Ganadería: el 70% de las pasturas de la región pampeana produce por debajo de su potencial
En el corazón de la Argentina ganadera, el pasto se consolida como el recurso forrajero más económico y pilar fundamental para la competitividad de los sistemas de carne y leche. Sin embargo, una reciente radiografía del sector, elaborada por la asociación Fertilizar, expone una realidad preocupante: existe una brecha significativa entre la producción actual y el vasto potencial que el suelo y el clima podrían ofrecer.
El estudio subraya que el manejo de la nutrición en las pasturas es una asignatura pendiente para gran parte de los productores. Los niveles de adopción de prácticas de fertilización contrastan fuertemente con los de la agricultura de granos, revelando una oportunidad de mejora productiva y económica para la ganadería nacional.
Fertilización: un contraste entre verdeos y pasturas perennes
El relevamiento de mercado de Fertilizar, que abarcó 11 millones de hectáreas forrajeras en las principales cuencas del país, arroja un dato contundente: solo el 30% de esa superficie recibe algún tipo de fertilización. Este escenario implica que el 70% de las pasturas bajo pastoreo en la región pampeana rinde por debajo de sus posibilidades debido a deficiencias nutricionales.
La encuesta identifica dos realidades marcadamente distintas dentro del universo forrajero. Los verdeos lideran la adopción tecnológica, con un 74% de su superficie fertilizada. Estos cultivos concentran el 60% del volumen total de fertilizantes destinados a forrajeras, a pesar de representar solo el 40% del área sembrada. Los productores perciben al verdeo como una herramienta de «choque» para obtener volumen rápido de forraje, especialmente durante el invierno.
En la vereda opuesta se encuentran las pasturas perennes, donde el cuidado nutricional decae drásticamente. Apenas el 38% de su superficie es fertilizada. Un dato alarmante es que el 25% de los productores declara nunca fertilizar sus pasturas perennes, y un 50% solo lo hace al momento de la siembra, dejando el cultivo sin soporte nutricional durante el resto de su vida útil, que promedia los seis años. La situación es aún más crítica en los pastizales naturales, que constituyen la base forrajera de la producción ganadera: más del 90% de los aproximadamente 6 millones de hectáreas no recibe fertilización, y menos del 7,5% incorpora esta práctica de manera ocasional, según datos de Fertilizar y la investigadora Alejandra Marino.
Consumo de fertilizantes y nutrientes clave
El volumen total de fertilizante consumido en las cuencas relevadas asciende a 240.000 toneladas anuales, proyectándose a 250.000 o 260.000 toneladas a nivel nacional. El mercado se distribuye casi por igual entre dos nutrientes críticos: el fósforo (49%) y el nitrógeno (46%). Aunque solo el 20% de los productores aplica fertilizantes nitrogenados, las dosis más elevadas de estos explican la similitud en los volúmenes totales consumidos.
El fósforo es crucial para la persistencia de leguminosas como la alfalfa, que a su vez aportan nitrógeno al sistema mediante fijación biológica. Sin embargo, la urea se destaca como el fertilizante más utilizado, acaparando el 43% del mercado total, consolidándose como la fuente nitrogenada predilecta para respuestas rápidas en gramíneas. En cuanto a los fosfatados, el DAP (fosfato diamónico) y el MAP (fosfato monoamónico) son los más elegidos.
Resultados concretos y el desafío del cambio de mentalidad
Los informes de los módulos demostrativos de Fertilizar (2024-2025) en la cuenca del Salado confirman la rentabilidad de la inversión en tecnología. En ensayos bajo pastoreo directo, los tratamientos de fertilización mejorada alcanzaron una producción de 15.750 kg de materia seca (MS) por hectárea, casi el doble que los 8784 kg MS/ha del testigo sin fertilizar. Esto significa que, sin nutrientes, la pastura produce solo el 56% de su potencial.
Este incremento no solo se traduce en más pasto, sino en forraje de mayor calidad, mejorando la digestibilidad, la concentración de proteínas y el valor mineral. Además, permite adelantar el primer pastoreo de fin de invierno hasta en 30 días, un alivio significativo para los sistemas que enfrentan el «bache» forrajero invernal.
La encuesta también reveló un punto crítico en el criterio de decisión: si bien las recomendaciones de un asesor técnico son el principal motor (54%), solo una parte menor de los productores se basa en análisis de suelo para definir las dosis. Muchos optan por no fertilizar al considerar que su suelo «tiene suficiente fertilidad», a menudo sin respaldo de datos.
La fertilización es, en definitiva, una herramienta estratégica. No se trata solo de aplicar kilos, sino de ajustar la nutrición a un objetivo de producción de carne o leche. Los datos relevados por Fertilizar indican que el potencial de crecimiento es enorme; el desafío para el productor ganadero es dejar de ver al fertilizante como un gasto y empezar a gestionarlo como el insumo clave para transformar la energía solar en kilos de carne de manera eficiente y sustentable.

