Indio Solari: los inicios de Patricio Rey y la «bacanal dionisíaca» que escandalizó al under
Antes de que el público lo conociera como el “Indio” Solari, Carlos Solari asumía un rol distintivo en la troupe dadaísta de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: el de “Astronauta Italiano”. Con un overol blanco y una gorra, su apariencia, descrita como “demasiado normal” para la semiótica de las subculturas de la época, contrastaba con la propuesta rupturista de la banda.
Esta faceta se manifestó en agosto de 1978, cuando Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota desembarcaron en Buenos Aires desde La Plata para sus dos primeros shows en la capital. El escenario elegido fue un teatro del microcentro, ubicado en Cerrito 228, conocido entonces como Centro de Arte y Música. Tenían reservadas las noches del 18 y 19 de agosto, en una escena porteña dominada por el virtuosismo del jazz-rock.
El debut que «el teatro no pudo soportar»
La presentación del 18 de agosto fue una experiencia inusual. Lejos de un recital convencional, el espectáculo, que se extendió por cuatro horas, fue descrito como una “bacanal dionisíaca” por el dueño del teatro, quien quedó impactado. Las fotografías de la época muestran escenas de una libertad poco común para un escenario porteño, más cercanas a un happening o a una adaptación teatral de la tragedia griega. Era un espacio autónomo, similar a los “Lozanazos” que la banda ya realizaba en La Plata desde 1975, desafiando el rigor de la dictadura.
Los panfletos mimeografiados, repartidos por Poli en los bares de la bohemia disidente de la avenida Corrientes, anunciaban la llegada de Patricio Rey con un mensaje cifrado: “Nos llaman delincuentes peligrosos, marginales recalcitrantes, y cerebro de bosta porque nos gusta el rock. Pero los estúpidos saben bien que los escuchamos a ustedes una y otra vez hasta reventar en nuestros pequeños casettes con grabaciones piratas de tus infernales conciertos”.
La repercusión fue tal que la segunda función, programada para el 19 de agosto, fue cancelada por el mismo propietario del teatro. Un nuevo panfleto, con una addenda manuscrita, explicaba en mayúsculas: “Como era de suponer, el concierto de Patricio del día 19 ha sido levantado porque el teatro no lo pudo soportar. Patricio lamenta que su público no pueda escucharlo por ser lo que es”. Debajo, a modo de firma, un contundente “Volverán”.
La voz del under: de los cassettes al pub El Depósito
El panfleto de aquellos shows iniciales se convirtió, cuatro años después, en un cassette demo que comenzó a circular en el circuito de pubs, ya con la banda conocida como Los Redonditos de Ricota. Su música sonaba en programas radiales clave de la época, como 9 PM, conducido por Lalo Mir, y El submarino amarillo, el espacio de radio-arte a cargo de Tom Lupo.
La voz del Indio era “rara”, distinta a todo lo que se escuchaba en los equipos de alta fidelidad. Cuando Lalo Mir difundía “Superlógico”, con su coro de muchachas y una guitarra que evocaba a Dire Straits, abría una puerta a un mundo sonoro diferente, anunciando lo que muchos interpretaban como el sexo aún por llegar.
Esa voz, que en la radio invitaba a otro plano, se materializaba en vivo. En una noche de 1984, en el pub El Depósito de San Telmo, el aspecto “cotidiano” de Solari confundía, negando el estereotipo del cantante de rock. Sin embargo, escuchar de cerca frases como “Te voy a atornillar, te voy a herir un poquito más” era una experiencia que bordeaba la frontera entre el placer y el dolor. Los shows incluían el monólogo absurdo de Enrique Symns y bailarinas, conformando una propuesta intensa y transgresora. La voz del “Astronauta Italiano” era la clave de un “gran estilo siniestro”, como el propio Solari lo describiría en Oktubre, dos años después, una genealogía de poesía argentina inyectada por la electricidad rockera y la psicodelia a la new wave.

