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Trasplantes: la terapia CAR-T abre una puerta a pacientes con hipersensibilización extrema

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En Argentina, más de 7000 personas aguardan un trasplante de órgano, y la gran mayoría, unas 5500, necesita un riñón. Sin embargo, dentro de esa vasta lista, un grupo de pacientes se enfrenta a un obstáculo adicional: su sistema inmunológico ha desarrollado un nivel de anticuerpos tan elevado que, incluso ante la aparición de un donante compatible, el trasplante resulta inviable. Para estos casos, conocidos como hipersensibilización, las terapias CAR-T emergen como una prometedora alternativa, según recientes estudios internacionales.

Los datos del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai) reflejan la magnitud de la demanda y las dificultades para cubrirla. A pesar de una actividad sostenida y decenas de trasplantes mensuales, la disponibilidad de órganos no alcanza para satisfacer la necesidad acumulada. En este escenario, la imposibilidad de algunos pacientes de aceptar un órgano, más allá de la escasez de donantes, se convierte en un límite crítico del sistema.

Hipersensibilización: el gran desafío inmunológico

La hipersensibilización es una condición en la que el sistema inmunológico del paciente ha generado una gran cantidad de anticuerpos contra los antígenos leucocitarios humanos (HLA), presentes en los tejidos. Estos anticuerpos pueden originarse por transfusiones, embarazos o trasplantes previos. Una vez presentes, el organismo reconoce casi cualquier órgano donado como una amenaza, provocando un rechazo inmediato. En estos casos, la probabilidad de encontrar un donante compatible es prácticamente nula, dejando a estos pacientes sin opciones reales de trasplante.

CAR-T: de la oncología a la redefinición de compatibilidad

La estrategia con células CAR-T, una terapia ya consolidada en oncología para tratar ciertos tipos de cáncer de la sangre, apunta directamente a este problema. Consiste en extraer linfocitos T del propio paciente, modificarlos en laboratorio para que ataquen un blanco específico y luego reintroducirlos en el organismo. En este nuevo enfoque, el objetivo no es un tumor, sino las células que producen los anticuerpos que impiden el trasplante. La terapia busca, en esencia, «resetear» una parte del sistema inmunológico, reduciendo esos anticuerpos a niveles que permitan la compatibilidad con un donante.

Los resultados iniciales, publicados en The New England Journal of Medicine y analizados por la revista Nature, provienen de dos líneas de trabajo independientes:

En Alemania, un equipo liderado por la nefróloga Eva Schrezenmeier en el hospital Charité de la Universidad de Berlín trató a una paciente de 35 años con un nivel extremo de sensibilización. Tras recibir células CAR-T diseñadas para atacar el marcador CD19, los anticuerpos disminuyeron significativamente. Cinco meses después del tratamiento, la paciente recibió un trasplante de riñón de un donante que antes era incompatible, manteniendo una función renal estable más de un año después.

En paralelo, en Estados Unidos, un equipo de la Universidad de Pensilvania, encabezado por el cirujano de trasplantes Ali Naji, llevó a cabo un ensayo clínico. Utilizaron una variante de la terapia CAR-T dirigida contra dos blancos: CD19 y BCMA. Los dos primeros pacientes tratados, que llevaban años en diálisis y con largas esperas para un trasplante, lograron reducir sus niveles de anticuerpos y acceder a un nuevo riñón, sin complicaciones graves asociadas a la terapia.

Impacto potencial y cautela necesaria

Aunque los trabajos publicados describen un número limitado de casos exitosos (tres, sumados a otros en fases iniciales), el impacto potencial es inmenso. Se estima que entre el 5% y el 10% de las personas en lista de espera presentan algún grado de hipersensibilización. Para este grupo, la terapia CAR-T podría transformar a individuos sin opciones en candidatos reales para recibir un órgano, sin aumentar la cantidad de órganos disponibles ni resolver el problema estructural de la donación.

Sin embargo, los especialistas mantienen la cautela. Los estudios están en fases tempranas y la terapia no está exenta de riesgos, pudiendo generar efectos adversos inmunológicos y requiriendo un manejo clínico complejo. Los pacientes reportados presentaron cuadros leves de liberación de citoquinas y necesitaron terapias complementarias para sostener la función inmunológica, además del esquema habitual de inmunosupresión post-trasplante. A pesar de estas limitaciones, este avance consolida una nueva línea de trabajo en trasplantes, expandiendo las CAR-T desde la oncología y enfermedades autoinmunes a la modificación de la compatibilidad inmunológica.

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