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Mundial y desarraigo: el “sueño de volver” que une a 1.8 millones de argentinos en el exterior

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“Soy argentino, es un sentimiento, no puedo parar”, resuena en cada rincón del país cuando la Selección sale a la cancha. Cada cuatro años, el Mundial de Fútbol renueva el orgullo de ser argentino y se convierte en una prioridad nacional. Las agendas se reorganizan, los asados y picadas se multiplican, las cábalas se reactivan y el nombre de Messi provoca sonrisas e ilusión. Argentina entera late al mismo ritmo, activando uno de los rituales más arraigados: reunirse para ver a la Selección.

Sin embargo, para los 1,8 millones de argentinos que emigraron entre 2013 y 2023, según datos de la Dirección Nacional de Migraciones de 2024, vivir un Mundial lejos de casa se transforma en una experiencia marcada por la nostalgia, la soledad y el desarraigo. España, Estados Unidos, Italia y Brasil son los principales destinos de esta diáspora.

La distancia que intensifica el sentimiento de pertenencia

“Es duro, te duele”, confiesa Melisa Fernández Schmidt, quien reside en el sur de Francia desde 2019 y se prepara para vivir su segundo Mundial en el exterior. “Cuando ves los partidos tenés la misma pasión, la misma locura, el mismo amor, pero no estás ahí. No se vive de la misma manera, y eso te da tristeza”. Emigrar implica lidiar con una profunda nostalgia por las costumbres, los afectos y las expresiones culturales, como la inigualable pasión argentina por la Copa del Mundo.

Melisa relata que en Qatar 2022 sus amigos latinos fueron su “salvación”, alentando a la albiceleste como si fueran compatriotas. A pesar de ello, su mayor deseo es poder ver el próximo Mundial junto a su familia en Argentina, a la que considera “el mejor país del mundo para ver el Mundial”, aunque sabe que el regreso no será posible esta vez.

Investigaciones sobre identidad migratoria sostienen que la distancia geográfica no necesariamente debilita el sentido de pertenencia nacional, sino que muchas veces lo intensifica. En ese contexto, los eventos de alta carga simbólica —como un Mundial de Fútbol— funcionan como ‘amplificadores emocionales’ de pertenencia cultural.

En Brasil, el eterno rival, Florencia, quien vive en San Pablo desde hace más de 20 años, experimenta cómo el Mundial agudiza su nostalgia. “Es muy difícil encontrar a alguien que me acompañe a ver los partidos. Y me pasó, y me sigue pasando, que algunas personas no me invitan porque creen que les voy a traer mala suerte por ser argentina”.

Pero hay un peso aún mayor: durante los Mundiales, resurge el cuestionamiento sobre su identidad nacional. “Me dicen que no soy argentina, que ya soy brasileña. Eso a veces me hace preguntarme quién soy, cuáles son mis raíces, y durante el Mundial eso empeora mucho”. Florencia anticipa que en pocas semanas volverá a sentir esas emociones al ver a miles de brasileños unidos por una misma camiseta, deseando sentirse parte de algo similar, pero en Argentina, con su gente.

Rituales compartidos y el anhelo de volver a casa

Anastasia Agres, residente en Madrid desde 2019, describe su experiencia en el último Mundial como “difícil”. “A los españoles no les interesa mucho el Mundial, no ven la apertura, no se ven banderas en las calles, no se escuchan gritos de aliento, es muy distinto a nuestro país, donde cuando arranca el Mundial estamos todos conectados con lo que está pasando, siempre con ilusión y si juega Argentina, sabemos que se para el país”. Este año, Anastasia planea ver los partidos con otros argentinos, a pesar de la dificultad que impone la diferencia horaria. Aunque no podrá viajar a Argentina, confiesa que el Mundial, incluso si no es una gran fanática del fútbol, le trae recuerdos felices.

Desde Los Ángeles, Tomy Dunster, actor y modelo argentino con más de 20 años de residencia en Estados Unidos, ya organiza reuniones con amigos para alentar a la Selección. “Si bien nos juntamos con amigos argentinos que viven acá y disfrutamos cada partido de la Selección con una pasión compartida, no es el mismo sentimiento y no se vive con la intensidad de estar viéndolo en Argentina. Sueño siempre con poder estar ahí. Lo que se vive allá es único”.

En pocas semanas, comunidades de argentinos en todo el mundo replicarán pequeños rituales de pertenencia: camisetas albicelestes en husos horarios imposibles, videollamadas familiares, grupos improvisados para alentar juntos. Una sensación persistente de estar viviendo algo enorme, pero lejos de casa. Mientras muchos sueñan con vivir la Copa del Mundo en Estados Unidos, para otros, la ilusión es igual de poderosa: el sueño de volver, aunque sea por unas semanas, para vivir los partidos rodeados de familia, amigos y esos rituales cotidianos que hacen única la manera argentina de sentir el fútbol. Para muchos expatriados, el verdadero viaje emocional no es hacia el Mundial, es hacia su casa.

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