Historia de rescate: «Si caminás hasta casa, te entro», la propuesta que le cambió la vida a un perro en Palermo
Fue una noche de marzo de 2021 cuando la vida de Patricio Witis, actor de musicales, cantante, bailarín y director teatral, dio un giro inesperado. Tras una exitosa función de La Desgracia, su musical reestrenado, Witis se bajó del colectivo en la avenida Scalabrini Ortiz, en el barrio porteño de Palermo, y caminó hacia la esquina de Aráoz y Paraguay.
Allí, lo vio. Un perro miraba a un costado, aparentemente buscando a alguien. “Pensé que estaba esperando a su tutor, pero cuando llegó a la esquina me di cuenta de que estaba solo, sin collar y bastante flaco”, recuerda Witis, quien actualmente integra el elenco de Invasiones I: No bombardeen Buenos Aires, una ópera rock protagonizada por Elena Roger.
Cruzaron miradas y el animal, al sentir confianza, se tiró sobre las piernas de Patricio, quien se mantuvo agachado y quieto para no asustarlo. La conexión fue inmediata, y el perro se entregó a una sesión de mimos completa.
“Me derretí. Imaginé que tenía una familia y estaba perdido. Un perrito tan bueno no podía estar abandonado. Me dije en ese instante que tenía que encontrar a su familia, entonces había que llevarlo a casa. Me acuerdo que le hablé en voz alta y le dije: ‘Si caminás conmigo hasta casa, yo te entro’. Seguí caminando y él continuó a mi lado, hasta la puerta del edificio. Abrí, y entró como quien hubiese vivido ahí toda la vida”, relata el actor. Aunque su familia siempre tuvo perros, muchos de ellos rescatados, esta fue la primera vez que Patricio experimentaba en primera persona el rescate de un animal.
La adaptación de Cacho y el encuentro con Rocco
Esa primera noche, el perro, a quien Patricio llamó Cacho, se mostró visiblemente estresado. Apenas entró a su nuevo hogar, comió toda la comida de Rocco —el gato de Patricio—, tomó agua y se desplomó en el piso, casi sin moverse. “Fue un shock para Rocco ver entrar un animal de casi 40 kilos. Esa noche le huía. Pero él también es rescatado (de los techos de una casa en Constitución) y quiero creer que entendía lo que estaba pasando, que otro cuatro patas necesitaba de ayuda. Al día dos ya se le acercaba, lo olía”, cuenta Witis.
El actor se sorprendió por el buen comportamiento de Cacho. “Nunca hizo ni pis ni caca adentro, y era muy obediente en sus salidas”. La consulta veterinaria con Mariano Díaz reveló que Cacho, a pesar de su delgadez y la pérdida de visión en uno de sus ojos, se encontraba en buenas condiciones. El especialista determinó que estaba castrado, tenía aproximadamente tres años, y le aplicó vacunas y lo desparasitó. “Cada vez que pasamos por su puerta Cacho sigue queriendo entrar y saludarlo”, comenta Patricio.
De tránsito a compañero incondicional
Inicialmente, la intención de Patricio era encontrar a la familia de Cacho. Pegó carteles, revisó páginas de animales perdidos y encontrados, y se conectó con una comunidad solidaria. Sin embargo, al no obtener respuestas, decidió tenerlo en tránsito. “Pero como suele pasar en estos casos, me encariñé. Un pequeño esfuerzo de mi parte me devolvía un amor incondicional e inconmensurable. Tiene un carácter tan bueno. Se hizo amigo de todos los perros en la plaza, conoce a los vecinos y a sus perros. Además, entra a todos los negocios de la cuadra (la fiambrería es su preferida). Podríamos decir que Cacho me conectó muchísimo con el barrio y su gente”, confiesa Patricio.
La relación entre Patricio y Cacho es profunda. Salen a pasear tres veces al día a la plaza, y el perro lo acompaña a hacer todos los mandados. Cuando Patricio no trabaja, están siempre juntos. “Mis amigos ya lo conocen todos, ya que viene de bares con nosotros. Le gusta quedarse sentado o acostado al lado de la mesa. En casa me sigue al ambiente en donde esté: la cocina, el living… y duerme en su mantita al lado de mi cama. Se convirtió en una máquina de abrazos, si estoy en la computadora, se me sube para que lo abrace. Es muy ágil cuando sale y le encanta correr, mi sueño es llevarlo a conocer el mar. Verlo correr en la playa y perseguir las olas de la orilla”.
Recientemente, Cacho cumplió ese sueño. “¡Le encantó! No paró de correr y jugar con el agua en la orilla. Además, cuando me metí de a poco en el agua, me acompañó hasta bastante adentro, hasta que los piecitos ya estaban hundidos. Es increíble, es compañero hasta en el agua”, relata emocionado Patricio. En la ciudad, Cacho rara vez ladra. Por las noches, en el último paseo, camina junto a Patricio sin correa, como si un hilo invisible los uniera. Al llegar a la plaza, despliega su energía: corre, salta rejas y busca el pasto fresco para descansar, mostrando la alegría de un perro feliz y amado.
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