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Ludopatía: el Gobierno presenta un proyecto que «protege más el negocio que a los chicos»

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Mientras miles de adolescentes conviven con la posibilidad de un casino en su celular, el Gobierno nacional presentó un proyecto de ley sobre ludopatía que, según críticos, estaría más enfocado en resguardar los intereses económicos de las plataformas de apuestas online que en implementar una prevención genuina de la adicción juvenil. La principal objeción no radica en lo que el proyecto enuncia, sino en las omisiones deliberadas respecto a mecanismos de captación y fidelización de usuarios.

La iniciativa oficial, aunque aborda la lucha contra el juego clandestino —una medida considerada necesaria—, deja intactos varios de los pilares que facilitan la expansión de la ludopatía entre los jóvenes. Entre las falencias señaladas se encuentran la falta de prohibición de la publicidad masiva de apuestas online, la continuidad de bonos de bienvenida y promociones permanentes, la posibilidad de utilizar tarjetas de crédito para apostar, la ausencia de controles biométricos obligatorios vinculados al Renaper para evitar el acceso de menores, y la falta de abordaje al conflicto ético entre las casas de apuestas y los clubes de fútbol.

La media sanción de 2024, un antecedente ignorado

La preocupación se agrava al recordar que la Cámara de Diputados ya había aprobado en 2024 una media sanción que sí avanzaba sobre estos puntos críticos. Aquella iniciativa prohibía la publicidad y el patrocinio deportivo de las apuestas, eliminaba los bonos de bienvenida, establecía controles biométricos conectados al Renaper, creaba registros de autoexclusión y buscaba limitar los vínculos entre operadores de apuestas y dirigentes deportivos. Sin embargo, ninguna de estas disposiciones aparece con claridad en el nuevo proyecto oficial.

Las herramientas para una prevención seria ya existen. Lo que parece faltar es decisión política para enfrentar intereses económicos muy poderosos

La crítica apunta a que el proyecto actual no aborda la raíz del problema: la normalización social de las apuestas entre adolescentes, una situación que se ha gestado durante años a través de la omnipresencia de las plataformas en camisetas de fútbol, transmisiones deportivas, redes sociales, la influencia de celebridades y diseños psicológicamente orientados a generar compulsión. Los datos oficiales ya reflejan la magnitud del problema: más de uno de cada cuatro estudiantes secundarios apostó dinero en el último año, cifra que asciende a más del 35% entre los varones.

Un problema de salud mental con responsables

La situación es calificada como un problema de salud mental, no meramente comercial. Se advierte que es imposible hablar de prevención seria mientras un adolescente puede abrir una cuenta desde su celular, recibir promociones de apuestas “gratis”, cargar dinero con facilidad y convivir con publicidades que presentan el juego como diversión o éxito. Las plataformas operan con estímulos permanentes, recompensas variables y mecanismos de fidelización similares a los de otras conductas adictivas, y el inicio temprano en estas dinámicas aumenta significativamente el riesgo de dependencia futura.

La media sanción de 2024, que hoy se encuentra frenada en el Senado y podría perder estado parlamentario antes de noviembre, ofrecía herramientas concretas para una prevención eficaz. La falta de decisión política para enfrentar intereses económicos muy poderosos es señalada como el principal obstáculo. Se cuestiona que el Estado decida avanzar contra el juego clandestino mientras evita incomodar a quienes obtienen millones con la expansión legal del sistema.

Una prevención real, según los especialistas, exige medidas incómodas: prohibición efectiva de publicidad, eliminación de bonos de captación, controles biométricos obligatorios, límites estrictos de acceso, campañas masivas de concientización, educación digital en escuelas y una clara separación entre el negocio de las apuestas y el deporte. Se alerta sobre el riesgo de construir una generación bajo la lógica de la recompensa inmediata, donde la adrenalina del juego reemplace el mérito, el trabajo y el proyecto de vida, comprometiendo así el futuro del país.

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