Crisis en la industria aceitera: plantas de biodiésel paradas y un negocio estratégico que Argentina no aprovecha
ROSARIO.- La industria aceitera argentina enfrenta un panorama crítico con plantas de biodiésel prácticamente paralizadas y millonarias inversiones sin aprovechar. Con una capacidad instalada para producir unas 4,4 millones de toneladas de biodiésel por año que permanece mayormente ociosa, el sector advierte que el país está perdiendo terreno en un negocio que a nivel global se ha convertido en estratégico.
Mientras naciones como Brasil, Estados Unidos, Indonesia e incluso Paraguay expanden el uso de biocombustibles mediante mayores porcentajes de mezcla obligatoria con naftas y gasoil, e incentivos para impulsar la demanda interna, los empresarios sostienen que Argentina resigna competitividad, mercados y agregado de valor por no desarrollar este mercado.
Alerta desde el Seminario Acsoja 2026
Este fue uno de los principales mensajes que directivos de Aceitera General Deheza (AGD), Louis Dreyfus Company (LDC) y COFCO Internacional dejaron durante el panel sobre agregado de valor del Seminario Acsoja 2026 en la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR). A pesar de destacar mejoras en el contexto macroeconómico y reconocer señales positivas para invertir, coincidieron en que los biocombustibles son una de las grandes cuentas pendientes para recuperar competitividad. Recientemente, la Cámara de la Industria Aceitera (Ciara), que preside Gustavo Idígoras, también alertó sobre las plantas paralizadas.
Luis Fontán, Head of Trading de AGD, sostuvo que el problema no radica en la falta de capacidad industrial, sino en las reglas bajo las cuales funciona el mercado. “Tenemos unas plantas con un nivel tecnológico, de escala y de eficiencia fantástico que están paradas o parcialmente paradas”, afirmó. Fontán cuestionó el esquema vigente: “La Argentina hoy tiene una ley de biocombustibles, tiene precios regulados, tiene cuotas y tiene un mandato pequeño que no se cumple”.
Actualmente, el corte obligatorio de biodiésel en el gasoil es del 7,5%, mientras que el bioetanol representa el 12% de las naftas. Para la industria, este mandato resulta insuficiente para generar una demanda que permita aprovechar toda la capacidad instalada. En el Congreso, existen distintas iniciativas para modificar este esquema, incluyendo un proyecto presentado por la senadora Patricia Bullrich que propone elevar el corte de biodiésel al 10% y el de bioetanol al 15%, además de habilitar mayores porcentajes de mezcla y la comercialización de vehículos flex fuel.
“Brasil tiene 15% y va a 16%. Paraguay acaba de sacar una normativa para ir a 20%. En la Argentina estamos en 7,5%”
Luis Fontán, Head of Trading at Aceitera General Deheza SA
El impacto en la cadena de valor de la soja
Fernando Correa Urquiza, director de la plataforma de Oleaginosas para la región Latinoamérica Sur y Oeste en LDC, señaló que esta diferencia ya está modificando el mapa mundial de la industria aceitera. “Tenemos industria norteamericana y brasileña expandiéndose hace dos o tres años, con una cantidad de inversiones que realmente asustan, alentadas por mandatos alrededor de los biocombustibles y con un mercado doméstico inmenso. La Argentina tiene que salir a luchar esa batalla”, afirmó. Advirtió que, de no hacerlo, “vamos a ver cómo el resto del mundo sigue creciendo y la Argentina sigue quedándose estancada”.
Este proceso, explicó Fontán, ya transformó la lógica del negocio mundial de la soja. La expansión de la capacidad de molienda en Estados Unidos y Brasil, impulsada por la mayor demanda de aceite para biocombustibles, incrementó la oferta global de harina y modificó la relación histórica entre ambos productos. “Hoy en el mundo se muele soja por el aceite”, resumió.
Para Correa Urquiza, este cambio también alteró la economía de toda la cadena sojera. Hace quince años, el aceite representaba entre el 30% y el 35% del valor del poroto; hoy supera el 50%, impulsado por la creciente demanda de aceites vegetales para producir energía. En países como Brasil y Estados Unidos, gran parte del aceite encuentra un comprador asegurado en el mercado interno para transformarse en biodiésel, lo que sostiene su precio y fortalece toda la cadena. En Argentina, en cambio, el mercado interno es mucho más reducido y una mayor proporción de la producción debe exportarse sin ese diferencial, a pesar de que el país es el principal exportador mundial de harina y aceite.
“Hoy el aceite argentino se exporta a Canadá, se transforma en biocombustible y desciende a Estados Unidos y es competitivo contra el biodiésel americano. Imagínense el costo logístico que implica ese movimiento. Todo ese valor que queda en el camino no va al productor”
Fernando Correa Urquiza, director de la plataforma de Oleaginosas para la región Latinoamérica Sur y Oeste en LDC
Alfonso Romero, CEO de COFCO International Argentina, coincidió en que desarrollar un mercado interno dejó de ser una discusión exclusivamente energética para convertirse en una herramienta de competitividad. Recordó que el mercado internacional del biodiésel se fue cerrando progresivamente para Argentina —primero en Estados Unidos y ahora con crecientes incertidumbres en Europa— y sostuvo que los principales competidores compensaron esa situación fortaleciendo el consumo interno.
Los empresarios coincidieron en que esta tendencia abre nuevas oportunidades para otros cultivos oleaginosos como el girasol, la camelina y la canola, y remarcaron que Argentina cuenta con condiciones industriales, logísticas y de infraestructura para aprovechar este escenario. Sin embargo, insistieron en que el desafío inmediato pasa por recuperar competitividad y evitar que la brecha con los principales competidores continúe ampliándose. Un informe reciente de la Bolsa de Comercio de Rosario señaló que el país cuenta con instalaciones capaces de producir alrededor de 3,8 millones de toneladas anuales de biodiésel, pero los volúmenes producidos dejan una capacidad ociosa anual en torno al 75%.

