincia de Buenos Aires optaron por adelantar el horario de salida.

El sistema de salud también sintió el impacto del partido. Desde el Hospital Austral confirmaron que, aunque la atención se mantiene, algunos profesionales reprogramaron sus turnos. En otro importante centro de salud privado de la Ciudad, el fenómeno fue masivo: ante la oleada de cancelaciones solicitadas por los propios pacientes para no perderse la semifinal, las autoridades debieron reorganizar las agendas con anticipación para evitar un cuello de botella en los días posteriores.

Los rituales innegociables de los hinchas

Para los hinchas, el partido se vive con un nivel de tensión que solo se mitiga cumpliendo rituales estrictos. Romina Gastaldi, de 47 años y vestuarista, confesó que repetirá la misma vestimenta que usó desde el debut mundialista, sin pasar por el lavarropas: una remera de manga larga debajo de la camiseta argentina y las medias de Lionel Messi. «No lavo nada, ni la remera ni las medias», admitió entre risas.

Para otros, como la estudiante de diseño Ariana Loese, de 22 años, la previa se centra en la reunión inalterable con su grupo de amigos. «Aunque sea a la hora de la merienda, la picada tiene que estar sí o sí. Vamos a comprar salame, queso y papas fritas», detalló, minimizando el peso del rival y tomándolo como «un partido más» en el camino hacia la consagración.

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