Sociedad

Escapada gastronómica a Rosario: del bodegón centenario al fine dining de vanguardia

Compartir:

A solo 300 kilómetros de Buenos Aires, por la RN 9, la ciudad de Rosario emerge como un destino irresistible para los amantes de la buena mesa, la cultura y la vida al aire libre. La identidad ribereña, la pasión futbolera, la música y la literatura se entrelazan con una propuesta gastronómica en constante evolución, que va desde los clásicos bodegones hasta las experiencias de alta cocina.

“No sé qué será, no sé si será el agua, no sé si somos los mejores del mundo en todo, hasta en la gastronomía, donde prima la tradición italiana: creo que es una cuestión de sentimientos y recuerdos; el del churrero que pasaba todos los días por los barrios, los míticos helados, el carlito, el torpedo, ¡la singarela!, las heladerías o la pizza en “la Santa María”, son parte del folklore, de la naturaleza viva de la ciudad, y ni hablar de los bodegones”, relata con evidente orgullo la periodista y cocinera rosarina Mónica Gómez, rememorando desde Posadas los sabores de su ciudad natal.

La oferta culinaria rosarina se nutre de sus pescados de río, carnes de excelencia y el impulso de las huertas que promueve el municipio. Además de sus delicias gastronómicas, caminar sus calles permite admirar edificios históricos, la mística costanera y el vibrante barrio de Pichincha, un epicentro de su historia y su presente.

Pichincha: el barrio que fusiona historia y sabor

El barrio de Pichincha, otrora zona portuaria y de intensa vida nocturna, hoy se transformó en un polo gastronómico de moda que conserva la esencia de sus orígenes. Allí nacieron y resisten bodegones que, con el paso de las generaciones, mantienen viva la cocina tradicional.

Uno de sus máximos exponentes es el Comedor Balcarce, en la esquina de Brown y Balcarce. Fundado en 1961, hoy lo regentan la tercera generación de la familia Santarelli, con Fernando al frente y su padre Eduardo, de 82 años, aún detrás del mostrador. Aquí se sirven clásicos inalterables como el famoso hígado encebollado, que incluso el reconocido chef Pablo Rivero (de la parrilla Don Julio en Buenos Aires) viaja a degustar. También destacan las milanesas XXL, las supremas a la Maryland, chinchulines, tortilla y albóndigas con papa. La propuesta se completa con una cuidada selección de vinos y el vermú de la casa, elaborado por Vermú Pichincha.

Negre y Hambriento Cocina: vanguardia y sustentabilidad

Fernando Santarelli, junto a la sommelier Melina Ocampo, es también el artífice de Negre, una experiencia gastronómica que combina identidad rosarina con toques mendocinos. Ubicado en un antiguo galpón reciclado, este restaurante moderno ofrece una cocina a la vista y un menú degustación donde brillan los pescados de río de pesca artesanal, la carne de pastura santafesina y vegetales agroecológicos del programa Parques Huerta. El chef Diego Tapia, ex sous chef de Azafrán (con estrella Michelin), aporta su impronta en platos como el tiradito de surubí con uvas, cebollas moradas encurtidas y leche de tigre, o versiones curiosas de carnes como el pastrami de marucha.

Otro hito de la alta cocina rosarina es Hambriento Cocina, un reducto a puertas cerradas para solo 10 comensales. Liderado por Gustavo Martínez y Virginia Rosa, este espacio ofrece un menú degustación de 8 pasos con un fuerte enfoque en la sustentabilidad, la identidad del litoral argentino y la cocina honesta. Los cocineros fueron finalistas del Prix de Baron B – Édition Cuisine 2025, un testimonio de su innovación y calidad.

Pan, café, vino y el icónico Carlito

La oferta gastronómica de Rosario se extiende a otros placeres cotidianos. Los cafés de especialidad y panaderías como Infinita, de Claudio Joinson, son paradas obligatorias. Sin un menú fijo, el aroma de sus preparaciones diarias es una invitación constante. Sus croissants de pistachos, los cannelés (comparables a los originales de Burdeos) y el lamington australiano son algunas de sus delicias.

No se puede hablar de Rosario sin mencionar los helados de Bocha, con sus “gustos psicodélicos”, o las medialunas de Barra. Y, por supuesto, el Carlito, el sándwich emblemático de la ciudad, declarado patrimonio cultural. Este tostado de jamón, queso, ketchup y manteca se disfruta en lugares centenarios como la Chopería Blanco o el histórico bar El Cairo.

Datos útiles para tu recorrido gastronómico

  • Comedor Balcarce: Brown 2093. Lunes a sábados mediodía y noche; domingos mediodía.
  • Negre: Güemes 2587. Martes a sábados desde las 19.30.
  • Infinita: Santiago 217. Martes a sábado de 8.30 a 20; domingo de 8.30 a 13.30.
  • Bocha: Paraguay 412. Sábados y domingos de 12 a 00, lunes a viernes, de 17 a 00.
  • El Cairo: Av. Pellegrini 1500.
  • Chopería Blanco: Alem 1701.
  • Vinito: Wheelwright 1487 (próximamente también en Jujuy 2248). Abre de lunes a lunes desde la mañana.
  • Hambriento Cocina: A puertas cerradas para 10 comensales de jueves a domingos.
  • La Refinería: Rawson 443. Lunes a sábados desde las 20.
Compartir: