Las claves detrás del fenómeno Messi: genética, psicología y un liderazgo auténtico
Las lágrimas de Lionel Messi tras la victoria de la Selección Argentina contra Egipto, en un partido de alta tensión, revelaron una vez más las múltiples facetas de su liderazgo. Más allá de su innegable talento futbolístico, el capitán exhibe una inteligencia emocional destacada, empatía con su entorno y una capacidad singular para empoderar a sus compañeros, delegando en ellos las jugadas clave que sellaron el triunfo.
Fanáticos, psicólogos, médicos y entrenadores se interrogan constantemente sobre el origen de su extraordinaria habilidad: ¿es pura genética o el resultado de años de esfuerzo, disciplina y entrenamiento? La respuesta, según diversos especialistas, no reside en un suceso aislado, sino en una compleja conjunción de factores donde cada pieza resultó determinante.
Fernando Signorini, expreparador físico de la selección argentina en varios mundiales, afirma que Messi está en uno de los mejores momentos psicofísicos de su carrera. Para Signorini, el rosarino posee aptitudes innatas de los grandes jugadores: domina el movimiento de su cuerpo, cuenta con visión periférica, detecta momentos cruciales en los partidos y es energéticamente eficaz.
Signorini lo cataloga como un «artista del fútbol» que, paradójicamente, se benefició de su pequeña estatura durante su crecimiento. Lo que para otros hubiera sido una debilidad, para Messi se convirtió en una fortaleza, desarrollando una agilidad superior para eludir contrincantes. “Si hubiera tenido un cuerpo más robusto, quizá se hubiera acostumbrado a chocar a otros jugadores y a no esquivarlos”, ejemplifica.
El peso de los genes y el entorno
La ciencia moderna, a través de estudios publicados en revistas como Elsevier Science y Journal of Applied Physiology, sugiere que la genética influye en la capacidad deportiva. Ciertos rasgos físicos, como el tipo de fibra muscular, el tamaño del músculo, el metabolismo, la capacidad de recuperación y la composición corporal, pueden estar determinados por los genes. La médica Eliana Carla Filosa, del Hospital Universitario Austral, destaca que existen marcadores genéticos como la proteína alfa-actinina-3 (ACTN3) y los genes ACE e IL6, asociados a la fuerza, resistencia y recuperación muscular, respectivamente.
Sin embargo, Filosa aclara: “La genética predispone, pero no predestina”. El éxito deportivo es multifactorial, incluyendo el entorno, el acceso a entrenadores, la calidad del descanso, la nutrición, la salud mental y la motivación personal. La propia disciplina de Messi es un claro ejemplo: Rodrigo De Paul, su compañero de equipo, ha revelado que ambos siguen un plan de entrenamiento diario adicional al del club para mantener el máximo nivel.
Esta sobreexigencia tiene una explicación psicológica. Inma Puig, psicóloga deportiva del Barcelona, citada por el biógrafo Guillem Balagué, señala que futbolistas como Messi «siguen jugando como si estuviesen en el barrio». “No se cansa porque hay un deseo de perpetuarse. Pero no lo hace para las grandes masas, lo hace para sí mismo y para la gente que le importa”, resaltó Puig.
Resiliencia y vínculos tempranos
La vida de Messi desde temprana edad estuvo marcada por desafíos. Las inyecciones autoadministradas para combatir la deficiencia de la hormona del crecimiento (DHC) desde chico fomentaron su autosuficiencia y contribuyeron a su humildad, según Mac Novicoff, historiador de la Universidad de Dartmouth. La separación familiar durante su adolescencia, cuando su madre regresó a Argentina con sus hermanos, le inculcó independencia y la habilidad para lidiar con las discontinuidades.
Sebastián Blasco, autor de libros sobre psicología deportiva, subraya que Messi pudo sortear estas adversidades gracias a la calidad de sus vínculos tempranos. “Cuando un niño ha construido un apego seguro en su infancia, suele desarrollar una confianza básica que le permite explorar nuevos entornos sin perder la sensación de sentirse sostenido”, explica Blasco, haciendo hincapié en características psicológicas de los triunfadores como el diálogo interno positivo, la fortaleza mental y la capacidad de sobreponerse a los errores.
El sostén emocional y un liderazgo auténtico
Messi ha reconocido públicamente la importancia de la terapia psicológica en la última década, que lo ayudó a cambiar una tendencia a cargarse los problemas solo. En este camino, el sostén emocional de su entorno más cercano, especialmente su esposa Antonela Roccuzzo, es indispensable.
Retrocediendo en su historia, la figura de su abuela Celia Olivera de Cuccittini sobresale. Ella fue quien, en sus primeros años, insistía para que jugara con categorías mayores. A ella le dedica sus victorias levantando los brazos y apuntando al cielo, un gesto que se volvió icónico tras su fallecimiento cuando Messi tenía 11 años. “Lo vincular y familiar en Messi funciona como un antídoto, un factor protector para preservarse. Me animaría a decir que son la base del rendimiento que vemos en él”, analiza Blasco.
El liderazgo de Messi rompe con el mito de que para liderar hay que ser extrovertido. Blasco lo define como un «liderazgo auténtico», un modelo emergente en el deporte. Demostró que se puede llegar a la cima sin renunciar a la esencia, construyendo respeto y autoridad a partir del ejemplo, la humildad y la búsqueda constante de la excelencia personal y colectiva.
Finalmente, la dimensión espiritual también emerge como un factor relevante. En una reflexión reciente, Messi reconoció que «Dios le regaló un don» y que él hizo «mucho sacrificio y esfuerzo para fortalecerlo». La espiritualidad, según Blasco, ofrece en este caso un anclaje, una perspectiva más amplia que recuerda que la esencia de uno es mucho más grande que un resultado deportivo. Sensible, constante, resiliente y un ejemplo a seguir, el capitán argentino fusiona talento y disciplina de campeón de manera inseparable.

