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Liderazgo de Messi: el capitán asume el mando con la pelota y la palabra, pero el equipo debe acompañar

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MIAMI (Enviado especial).- Una nueva Copa del Mundo revela, probablemente, la versión más capitana de Lionel Messi. No solo sigue siendo el futbolista más determinante de la Selección Argentina y supera sus propias marcas a los 39 años, sino que asumió un liderazgo que va más allá del campo de juego. El rosarino apareció nuevamente cuando el equipo más lo necesitaba, y frente a Cabo Verde, mostró una de sus versiones más influyentes: marcó el 1-0, ejecutó el córner que derivó en el segundo gol y lanzó el centro para el 3-2 definitivo de Cristian Romero. Sin embargo, por encima de todo, volvió a transmitir la sensación de que puede resolver cualquier partido, aunque esa capacidad no siempre sea suficiente.

Se observa cada vez más un Messi de autogestión. Ante Cabo Verde, en repetidas ocasiones, él mismo generó las situaciones de peligro: tomaba la pelota, encaraba en solitario hacia el área, provocaba la infracción y luego ejecutaba el tiro libre. No es casualidad que sus compañeros lo busquen tanto: mientras Messi siga demostrando que puede resolver un encuentro por sí solo, será difícil que el equipo deje de apoyarse en su figura.

Un liderazgo distinto al de Qatar

Messi ya había mostrado una faceta similar en Qatar. Además de los goles, afianzó una relación con el equipo y con la gente que nunca había sido tan fuerte. También comenzó a exhibir emociones que antes casi no dejaba ver, como el festejo eufórico ante Louis van Gaal, las discusiones con el árbitro, los cruces con rivales en entrevistas y frases que quedaron para siempre, rasgos que ahora forman parte de su personalidad en la cancha.

Pero aquel era un liderazgo compartido. Mientras Messi brillaba, Emiliano Martínez construía su mito con atajadas inolvidables; Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Julián Álvarez parecían llevarse el Mundial por delante; Rodrigo De Paul elevaba el nivel del equipo y de quienes lo rodeaban; y Ángel Di María aparecía en los momentos importantes. Hoy el contexto es distinto. Argentina aún está lejos de su mejor versión y, salvo algunos rendimientos como los de Lisandro Martínez, Cristian Romero o Dibu Martínez –quien volvió a sostener al equipo sobre el final ante Cabo Verde, aunque también le convirtieron más goles de lo habitual en relación con los remates recibidos–, el resto todavía no logra acompañar. Por eso la figura de Messi sobresale aún más.

Autocrítica y récord mundial

Después del partido, todavía vestido de jugador y con las pulsaciones a mil tras un encuentro frenético y por momentos angustiante, que por poco no termina en una durísima eliminación, Messi fue el primero en plantear la autocrítica con la misma claridad y precisión con la que lee cada partido. Reconoció que hay “muchas cosas por corregir”, admitió que Argentina tuvo problemas para presionar y para sostener la pelota, y confesó que el equipo creyó que con un gol alcanzaba para resolver el partido. Esto último no ocurrió y encendió una luz de alarma de cara a lo que viene. No puso excusas ni intentó disimular el rendimiento. Lo que había pasado estaba a la vista, pero sintió la necesidad de ponerlo en palabras para empezar a corregirlo desde ese mismo momento.

Reconoció que hay “muchas cosas por corregir”, admitió que Argentina tuvo problemas para presionar y para sostener la pelota, y admitió que el equipo creyó que con un gol alcanzaba para resolver el partido.

Ese rol también apareció dentro del equipo. Después del bombazo de Sidny Lopes Cabral, que llevó el partido al alargue cuando Argentina ya saboreaba la clasificación, fue él quien pidió adelantar al equipo y salir a buscar el triunfo en medio de la confusión. El físico lo obligó a tomarse un respiro durante el primer tiempo suplementario, pero volvió para el segundo y otra vez terminó marcando el rumbo. De paso, siguió agrandando una historia que parece no tener techo: ningún futbolista había convertido goles en ocho partidos consecutivos de un Mundial, una racha en la que ya suma 12 tantos. Además, continúa como máximo goleador histórico de la Copa del Mundo y también de esta edición.

La última imagen también fue elocuente. Exhausto, con un chichón en la frente tras chocar contra la rodilla de un rival en la última jugada del tiempo reglamentario, Messi dejó claro que, en el tramo final de su carrera, no está dispuesto a resignar la posibilidad de ganar otro Mundial. Pero también que necesita un equipo que vuelva a jugar para él y no que dependa de él. Los números son contundentes: 15 de los 29 remates al arco de Argentina en este Mundial fueron de Messi, más de la mitad del total. Lo siguen los dos centrodelanteros, Lautaro Martínez y Julián Álvarez, con apenas cuatro cada uno. Además, nadie, salvo él, convirtió más de un gol.

La lluvia que cayó sobre Miami este sábado obligó al plantel a suspender el entrenamiento previsto en la cancha auxiliar de Inter Miami y realizar solo tareas en el gimnasio. Estaba planificado un trabajo liviano para los que sumaron más minutos frente a Cabo Verde y algo de fútbol para el resto, pero el clima lo impidió. La mañana terminó con trabajos en el gimnasio, en un clima distendido desde lo físico, pero distinto al de otros triunfos. Fue una jornada de charlas, de mates, de sacar conclusiones y empezar a corregir errores con la cabeza puesta en Egipto, el martes, en Atlanta. Porque hay algo que Argentina ya entendió: Messi puede ser el líder de un equipo, pero no el equipo entero.

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