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Argentina ante una «nueva encrucijada histórica»: reestructuración económica y desafíos geopolíticos

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Argentina se encuentra en el umbral de un nuevo ciclo en su historia económica, un momento que, según analistas, evoca las grandes reestructuraciones de 1880 y 1930. Esta transformación implica una redefinición sectorial profunda, con la mirada puesta en la reinserción en el panorama global.

Entre los rubros que perfilan esta potencial reinserción se destacan el complejo agropecuario, la minería de “tierras raras”, el sector energético y las condiciones climáticas australes para el desarrollo de la inteligencia artificial y el software, donde el país ya cuenta con doce empresas unicornio.

Geopolítica y el fin de la industrialización «sustitutiva»

Este cambio económico no es ajeno a factores geopolíticos concomitantes, principalmente el retorno a un orden internacional de tendencias bipolares entre Estados Unidos y China. Esta dinámica impondrá nuevas reglas disciplinarias, aunque se cuestiona la etiqueta de un mundo “neocolonial”, dado que ni EE.UU. ni China replican las lógicas expansivas de antiguas potencias europeas.

La visión de que el único desarrollo posible es el industrial se enfrenta a un veloz proceso de desindustrialización a escala planetaria, impulsado por la actual revolución tecnológica. Para Argentina, cuya industrialización estuvo marcada por casi un siglo de sustitución de importaciones, eludir esta tendencia es prácticamente imposible. Respecto a la preocupación por un futuro puramente “extractivista”, se toma como referencia las etapas agroexportadora (1880-1930) e industrial (desde los 40).

Nuestra transformación agrícola hacia principios del siglo XX concentró al 80% de los inmigrantes ultramarinos en las grandes ciudades del Litoral

Ambas etapas, en sí, ocuparon mucha menos mano de obra directa que sus actividades encadenadas. La transformación agrícola de principios del siglo XX concentró al 80% de los inmigrantes ultramarinos en las grandes ciudades del Litoral, donde se desempeñaron en actividades secundarias o terciarias. Un patrón similar se observó con las industrias metalmecánicas de los 40 y 50 y las básicas de los 60.

Reconfiguración demográfica y el «lunar» de la cultura política

El éxito de esta nueva etapa dependerá de la cantidad de trabajadores dispuestos a trasladarse a las zonas cordilleranas y patagónicas, y de los incentivos para su radicación, con la infraestructura de urbanización y vivienda a cargo de los gobiernos provinciales como elementos clave. Un movimiento masivo podría, en las próximas dos o tres décadas, iniciar un proceso inverso al de la atlantización económica post-Emancipación, reconfigurando demográficamente el país y resolviendo el macrocefalismo en torno a la región metropolitana, un proceso que el historiador francés Fernand Braudel describiría como de “larga duración”.

Este nuevo orden también clausura el viejo problema del tránsito de la órbita europea a la norteamericana, y la competitividad entre nuestra base productiva alimentaria y la de la potencia en ascenso, un proceso que en el siglo XX derivó en graves desaciertos durante las estatizaciones de los 40. La complementariedad con China, nuestro activo socio comercial, no sería incompatible, salvo en áreas estratégicas como infraestructura, plataformas informáticas (5G) y armamentos.

Sin embargo, la historia política errática de Argentina desde hace casi una centuria emerge como un sombrío precedente. La generación posterior a los fundadores habría perdido la capacidad de reflexión sobre los acontecimientos mundiales, renunciando a su papel dirigente y dando origen a imaginarios de “dos países” que han fracturado a la sociedad en maniqueísmos irreductibles. Revertir estos mitos representa un desafío cultural mayúsculo, proyectando una transición difícil para al menos los próximos cuatro gobiernos.

Acoplar la asistencia a los caídos con programas educativos funcionales a las nuevas actividades podría ofrecer resultados sorprendentes a mediano plazo

El aglomerado metropolitano y su anillo circundante, núcleo del viejo orden, presenta una pobreza estructural que, además de ser un fracaso de las élites, se ha convertido en un “botín político” para el sostenimiento de la institucionalidad de la Provincia de Buenos Aires. Se sugiere que acoplar la asistencia social con programas educativos funcionales a las nuevas actividades podría ofrecer resultados sorprendentes a mediano plazo, pero la élite contemporánea no ofrece ideas claras para sus 14 millones de habitantes solo en el GBA.

Los signos auspiciosos, como la menor exposición a embates internacionales gracias a la revolución energética y el posible soporte norteamericano para el pago de deudas condicionado a reformas fiscales, se equilibran con estos viejos fantasmas. El “gran lunar” es la violencia discursiva de la cultura política, restaurada por el kirchnerismo y, paradójicamente, preservada por la administración libertaria, perturbando el clima de convivencia y espantando a potenciales aliados. Un remake de “los dos países” y sus conocidos desenlaces.

La incógnita central es definir el sitio de Argentina en el gradiente de su inserción global: entre el aprovechamiento inteligente de sus fundadores o los extravíos iniciados en 1930. El nuevo bipolarismo global significará un coto disciplinario para las clases dirigentes, aunque también grandes márgenes entre la calidad institucional de un capitalismo sano o los opacos ordenamientos mafiosos que perpetúan el robo, la injusticia, la incultura y la violencia.

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