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Apuestas online: la Sociedad Argentina de Pediatría alerta por el consumo de los adolescentes ante el Mundial

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La proximidad de la Copa Mundial de la FIFA 2026 y la constante exposición a contenidos deportivos encendieron las alarmas de los especialistas de la salud. La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) emitió un duro documento de advertencia sobre el avance de las apuestas online entre niños y adolescentes, una práctica prohibida para menores de 18 años que se viraliza de manera preocupante impulsada por las redes sociales, el fútbol y la promoción de influencers.

El fenómeno dejó de ser un hecho aislado para convertirse en un cambio cultural complejo. Según datos de la encuesta Kids Online Argentina 2025, realizada por UNICEF y UNESCO sobre una muestra de 5.910 chicos de entre 9 y 17 años en áreas urbanas del país, uno de cada tres menores reconoció haber apostado dinero por internet alguna vez. La tendencia se agudiza a medida que aumenta la edad, afectando especialmente a los varones de entre 12 y 17 años.

La ilusión del dinero fácil y la presión del grupo

Los factores de atracción detrás de este consumo son múltiples. El informe de la SAP destaca que el 64% de los jóvenes encuestados aseguró buscar vías para ganar dinero de forma rápida y sencilla en internet, una expectativa que los vuelve vulnerables a estafas digitales. Asimismo, investigaciones del CONICET revelan el peso del entorno social: más del 90% de los adolescentes consultados comenzó a apostar porque un amigo ya lo hacía, lo que demuestra la fuerte incidencia del componente grupal y la búsqueda de adrenalina.

Silvina Pedrouzo, médica pediatra y presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de Información y Comunicación de la SAP, explicó el trasfondo de esta problemática:

«El riesgo aparece cuando la pasión por el deporte se transforma en una puerta de entrada fácil a las apuestas para los chicos. Se naturaliza esa conducta cuando la capacidad para controlar los impulsos, evaluar los riesgos y anticipar las consecuencias de las propias decisiones aún está en proceso de maduración».

Un cerebro en desarrollo frente al azar digital

Desde la perspectiva neurológica, la adolescencia representa una etapa de alta vulnerabilidad. Los expertos detallan que los circuitos cerebrales vinculados a la recompensa y las emociones registran una intensa actividad antes de que finalice el desarrollo de las áreas asociadas al autocontrol, la planificación y la toma de decisiones. Esta asimetría biológica favorece las conductas impulsivas y potencia el atractivo de las plataformas que prometen gratificación inmediata.

A esto se suma el diseño de los propios videojuegos modernos, que incorporan dinámicas similares a las del azar, como cofres de recompensa o premios sorpresa. Según la SAP, estos mecanismos acostumbran a los menores a una expectativa constante de ganancia. Además, el acceso a las aplicaciones de apuestas es sumamente sencillo: los adolescentes suelen falsear datos o utilizar identidades de adultos para sortear los controles, en un contexto donde no existe una ley nacional específica que regule de manera estricta la actividad.

Señales de alerta y el rol de los adultos

La SAP diferencia el juego recreativo del patológico, que se encuadra dentro de las adicciones conductuales cuando afecta la vida cotidiana, el rendimiento escolar y los vínculos familiares. Entre las señales de alerta que deben observar los padres se encuentran la irritabilidad ante la imposibilidad de conectarse, cambios bruscos de humor, mentiras sobre el dinero, aislamiento, descenso en las calificaciones escolares y movimientos sospechosos de fondos en billeteras virtuales.

Frente a este escenario, los pediatras insisten en que la solución no se limita a instalar bloqueos tecnológicos. La prevención requiere de un acompañamiento activo y sin juzgar. «Ningún control parental puede reemplazar la presencia de un adulto atento y disponible», concluyó Pedrouzo, remarcando la importancia de propiciar espacios de diálogo y fomentar actividades recreativas fuera de las pantallas para reducir la dependencia digital.

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