Sociedad

Niños sicarios: cómo la «semana del terror» de marzo de 2024 cambió el narcotráfico en Rosario

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La ciudad de Rosario vivió en marzo de 2024 una semana de terror que marcó un antes y un después en la dinámica del narcotráfico local. El periodista Germán de los Santos, reconocido por su exhaustivo trabajo sobre el tema, aborda este período y sus implicancias en su nuevo libro, Niños sicarios y otras historias del negocio narco. La obra, que presenta una mirada cruda y documentada, explora el uso de menores de edad como asesinos a sueldo y la deshumanización detrás de los crímenes al azar que paralizaron a la ciudad.

De los Santos, corresponsal de La Nación en Santa Fe y coautor de libros como Los Monos, historia de la familia narco que transformó a Rosario en un infierno, decidió enfocarse en este fenómeno tras observar el creciente protagonismo de niños y adolescentes, tanto como víctimas como victimarios, en la violencia narco. La brutalidad de los hechos de marzo de 2024, cuando un grupo de jóvenes de 14 y 15 años sembró el pánico, fue el detonante para su investigación.

El shock de los crímenes al azar y la reacción política

Durante esa semana, trabajadores fueron asesinados al azar cada noche, generando un «toque de queda unilateral» impuesto por el miedo de la propia población. La decisión de las organizaciones criminales de utilizar a menores, que por su edad no son imputables, para perpetrar estos ataques fue una respuesta extrema a las medidas de endurecimiento en las cárceles, tanto federales como provinciales, donde se encuentran alojados los principales capos narco de Rosario.

El periodista relata el desconcierto inicial de los investigadores y de la propia policía ante la falta de una lógica aparente en los crímenes. Las víctimas, como el playero Bruno Bussanich (25 años), padre de un niño de dos años, eran personas inocentes sin conexión con el mundo delictivo. La eficiencia brutal de los sicarios, como el caso de Derian que en segundos disparó tres veces a Bussanich, contrastaba con su inexperiencia, evidenciada, por ejemplo, en la pérdida de zapatillas durante las fugas.

La situación generó una enorme presión sobre la clase política. El gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, llegó a evaluar la necesidad de un estado de sitio. La reacción fue transversal: el gobierno nacional, recién asumido, envió más gendarmes, y hasta la provincia de Buenos Aires colaboró con recursos. Este compromiso conjunto, sumado a medidas provinciales como la provincialización del combate al narcomenudeo y la investigación de la propia Justicia federal (que llevó a la detención del juez Marcelo Bailaque), marcó un punto de inflexión.

Una nueva dinámica en el negocio narco y la búsqueda de salidas

Desde marzo de 2024, los homicidios en Rosario han disminuido un 65% respecto a 2023. De los Santos explica que se estableció un nuevo esquema: «vendés droga, pero no mates». Este cambio, junto con el desmantelamiento de organizaciones como Los Monos (cuyos líderes están aislados o fueron asesinados quirúrgicamente), ha modificado el panorama. Nuevas bandas, como «Los Menores», han ocupado los espacios vacantes, mostrando una estética y un enfoque más orientados al negocio y la exhibición de riqueza, a diferencia de Los Monos que vivían en la villa.

El libro también profundiza en el ambiente social que nutre a estos jóvenes. Existe un desprecio por el «trabajo honesto» y una aspiración a una vida frenética, donde el miedo que irradian con un arma y una moto les otorga identidad y un sentido de pertenencia. La deshumanización que permite matar «por nada» es un eje central de la reflexión del autor.

Nadie se quiere parecer a ese tipo que va a laburar y que vuelve con las manos manchadas de cal porque lo que se busca es ser “alguien” en el barrio.

De los Santos destaca el rol del evangelismo en las cárceles y en los barrios más vulnerables. Los «Pabellones Iglesia» han logrado reducir la reincidencia de los presos, ofreciendo una contención espiritual y una «salida» que el Estado no pudo brindar eficazmente. Asimismo, el narcotráfico ha ocupado el lugar del Estado en la asistencia y el financiamiento, actuando como un «agente financiero» para personas sin acceso al crédito, con la vida como garantía. La banda de Los Monos, por ejemplo, distribuía cientos de raciones de comida, generando lealtad en los barrios.

Finalmente, el periodista también explora cómo la cultura, a través de géneros como el trap, se convierte en un vehículo para que jóvenes de los barrios, como Diego Cantee (sobrino de Guille Cantero), expresen su realidad y construyan una «nueva trova rosarina» con gran llegada a la juventud.

La mayoría de los grupos narcos tienen una relación muy fluida con la gente en base a la asistencia y ahora como un agente financiero. Un tipo que vive en un barrio muy pobre, que no tiene laburo, que no tiene ninguna propiedad, no puede acceder al crédito y va al narco y se lo da.

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