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Lesión y autoexigencia: Dibu Martínez, con fractura en la mano, se entrena con guantes y apunta a su mejor versión en el Mundial

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KANSAS CITY (Enviado especial).- Las miradas en el entrenamiento de la Selección Argentina se desvían con frecuencia hacia Emiliano Martínez. El arquero se arroja sobre el césped, se levanta de inmediato y se exige como si nada, a pesar de convivir desde hace semanas con una fractura en el anular de la mano derecha. Una lesión que, en otro contexto, podría haber puesto en duda su participación en el Mundial, pero que él nunca consideró como un impedimento. Se esforzó al máximo para llegar en plenitud al debut y, aunque el cuerpo médico sigue de cerca su evolución, transmite una certeza: estará bajo los tres palos.

Esta convicción va más allá del compromiso habitual de un futbolista con la camiseta argentina. A pesar de haber sido uno de los grandes héroes de Qatar 2022, con aquella atajada decisiva ante Francia y el penal contenido en la definición, Martínez es mucho más crítico de su propio rendimiento. El arquero reconoció que nunca quedó completamente conforme con su nivel y siente que puede dar mucho más. Por eso, este Mundial representa una motivación especial: no solo sueña con defender el título, sino también con demostrar que todavía puede rendir a un nivel superior.

La autocrítica del campeón del mundo

“Yo en el arco no sentí que estuve al 100%, como sí me pasa en mi club o normalmente en la selección. Me metieron ocho goles; quiero reducirlo a cinco o cuatro, como máximo, y ahí vamos a tener más chances de ganarlo otra vez. Con mi entrenador de arqueros somos muy fríos para analizar y los dos coincidimos en que no hice mi mejor Mundial”, contó alguna vez el arquero más ganador de la historia de la selección.

Este jueves, además, se produjo una imagen esperada por el cuerpo técnico: por primera vez desde la lesión, Emiliano Martínez se entrenó con los guantes puestos. Fue el primero en salir a la cancha, avanzando casi a paso acelerado, como si ingresara a un partido oficial, y trabajó con normalidad. Todavía utiliza un pequeño apósito de goma debajo de la protección para resguardar el dedo anular, pero no mostró signos de dolor ni limitaciones en los movimientos.

Para muchos, Martínez quedó inmortalizado por la atajada a Randal Kolo Muani en el último minuto del suplementario de la final y por su actuación en las definiciones por penales. Sin embargo, el marplatense nunca terminó de sentirse del todo conforme con su actuación y todavía piensa que quedó en deuda en algunas acciones de aquel Mundial.

“Yo en el arco no sentí que estuve al 100%, como sí me pasa en mi club o normalmente en la selección. Me metieron ocho goles; quiero reducirlo a cinco o cuatro, como máximo, y ahí vamos a tener más chances de ganarlo otra vez. Con mi entrenador de arqueros somos muy fríos para analizar y los dos coincidimos en que no hice mi mejor Mundial.”

Entre las escenas que todavía le dan vueltas en la cabeza aparecen los dos goles de Wout Weghorst en los cuartos de final ante Países Bajos. En el primero, un cabezazo junto a un palo tras un centro desde la izquierda, cree que podría haber ajustado mejor su posición inicial. Pero la que más lo persigue es la recordada acción preparada del último minuto para el 2-2. También cree que pudo resolver mejor algunas situaciones de la final con Francia, especialmente en la volea cruzada de Kylian Mbappé para el 2-2 y en el penal del 3-3, cuando se arrojó hacia su derecha y el delantero definió al otro lado.

El rendimiento de Dibu en la Selección y en Qatar

En la selección, Dibu atajó 59 partidos, recibió apenas 25 goles —un promedio de 0,42 por encuentro— y logró 40 vallas invictas. Solo Sergio Romero, con 47, mantuvo más veces el arco en cero con la camiseta argentina. Por eso le dolió tanto el descuento de Mauritania en la fecha FIFA de marzo, en la Bombonera. El tanto de Jordan Lefort es el único que le marcaron en sus últimos cuatro encuentros con la selección.

En Qatar, Martínez no logró sostener esas estadísticas. Terminó con ocho goles en siete partidos —1,14 por encuentro— y apenas mantuvo la valla invicta en tres: el 2-0 ante México, el 2-0 frente a Polonia, ambos en la fase de grupos, y el 3-0 sobre Croacia en semifinales. Números muy alejados de los que suele registrar con la selección. Pese a eso, también fue una pieza clave en la conquista del título. En los octavos de final apareció con una atajada extraordinaria ante el australiano Garang Kuol, a los 51 minutos del segundo tiempo, para sostener el 2-1. En cuartos, durante la recordada Batalla de Lusail, desvió los primeros dos penales de la definición, ejecutados por Virgil van Dijk y Steven Berghuis. Y en la final frente a Francia volvió a resultar decisivo: además de la histórica tapada ante Randal Kolo Muani en el último minuto del suplementario, atajó el penal de Kingsley Coman en la definición y Aurélien Tchouaméni desvió el suyo.

Para cualquier arquero, semejante actuación alcanzaría para considerar que firmó un torneo perfecto. Para Dibu, en cambio, siguen pesando más los ocho goles recibidos que las atajadas que ayudaron a levantar la Copa del Mundo.

Recuperación y respaldo del cuerpo técnico

Desde que Argentina se instaló en Estados Unidos, Martínez apenas completó un entrenamiento a la par del grupo. Durante los primeros diez días trabajó de manera individual: realizó solo una parte de las tareas físicas, aquellas que no requerían esfuerzo con ambas manos; no atajó en las prácticas ni participó de los amistosos, y en el campo comenzó con ejercicios utilizando los pies y luego solo con la izquierda. Con el paso de las semanas, el hueso fue soldando, el dolor disminuyó y el arquero recuperó confianza. No llegará con el ritmo que imaginaba, pero nunca dudó de que estaría disponible.

En su caso, la evaluación fue diferente. De tratarse de otro futbolista, probablemente no habría sido convocado. Pero el cuerpo técnico entendió que valía la pena esperar a Martínez, respaldado por todo lo que aportó a la selección y por una particularidad reglamentaria: la FIFA permite reemplazar arqueros lesionados en cualquier momento del torneo, a diferencia de los jugadores de campo, que solo pueden ser cambiados hasta 24 horas antes del primer partido.

Mientras el resto se quedó con las imágenes de los festejos, él siguió pensando en los goles que le convirtieron y en algunas jugadas que cree que pudo resolver mejor. Tal vez por eso encaró la recuperación de una lesión que puso en duda su presencia hasta último momento con un único objetivo: llegar al debut. A los 33 años, con todos los títulos posibles en sus manos, Dibu siente que todavía tiene algo por demostrar. Y este Mundial aparece como la oportunidad de buscar una versión aún mejor de sí mismo.

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