Flores, 220 años: el barrio que vio nacer a Francisco y se transformó en la «pequeña Corea»
El barrio de Flores, en la Ciudad de Buenos Aires, celebró el pasado 31 de mayo sus 220 años de vida oficial, con una rica historia que lo posiciona como cuna de importantes figuras de la cultura y la política argentina, y un presente vibrante marcado por la influencia de la colectividad coreana. El entonces virrey Sobremonte dio el visto bueno en 1806 para la construcción de una capilla en honor a San José en lo que era un páramo, dando origen al nombre del barrio por el apellido del dueño de las tierras, don Ramón Francisco Flores.
Desde su fundación, Flores ha sido un crisol de historias. Fue escenario de la firma del trascendental Pacto de San José de Flores en 1859, que unió territorialmente a la Argentina, y se convirtió en el hogar de personalidades ilustres. Sin embargo, su reconocimiento mundial llegó con el ascenso del papa Francisco, Jorge Bergoglio, quien nació y vivió parte de su infancia y juventud en sus calles, marcando un hito en la identidad del barrio.
De cuna de notables a epicentro de la colectividad coreana
Más allá de su habitante más célebre, Flores ha sido cuna de una extensa lista de figuras destacadas. Escritores como Alejandro Dolina, César Aira y Roberto Arlt, la actriz y cantante Libertad Lamarque, los corredores de autos hermanos Gálvez, la banda Los Tipitos, el artista plástico Guillermo Roux, la popular figura televisiva Canela, el doctor Florencio Escardó, el pianista Miguel Ángel Estrella y el poeta Baldomero Fernández Moreno son solo algunos de los nombres que forman parte de la historia del barrio.
En la actualidad, Flores también se destaca por su activa comunidad coreana, asentada desde hace unos 60 años y con una fuerte impronta en el rubro textil. La avenida Carabobo, entre Eva Perón y Castañares, es el corazón de la denominada “pequeña Corea” o “Baek-gu”, un apodo que alude a la línea de colectivos 109 que recorre la zona. Allí se encuentran desde almacenes y verdulerías con productos característicos, hasta restaurantes de renombre como Una canción coreana, que ofrece platos tradicionales y ha ganado fama en la gastronomía porteña. La influencia coreana también se manifiesta en templos religiosos y espacios culturales, e incluso en la Plaza del Ángel Gris, donde se erige una réplica de la pagoda Dabotap, un regalo de la República de Corea a la Argentina.
La historia en sus calles y edificios emblemáticos
Los orígenes de Flores se remontan a 1609, cuando Mateo Leal de Ayala adquirió las hectáreas que luego conformarían el paraje. Sin embargo, la historia institucional comienza en 1806 con la aprobación de la capilla. La estación ferroviaria, que data de 1857, fue un eje dinámico para el crecimiento del barrio, que se incorporó a la Ciudad de Buenos Aires en 1887. En el siglo XIX, Flores se convirtió en un destino de veraneo para la élite porteña, que construía caserones y palacetes, como el desaparecido Palacio Miraflores o la aún en pie Casa Marcó del Pont, hoy sede de la Casa de la Cultura de Flores y declarada Monumento Histórico Nacional.
La Basílica San José de Flores, con su imponente arquitectura neoclásica, es uno de los símbolos del barrio. Construida entre 1879 y 1883, fue el lugar donde Jorge Bergoglio sintió su vocación sacerdotal a los 17 años, un hecho que hoy recuerda un confesionario evocativo en su interior. Otro espacio primordial es la Plaza Juan Martín de Pueyrredon, que además de su perfil de epicentro barrial, fue escenario en 1919 de un simulacro de votación pública convocado por la médica y propulsora de los derechos femeninos Julieta Lanteri, en protesta por la falta de reconocimiento legal de su candidatura a diputada.
La educación también tiene raíces profundas en Flores. La Escuela Museo de Bellas Artes Gral. Urquiza, fundada en 1818 como una de las primeras escuelas porteñas, es hoy un espacio que atesora una valiosa pinacoteca con obras de artistas como Guillermo Roux y Raúl Soldi.
Vestigios y transformaciones: de boliches a galerías de arte
El patrimonio de Flores se entrelaza con lo que fue y lo que es. El barrio, que fue una zona clásica de boliches en los años 60, hoy conserva vestigios de su pasado, como el abandonado Teatro Pueyrredon, que supo colmar sus 2.000 localidades con figuras como Osvaldo Pugliese, Mercedes Sosa y Luis Alberto Spinetta. Frente a él, resplandece desde 1956 la Galería San José de Flores, un paseo de compras que destaca por su cúpula central adornada con frescos de grandes maestros de la plástica argentina como Juan Carlos Castagnino y Lino Enea Spilimbergo.
Otro rincón con historia es el complejo residencial Mansión Popular de Flores, de 1924, la primera casa colectiva de la ciudad, diseñada por el arquitecto Fermín Bereterbide con ideas socialistas. El singular pasaje Marcoartú, paralelo a la estación del Sarmiento, con viviendas destinadas al personal ferroviario, también revela historias de otros tiempos.
Entre los espacios que mantienen viva la esencia del barrio se encuentra La Farmacia, el único Bar Notable de Flores, que conserva la ambientación de una vieja botica y es famoso por sus picadas. Por su parte, la Avenida Avellaneda se ha consolidado en la última década como un enorme polo de indumentaria, atrayendo a multitudes de compradores de todo el país y consolidándose como un motor económico para pequeños y medianos fabricantes textiles.

