Claromecó: el ingeniero forestal que logró producir en Argentina el piñón, el fruto seco más caro del mundo
El auténtico pesto genovés y otras delicias culinarias tienen un secreto: el piñón, considerado el fruto seco más caro y difícil de encontrar a nivel mundial. Ahora, gracias al esfuerzo de un ingeniero forestal argentino, este preciado ingrediente comienza a producirse en el país, abriendo una nueva ventana para el mercado premium local y con potencial exportador.
Alejandro Camporini, ingeniero forestal residente en el balneario de Claromecó, partido de Tres Arroyos, es el artífice de este proyecto que tomó 25 años. Su vínculo con el piñón se remonta a su infancia, cuando recolectaba estos frutos con su familia. Esta conexión lo inspiró a dedicar su carrera a la introducción y cultivo del pino piñonero (Pinus pinea) en la costa atlántica.
Un proyecto de dos décadas y media
Desde que se recibió, Camporini comenzó a incorporar el Pinus pinea en sus proyectos de forestación en Claromecó, con la visión de que, a largo plazo, sus piñas darían las semillas comestibles. En 2018, esta idea se consolidó en un proyecto de reforestación costera centrado específicamente en esta especie. Su camino no fue solitario; a fines de los 90, conoció a Agustín Nogueras, un catalán experto en la comercialización y producción de piñones, quien se convirtió en un mentor y amigo.
El Pinus pinea, originario del Mediterráneo europeo, se ha adaptado muy bien a la región costera argentina. Sin embargo, el principal desafío radica en la obtención del piñón blanco, es decir, sin cáscara. «Como no se trata de una variedad tradicional del país, no es tan sencillo encontrar mano de obra calificada para la cosecha especializada, ni tampoco maquinaria para obtener los piñones», explica Camporini. A pesar de estas limitaciones, la producción se realiza de forma artesanal, dadas las pequeñas cantidades que se obtienen por el momento.
Del árbol al plato: el complejo proceso del piñón
El pino piñonero se distingue por su particular copa aparasolada. Comienza a dar piñas a los 9 o 10 años, y su producción aumenta con el desarrollo del árbol. El proceso de obtención del piñón blanco es laborioso: de cada cinco kilos de piña, se obtiene un kilo de piñón con cáscara. Y, a su vez, de cada cinco kilos de piñón con cáscara, se logra un kilo de piñón blanco. Esto significa que se necesitan aproximadamente 100 kilos de piña para obtener solo cuatro kilos de piñón blanco.
La cosecha en Argentina comienza a finales de mayo. Los «piñeros» suben a los árboles con ganchos para desprender las piñas, que luego son recogidas y almacenadas. Con la llegada del calor, las piñas se exponen al sol para que se abran. Posteriormente, se muelen para extraer el piñón con cáscara. Finalmente, este se descascara con maquinaria para obtener el preciado piñón blanco.
Así es como lo realizo yo, de forma muy artesanal, dado que en regiones españolas de alta producción se utilizan máquinas vibradoras para vibrar los árboles, siempre que el terreno lo permita, y así bajar las piñas. Luego, con maquinaria de última generación, se procesan las piñas y se obtienen los piñones listos para consumir.
El piñón es valorado no solo por su rareza, sino también por sus cualidades nutricionales. Su composición química lo convierte en un alimento con importantes propiedades para el consumo humano, destacándose por su alto contenido en proteínas (33%), carbohidratos (4-7%) y grasas (43%), con un elevado porcentaje de ácidos grasos insaturados como el oleico y linoleico.
Un sueño que se proyecta al mundo
El proyecto de Camporini ya dio sus primeros frutos a nivel internacional. Ariel Saconne, jefe inversor, propuso exportar parte de la producción. Así, se enviaron piñones a Barcelona para su procesamiento final y consumo. Este hito es un paso importante para el posicionamiento de Argentina en este nicho de mercado.
El sueño de Alejandro es consolidar la producción de piñones en la zona de Claromecó, ofreciéndolos como un producto premium local, aunque la producción inicial sea pequeña. También aspira a que el proyecto de reforestación actual permita exportar y posicionar el producto argentino a nivel global. A pesar de que algunas plantaciones previas no alcanzaron su máximo potencial por falta de tareas silviculturales, el esfuerzo de Camporini representa una promesa para el desarrollo de productos de alto valor agregado en el país, premiando la paciencia y la visión a largo plazo.

