Tensión con la Iglesia: el Gobierno busca evitar una confrontación antes de la posible visita del Papa Francisco
La relación entre el Gobierno de Javier Milei y la Iglesia Católica atraviesa un momento de particular sensibilidad, marcada por el reciente Tedeum del 25 de mayo y las expectativas en torno a una posible visita del Papa Francisco a la Argentina en noviembre próximo. La homilía del arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, en la Catedral Metropolitana, que advirtió sobre un “desmembramiento social”, generó una reacción inmediata y crítica en las filas libertarias, pero fue el propio Presidente quien buscó bajar el tono de la confrontación.
El diputado Bertie Benegas Lynch fue uno de los primeros en expresar su descontento, calificando el mensaje de García Cuerva como “lamentable e injusto” y acusando a algunos religiosos de “militar con sotana el regreso del peronismo”. Sin embargo, trascendió que el propio Milei le hizo llegar un mensaje amable pero firme: “No es el momento para confrontar con la iglesia”. Horas después, en una entrevista radial, el Presidente se mostró sorprendido por su propia calma, afirmando:
“No tengo nada de qué quejarme. Me parece que abre un diálogo y un debate. Me parece que eso es supervalioso”.
A pesar de esto, Milei también consideró exagerado hablar de “terrorismo” en redes sociales, una referencia velada a las críticas del arzobispo.
El giro de Milei y la sombra del discurso de odio
La postura actual de Milei contrasta notablemente con sus previas declaraciones sobre el Papa Francisco, a quien llegó a llamar “el representante del maligno en la tierra” antes de calificarlo como “el argentino más importante de la historia”. Este giro de 180 grados, sin una autocrítica explícita, es característico del estilo del Presidente, quien suele exteriorizar sus puntos de vista de manera abrupta, como lo experimentaron figuras como Patricia Bullrich, a quien denostó en campaña para luego nombrarla Ministra de Seguridad.
Resulta ineludible que el Presidente se sintiera aludido por las palabras de García Cuerva sobre el “discurso de odio en redes”, dado el uso intensivo que Milei hace de su cuenta de X para postear y repostear críticas e insultos a quienes disienten con él. El arzobispo presentó uno de los discursos más contundentes contra el “modelo social y económico” propuesto por el Gobierno, lo que resuena con particular fuerza en un presidente que sostiene públicamente que los Diez Mandamientos son la base del capitalismo de libre empresa y los valores judeocristianos, equiparando al socialismo con el satanismo. Esta retórica, que sobredimensiona la presencia de comunistas y socialistas en el espectro político local, genera interrogantes sobre el papel de un presidente en una democracia republicana.
La Iglesia “posbergogliana” y su nuevo rol social
A los sectores libertarios les hubiera gustado una Iglesia más conservadora, menos identificada con lo social. Sin embargo, la Iglesia argentina ha experimentado un cambio profundo bajo el legado de Francisco, que la ha acercado a las demandas de la sociedad. Esta “Iglesia del pobrismo”, como despectivamente la califican algunos, busca no solo asistir a los pobres, sino trabajar para sacarlos de la pobreza, un mensaje que trasciende la mera caridad.
La prédica de García Cuerva abre un interrogante crucial en el debate político: ¿qué pasaría si la Iglesia se consolida como un canal institucional entre la gente y la política, interpretando las demandas sociales? ¿Cómo reaccionaría el Gobierno ante críticas provenientes de hombres de fe? La Iglesia “posbergogliana” tiene la oportunidad de recuperar un papel protagónico en el diálogo político, con un plafón de credibilidad que otros actores, como sindicalistas o dirigentes sociales clientelistas, no poseen. Estaríamos frente a un escenario novedoso, donde las exigencias de cambio no provendrían de intereses sectoriales o personales, sino de una lectura de las necesidades colectivas.
La influencia del Papa y el “desmembramiento social”
La inminente visita del Papa Francisco a la Argentina añade una capa de complejidad a esta tensión. Nada indica que el discurso del Sumo Pontífice vaya a ser significativamente diferente al del arzobispo porteño. Se espera que Francisco mantenga su foco en las demandas sociales, la negación de derechos, el fomento del odio como estrategia de poder y la ausencia de diálogo político. El presidente argentino es observado en el mundo como un seguidor de Donald Trump, quien ha criticado al Papa, calificándolo de “débil” y poniendo bajo sospecha al Vaticano. Aunque el Papa no buscará confrontar directamente a Milei, sus reclamos sobre políticas que descuidan a los más necesitados y generan odio no estarán ausentes en su prédica, y su impacto político será considerable.
La frase “nadie se salva solo”, atribuida al Papa Francisco y recreada en la serie El Eternauta, fue un eje central de la homilía de García Cuerva, en clara contraposición al “sálvese quien pueda” que parece identificar al oficialismo. Pero el momento más impactante fue la advertencia del arzobispo:
“La sombra de una nube de desmembramiento social se asoma en el horizonte”.
Esta misma frase fue utilizada por Jorge Bergoglio en el Tedeum del 25 de mayo de 2002, meses después de la profunda crisis social y económica que sacudió al país, lo que subraya la gravedad de la situación actual y la preocupación de la Iglesia.

