Taiyō Jardín Cordillerano: el campo de 150.000 peonías que deslumbra en Trevelin
En el corazón del valle cordillerano de Trevelin, a escasos minutos del pueblo y en la ruta hacia la Portada Sur del Parque Nacional Los Alerces, florece cada primavera una celebración efímera y precisa: Taiyō Jardín Cordillerano. Este espacio, cuyo nombre significa “sol” en japonés, es mucho más que un simple campo de flores; se erige como un ambicioso proyecto que entrelaza producción, paisajismo y cultura en un entorno natural de inigualable intensidad.
El origen de Taiyō está ligado a la trayectoria de Martín Sasaki, un productor local que lidera un cultivo de peonías en el INTA de Aldea Escolar, un paraje cercano a Trevelin. Su producción, orientada principalmente a la exportación, envía cada temporada sus exquisitas flores a mercados de Europa y Estados Unidos. Sin embargo, la intensa dinámica de la cosecha impedía, hasta hace poco, abrir el campo al público.
De la exportación al paraíso turístico
La clave para transformar esta limitación en una oportunidad fue la alianza estratégica con la agencia de turismo Meraki Sur. Esta colaboración permitió la creación de un espacio específico para recibir visitantes, sin interferir con el ritmo y la exigencia del cultivo. Así nació Taiyō, un parque temático y botánico donde las peonías son las grandes protagonistas, aunque no las únicas.
El predio se extiende por unas 2,5 hectáreas, de las cuales 1,5 hectáreas están dedicadas exclusivamente al cultivo de peonías, albergando más de 10.000 rizomas y produciendo más de 150.000 flores. Entre las variedades que deslumbran con su paleta de colores, del blanco puro al fucsia intenso, se destacan nombres como ‘Sarah Bernhardt’, ‘Duchesse de Nemours’, ‘Karl Rosenfield’, ‘Kansas’, ‘Gardenia’, ‘Shirley Temple’ y ‘Dr. Fleming’.
Las peonías son flores de tamaño llamativo, muy atractivas y de gran duración en el florero.
Alrededor de este mar de peonías, el parque se completa con un jardín botánico que integra una rica diversidad de especies nativas y exóticas, incluyendo ñires, arces, magnolias, secuoyas, rododendros e iris. Esta combinación crea un paisaje de múltiples capas, donde la función productiva convive armoniosamente con la belleza ornamental. El manejo del cultivo, además, se rige por un enfoque de bajo impacto ambiental, con tareas de mantenimiento como el control de malezas realizadas de forma manual y un sistema de riego automatizado para optimizar los recursos hídricos.
Desafíos patagónicos y una experiencia integral
Trabajar en la Patagonia, sin embargo, no está exento de desafíos. Las heladas tardías de primavera y los vientos fuertes pueden dañar los pimpollos, mientras que la logística de exportación desde una región remota exige una precisión milimétrica para garantizar la calidad y frescura del producto final. A pesar de esto, las peonías encuentran en Trevelin condiciones idóneas: inviernos fríos esenciales para su desarrollo, suelos bien drenados y una excelente exposición solar, lo que propicia una floración vigorosa, aunque breve.
La temporada de Taiyō se concentra entre fines de noviembre y diciembre, durando apenas unas pocas semanas. Durante este período, el jardín se transforma en un vibrante punto de encuentro, atrayendo a turistas de todo el país, fotógrafos, aficionados al paisajismo y visitantes locales de Esquel y Trevelin.
La experiencia en Taiyō va más allá de un simple recorrido floral. Incluye actividades culturales que refuerzan el vínculo con la tradición japonesa, como la tradicional ceremonia del té, a cargo de Malena Higashi, formada en la prestigiosa escuela Urasenke de Kioto. Además, se celebra la Fiesta de los Tapices, donde la comunidad crea obras colectivas utilizando las flores descartadas de la cosecha. La oferta se complementa con danza, música y una feria de productores y artesanos locales, integrando el jardín a la vida cultural de la región.
En este cruce entre naturaleza, producción y arte, Taiyō Jardín Cordillerano se proyecta hacia el futuro con una meta clara: consolidar a Trevelin como el polo de la peonía en el hemisferio sur. Con planes de ampliación tanto del cultivo como del resto del jardín, este espacio busca profundizar una experiencia que combina lo sensorial con lo productivo, reafirmando su lugar como uno de los jardines más sorprendentes de la Patagonia.

