Sociedad

Memoria y futuro: el Moderno exhibe obras clave para reflexionar sobre la dictadura en el Parque de la Memoria

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En una fría mañana de invierno, a orillas del Río de la Plata, decenas de adolescentes observan la figura humana que flota sobre el agua, mirando al horizonte. Se trata de la Reconstrucción del retrato de Pablo Míguez, escultura de Claudia Fontes que recuerda al joven desaparecido a los catorce años. A pocos metros, en el Parque de la Memoria, se alza otra pieza de acero de seis metros de alto, donde Marie Orensanz caló la frase: “Pensar es un hecho revolucionario”.

A medio siglo del golpe de Estado que marcó el inicio de la última dictadura militar en Argentina, una muestra se inaugura mañana al mediodía en este predio concebido como monumento a los desaparecidos. Se suma a otra exhibición en el Spazio Punch de Venecia, en el contexto de la bienal. Ambas muestras, que reúnen decenas de obras de diversos artistas, pertenecen a la colección del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, que acaba de cumplir siete décadas.

“Memoria y futuro”: un eje fundamental para las nuevas generaciones

“Son dos exposiciones que conforman en el programa aniversario un eje llamado ‘Memoria y futuro’”, explicó Victoria Noorthoorn, directora del museo. “Porque solo podemos pensar en un futuro mejor y más saludable para la humanidad y para el planeta si entendemos de dónde venimos y asumimos la responsabilidad por lo que ha sucedido. Es muy importante, en este momento del país, tomar mayor conciencia y acercarles a las jóvenes generaciones tantos artistas históricos que muchos desconocen, para ampliar los discursos”.

La exposición en el Parque de la Memoria, titulada La memoria de la colección: el Moderno en el Parque, está curada por Nicolás Cuello y Cecilia Nisembaum. Busca “visibilizar cómo respondió la comunidad artística a uno de los episodios más traumáticos de nuestra historia nacional”.

Obras que interpelan: violencia, resistencia y reflexión

No pasará desapercibida la escultura de Norberto Gómez que recibe en la entrada de la Sala PAyS (Presentes, Ahora y Siempre). Crucifixión (1983) recrea con resina el esqueleto de un cuerpo humano atado de pies y manos a una cruz de asador, donde parece haber muerto entre las llamas. Es una de las piezas más crudas de la muestra.

“Por medio de la representación fragmentada de la figura humana, la codificación del lenguaje, la capacidad evocativa de la abstracción y las prácticas conceptuales de vanguardia –señalan sus organizadores-, los artistas buscaron elaborar los efectos sociales de la violencia política y, al mismo tiempo, promovieron lenguajes innovadores desde los cuales sostener espacios de libertad, imaginación y resistencia en contextos de creciente autoritarismo”.

Entre las obras exhibidas, se encuentran varios trabajos de la serie Brailles de León Ferrari, donde superpone fragmentos de textos religiosos sobre noticias de violencia política y discriminación. Una sutileza similar demuestra Ricky y el pájaro (1976), serie de obras de Alberto Heredia, realizadas tras su exilio en Uruguay por amenazas de la Triple A. Estas piezas, inspiradas en el arte de la cetrería medieval, presentan figuras híbridas y fragmentadas que alegorizan la cacería humana y la persecución política.

Otra aproximación original al clima de violencia es el proyecto de Marta Minujín de 1982 para abordar la guerra de Malvinas: una Margaret Thatcher de Corned Beef, una estructura de hierro rellena de algodón que se quemaría tras repartir al público los tarros de carne en conserva. “No llegó a hacerla… todavía”, advierte Noorthoorn, destacando la vitalidad de la artista.

Grandes formatos y otras miradas

La muestra también ofrece la oportunidad de ver obras que no suelen exhibirse por su gran tamaño. Entre ellas, Instauración institucional (1994), una instalación de Luis Felipe Noé que se vio por última vez en 2023. “Más que ofrecer una visión armónica del orden democrático –apuntan los curadores-, la obra propone una imagen compleja y ambivalente de sus fragilidades y contradicciones, que reafirma a la pintura como un territorio de pensamiento crítico sobre la historia argentina reciente”.

También ocupa casi una sala entera la reconstrucción de Algunos oficios (1976), de Víctor Grippo, que reivindica el trabajo manual a través de materiales y herramientas de herreros, albañiles, carpinteros y agricultores. Grippo escribió:

“Cuando el hombre construyó su primera herramienta, creó simultáneamente el primer objeto útil y la primera obra de arte. De ahí en adelante la herramienta estuvo presente en el accionar humano sobre el planeta, planteando nuevos interrogantes, nuevas alternativas”.

Otra obra que permaneció largo tiempo en las reservas del museo es Mónika Ertl (1995), instalación de Leandro Katz, inspirada en la vida de la hija de Hans Ertl, el “fotógrafo de Hitler”. La historia narra cómo Mónika, tras la emigración de su familia a Bolivia y la amistad de su padre con Klaus Barbie, “el carnicero de Lyon”, se unió al Ejército de Liberación Nacional (ELN) y murió en una emboscada organizada por Barbie con la ayuda de su propio padre.

Para agendar:

  • La memoria de la colección: el Moderno en el Parque desde mañana a las 12 hasta octubre en la Sala PAyS del Parque de la Memoria (Av. Costanera Rafael Obligado 6745), con entrada gratis.
  • Darkness Visible: The Long Shadow of Dictatorship en Spazio Punch en Venecia, hasta el 22 de noviembre.
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