Silvia Munné, coach para jubilados: “Nos preparan para trabajar 40 años, no para vivir los 25 siguientes”
La transición hacia la jubilación, lejos de ser un mero cese de la actividad laboral, se presenta como un desafío existencial y social de gran envergadura. Así lo sostiene Silvia Munné, coach especializada en acompañar a personas en este proceso, quien advierte que la sociedad argentina y global no está preparada para abordar esta etapa de la vida con la complejidad que merece. Más allá del tan anhelado tiempo libre, el miedo a la incertidumbre, la pérdida de identidad y la dependencia son los verdaderos motores de la angustia que experimentan muchos futuros jubilados.
Munné, con años de experiencia en el tema, identifica un patrón recurrente: la jubilación sigue siendo tratada como un epílogo, cuando en realidad, en una sociedad que envejece más tarde y vive más años, representa una etapa con identidad propia que puede extenderse por dos o incluso tres décadas. “Hemos preparado a la gente para trabajar 40 años, pero no para vivir los 25 siguientes”, sentencia la especialista, enfatizando que el problema no radica en dejar de trabajar, sino en la falta de herramientas para construir lo que viene después.
El desdibujamiento de la identidad y la rutina
Uno de los principales ejes de preocupación que señala Munné es el quiebre de las estructuras que el trabajo impone. Horarios, responsabilidades, reconocimiento y un salario constante desaparecen de un día para otro, dejando a la persona en un “terreno desconocido”. La euforia inicial de los viajes y el descanso, si bien son deseables, a menudo funcionan como una “tapa” que no resuelve el vacío subyacente. “Si no hay hoja de ruta, aparece el vacío”, advierte Munné, quien describe cómo, sin dinámicas propias, el tiempo se diluye y la soledad puede volverse peligrosa.
La coach observa que muchas personas pierden la noción del tiempo, sin diferenciar un lunes de un domingo, y construyen sus agendas alrededor de citas médicas, convirtiendo la salud en el único eje de su identidad. Esta falta de un proyecto de vida propio lleva a una “espiral” de vacío que, asegura, “no es romántica”.
Impacto económico y el temor a la dependencia
El factor económico emerge como una preocupación central, con un impacto que va más allá de la cuenta corriente y afecta la percepción de seguridad. Personas que han cotizado por salarios elevados se enfrentan a pensiones “topadas”, generando una sensación de recorte y el temor a no poder sostenerse en el futuro. “Ese miedo no siempre tiene que ver con la realidad objetiva, sino con la percepción de seguridad”, explica Munné, señalando que incluso quienes tienen patrimonio viven bajo una lógica de contención constante, interpretando cualquier gasto, incluso en su propio bienestar, como una amenaza.
Detrás del dinero, se esconde el miedo a perder autonomía y a depender de otros, ya sea de los hijos o de una residencia. La coach describe cómo la residencia se convierte en un símbolo de la pérdida de control sobre la propia vida, condicionando el presente de muchas personas que se frenan de disfrutar o invertir en sí mismas por temor a ese escenario futuro.
La jubilación como espejo de las relaciones y la culpa
La jubilación también remueve las relaciones de pareja, eliminando las estructuras que sostenían muchas dinámicas. Munné observa un aumento de rupturas en esta etapa, especialmente por parte de mujeres que, tras años de postergar deseos propios, se cuestionan si quieren seguir así. La autonomía económica juega un rol crucial, permitiendo decisiones que antes estaban frenadas por la dependencia financiera.
Otro aspecto crítico es la expectativa social de que los jubilados deben dedicarse al cuidado de los nietos o estar disponibles para la familia. Munné enfatiza que, si bien puede ser un deseo genuino, muchas veces nace de la inercia o la culpa, impidiendo a las personas construir un espacio propio. “La jubilación no debería ser una nueva etapa de renuncia. Debería ser un momento de elección”, afirma, instando a fomentar un “egoísmo sano” que permita priorizarse sin sentirse culpable.
Para Munné, la responsabilidad es individual, pero la sociedad no ha realizado un trabajo preventivo. Propone introducir una planificación real de la transición a la jubilación, similar a la carrera profesional, con espacios públicos de acompañamiento, información económica y educación emocional. También aboga por cambiar la narrativa social, dejando de ver la jubilación como una retirada para reconocerla como una etapa de identidad propia, donde el talento y la experiencia puedan seguir aportando. Su mensaje final para quienes están próximos a jubilarse es claro: “Que no espere al último día para preguntarse quién quiere ser cuando deje de trabajar. Que empiece ahora a construir intereses propios, redes sociales y proyectos”.

