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Jorge Valdano, a 40 años de Maradona vs. Inglaterra: «El día que Diego explicó un país»

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A cuarenta años de los icónicos goles de Diego Maradona contra Inglaterra en el Mundial de México ’86, Jorge Valdano, testigo privilegiado de aquel encuentro, ofrece una profunda reflexión sobre el significado cultural y sociológico de ese 22 de junio. Desde su actual residencia en México, donde sigue la Copa del Mundo, Valdano, ya convertido en un fascinante escritor, analiza cómo aquel partido trascendió lo meramente deportivo para convertirse en un mito fundacional de la identidad argentina.

El entonces delantero de la Selección, que compartió la particular concentración en el “quincho” del club América junto a Carlos Bilardo y Oscar Ruggeri, recuerda las condiciones atípicas en las que el equipo se preparaba. «La isla» llamaban a ese refugio improvisado para los seis jugadores que no tenían lugar en el edificio principal. Valdano, conocido por su pasión por la lectura, rememoraba entre risas las miradas de Bilardo, quien consideraba un libro como una «traición a la patria» en un contexto de obsesiva preparación para el próximo partido. Aunque Ruggeri fabuló sobre una maleta llena de libros, Valdano aclaró que solo fueron «tres libros, lo que uno se puede llevar cuando va a un Mundial».

Gracias a una entrevista de la revista El Gráfico de la época, se revela que uno de esos libros era Ritual y fascinación del fútbol, de Desmond Morris, un antropólogo inglés. Valdano lo describía como una visión «lúcida, divertida, fantástica sobre los orígenes de esta pasión universal a la que tanto desprecian los intelectuales». Este libro, según Valdano, «destruye esa especie de recurrencia intelectualosa sobre que el fútbol es el opio de los pueblos», una crítica que resuena con su visión actual sobre la desconexión de ciertos sectores intelectuales con los sentimientos populares.

En un artículo reciente para el diario español El País, titulado El día que Maradona explicó un país, Valdano se sumerge en el análisis de ese partido que, según él, «crece un poco cada año». Rememora la preocupación de Bilardo, quien intentaba despolitizar el encuentro repitiendo «es solo fútbol, es solo fútbol». Sin embargo, el silencio sepulcral del vestuario antes del partido «hablaba de algo más que de un partido. Ahí adentro parecía estar personada la patria diciéndonos lo contrario de Bilardo: ‘no solo es fútbol’”.

La furia de una nación en los pies de Diego

Valdano describe cómo Maradona, en ese 22 de junio de 1986, encarnó la «rabia competitiva» y la «furia de toda Argentina». «La fuerza representativa fue de tal tamaño que el futbolista devino en prócer», afirma. A pesar de su declarada «alergia a la nostalgia», Valdano revive con nitidez los pasajes más salientes de la «sinfonía futbolística» de diez toques en diez segundos que fue el segundo gol de Diego. «Si Diego me hubiera dado la pelota yo me hubiera tenido que despertar antes de empujarla», le contó en su momento a LA NACION, ilustrando la hipnótica naturaleza de la jugada.

Un detalle revelador de su cercanía a la obra de arte maradoniana es su reacción tras el segundo gol. En lugar de celebrar efusivamente, Valdano se dirigió a buscar la pelota al fondo del arco. «Era una obra tan personal que algo de mí dijo, ‘gritalo solo’. Hasta ofendido», explica. Y añade una metáfora poderosa: «cuando fui a buscar la pelota al fondo del arco, la levanté y era como un pájaro muerto, con la cabeza colgando». Al entregársela a Diego, entendió que en ese momento, «Diego era el dueño del juguete más comunitario que hay en el mundo».

Para Valdano, ese fue el momento preciso en que Maradona dejó de ser solo un futbolista. «Cuando pasados unos segundos llegué a abrazarlo, ya era tan universal como la pelota. Y tan mito como Gardel, y tan prócer como San Martín. El fútbol no es broma cuando se pone sociológico». Concluye que ese día, «todo gracias a un genio que eligió un día para elevar el fútbol a obra de arte, y lo convirtió en el día “D” de la historia del fútbol argentino. Así quedó demostrado que los grandes mitos nacen cuando una pelota, que obedece a un hombre predestinado, consigue explicar un país entero. Y aliviar una herida».

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