Patricio Abadi estrena «Lenguajes del adiós»: el teatro como salvación y duelo
En el corazón del teatro contemporáneo argentino, donde el circuito off funciona como laboratorio de emociones, Patricio Abadi ha forjado una trayectoria que entrelaza la intemperie personal con la poesía escénica. Dramaturgo, director, actor y narrador de vínculos, Abadi lleva más de dos décadas explorando la fragilidad humana, el deseo y la búsqueda de identidad.
Aunque su nombre no siempre resuene en el gran público, su pluma es sinónimo de prestigio en la escena nacional. Es coautor de El equilibrista, el multipremiado fenómeno teatral protagonizado por Mauricio Dayub que ya lleva ocho temporadas. También escribió, junto a Nacho Ciatti, Caer y levantarse, la obra con la que Luciano Castro cosechó elogios por su interpretación.
Ahora, Abadi se prepara para un nuevo desafío: el estreno de Lenguajes del adiós en el Teatro Nacional Cervantes. Esta pieza, profundamente personal, nace del duelo por la temprana muerte de su madre, Ernestina Acevedo –conocida como “Nené”–, y de una serie de videos caseros que registraron los últimos tiempos de su vida.
El origen de una obra: un reencuentro con el pasado
Sentado en el Salón Dorado del Cervantes, un espacio con un significado especial en su vida, Abadi anticipa la obra. “Es un proyecto que vengo macerando desde hace mucho tiempo. Y fue un gran aprendizaje, porque trabajé en contra de la tendencia propia y de la época, que son la velocidad y la efectividad”, explica. Su madre falleció de cáncer de páncreas en 2007, a los 56 años. Tras la decisión de no operarse, le quedaron tres meses de vida, un período que Abadi y su hermano Roberto decidieron acompañar y registrar.
El proceso creativo de Lenguajes del adiós se remonta casi veinte años atrás, cuando su hermano adquirió una cámara y comenzaron a filmar a Nené. “Ella, que era profesora de literatura y una persona con una elocuencia cautivante, ya estaba muy entregada a esos videos, empezó a hablarnos en cámara sobre Alejandra Pizarnik, el alma, cuestiones metafísicas, algunas más superficiales y otras más profundas”, recuerda Abadi. La cámara generó una complicidad familiar inédita, capturando la esencia de una mujer magnética y teatral por naturaleza.
El reencuentro de Abadi con su madre en el Cervantes, durante la lectura de su primera obra premiada por Argentores a sus 20 años, marca un hito en esta historia. Volver a ese mismo salón con una obra dedicada a su vínculo materno “cierra una historia de dolor, pero también de infinito amor”, sostiene.
La pandemia, el hallazgo de los VHS y la escritura
La concreción de Lenguajes del adiós se gestó en plena pandemia. Durante una mudanza, Abadi encontró la caja con los mini VHS de la época de la enfermedad de su madre. La incertidumbre de remover ese pasado lo invadió, pero el tiempo suspendido de la cuarentena lo impulsó a tomar la decisión. “La pandemia tuvo algo extraño, de tiempo suspendido, acercamiento a la muerte, valoración del pasado; todo como si el tiempo estuviera detenido a la espera del fin o de un nuevo inicio”, reflexiona.
Llevó las cintas a digitalizar y, quince años después, volvió a escuchar la voz de su madre. “Fue devastador y hermoso al mismo tiempo. Porque mi madre murió en una época en la que no es como ahora, que quedan registros de audios de WhatsApp”, relata. Los 28 videos cortos, de entre cuatro y siete minutos, revelaron a una Nené consciente de la cámara, a veces actuando, contando anécdotas con histrionismo y dialogando con el dispositivo con naturalidad.
“Llegué a mi casa, me saqué el barbijo, abrí la computadora y puse ‘Play’. Quince años después volví a escuchar la voz de mi madre. Fue devastador y hermoso al mismo tiempo”
El proceso de escritura no fue una biografía lineal, sino una exploración de su vínculo, con sus claroscuros y conflictos. “Nuestra relación tuvo muchos claroscuros. Muchísimo amor, pero también muchos conflictos. Estuvimos distanciados largos períodos. De hecho, cuando la diagnosticaron, yo llevaba casi cuatro años sin verla”, confiesa. Este viaje hacia atrás le permitió recordar escenas olvidadas, discusiones y estados emocionales, y comprender mejor su propia vida, incluyendo cómo el teatro se convirtió en una redención tras un “destierro familiar” en la crisis de 2001, cuando a sus 20 años se mudó a un monoambiente y empezó a escribir Ya no pienso en matambre ni le temo al vacío.
Maestros, paternidad y el sentido del teatro
En esos tiempos difíciles, Abadi encontró refugio en el estudio teatral, tomando clases con figuras como Augusto Fernandes, Norman Briski, Lorenzo Quinteros y Ricardo Bartís. El teatro, que apareció de manera inesperada y salvadora en su vida, se convirtió en su forma de transformar lo personal en experiencia colectiva.
La paternidad de su hijo Franco, de 13 años, también modificó su mirada sobre sus propios padres. “Uno, de joven, cree que los padres saben perfectamente lo que hacen y después descubre que están improvisando, como todos”, dice. Esta comprensión lo llevó a entender errores, miedos y contradicciones de sus progenitores.
Para transformar el material en pieza teatral, Abadi contó con el apoyo de Mauricio Kartun y Nora Moseinco. Kartun le aconsejó: “La muerte hunde la energía teatral. El antídoto es la risa y el erotismo entendido como vitalidad”, clave para evitar que la obra cayera en el drama solemne. Moseinco, por su parte, lo ayudó a desmontar sus defensas actorales y encontrar lo vulnerable en escena.
Abadi no busca el exhibicionismo, sino que el espectador se vea reflejado en los vínculos familiares, en sus claroscuros y contradicciones. “Lo importante no es la exactitud biográfica, sino la verdad emocional que aparece”, afirma. El éxito de Lenguajes del adiós, para él, será que no deje indiferente a nadie, que mueva algo en el espectador, sea una emoción, un recuerdo o una pregunta. “Porque al final la obra habla de eso, de cómo siempre seguimos dialogando con quienes ya no están, de cómo el amor y el conflicto conviven dentro de los vínculos familiares y de cómo el tiempo transforma incluso aquello que parecía irreparable”.
Lenguajes del adiós se presentará del 13 de junio al 9 de agosto, de jueves a domingos, a las 18, en el Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815.

