Fútbol argentino: la noche que Castrilli expulsó a Maradona y el «Sheriff» se hizo leyenda
El fútbol argentino de los años 90 se caracterizó por su intensidad y controversia, pero pocos encuentros quedaron tan grabados en la memoria colectiva como el Vélez-Boca del 16 de junio de 1996. Disputado en el estadio José Amalfitani por la 13ª fecha del Torneo Clausura, aquella tarde-noche en Liniers se convirtió en un símbolo de la época, marcada por un arbitraje explosivo de Javier Castrilli, un gol discutido, tres expulsados y la secuencia inmortal protagonizada por Diego Armando Maradona.
Fue la última expulsión de Maradona como futbolista profesional y uno de los episodios que mejor sintetizaron la personalidad de Castrilli, conocido como el “Sheriff”. El árbitro había construido su fama desde una autoridad rígida y desafiante, y esa noche decidió sostener su estilo incluso frente al jugador más poderoso del planeta.
El contexto del partido era de máxima tensión competitiva. Vélez, dirigido por Carlos Bianchi, peleaba el campeonato y venía de una era dorada tras ganar la Copa Libertadores y la Intercontinental en 1994. Boca, conducido por Carlos Salvador Bilardo, atravesaba un proceso turbulento pero cargado de figuras, con Diego regresando al fútbol argentino menos de un año antes. Ambos equipos llegaban con aspiraciones matemáticas, lo que garantizaba un marco imponente con el estadio lleno y una tensión palpable.
Los planteles reflejaban la magnitud del encuentro. Vélez formó con Chilavert; Zandoná, Banegas, Pellegrino, Cardozo; Herrera, Gómez, Bassedas, Camps; Pandolfi y Flores. Boca salió con Carlos Navarro Montoya; Fernando Gamboa, Néstor Fabbri, Carlos Mac Allister; Javier Soñora, Blas Giunta, Cristian González, Diego Cagna; Diego Maradona; Claudio Caniggia y Gabriel Cedrés.
Las polémicas que encendieron la noche
El partido comenzó favorable para Boca, con Caniggia abriendo el marcador a los 15 minutos tras un pase de Maradona. Sin embargo, la ventaja duró poco y el encuentro empezó a desbordarse. A los 20 minutos, Patricio Camps empató para Vélez con un cabezazo. La polémica fue inmediata: los jugadores de Boca protestaron, alegando que la pelota no había cruzado completamente la línea, una queja que las imágenes televisivas posteriores alimentaron. Castrilli convalidó el gol sin dudar, y el clima se envenenó definitivamente.
Maradona fue uno de los primeros en protestar, sintiendo que el partido se les escapaba por decisiones arbitrales. El segundo golpe llegó con un tiro libre extraordinario de José Luis Chilavert para el 2-1, consolidando al arquero paraguayo como figura. A partir de ese momento, el encuentro se volvió frenético y nervioso. Castrilli comenzó a repartir amarillas y el partido tomó temperatura de final. Néstor Fabbri vio la roja tras una fuerte infracción, dejando a Boca con diez hombres.
La expulsión de Maradona y la frase que quedó en la historia
La tensión escaló con un penal sancionado para Vélez por un supuesto empujón de Carlos Mac Allister, una jugada también muy discutida. Chilavert convirtió el 3-1, y el enojo se trasladó a las tribunas, donde hinchas xeneizes sacudieron el alambrado. En medio de ese escenario, llegó la escena eterna: Castrilli decidió expulsar a Maradona.
Según explicó el árbitro años más tarde, Diego había realizado gestos de “incitación a la violencia” hacia la tribuna en un contexto extremadamente delicado. Castrilli sostuvo que la roja no tuvo relación con insultos directos, sino con la responsabilidad que, entendía, debía tener un futbolista de semejante influencia frente a una multitud fuera de control.
Maradona, desencajado, caminó directamente hacia Castrilli buscando una explicación. Allí ocurrió una de las secuencias más extraordinarias de la televisión deportiva argentina. Diego le hablaba, pero Castrilli no respondía, manteniendo una expresión pétrea y sin mirarlo a los ojos. La conversación fue así:
—Explíqueme por qué me echó.
—Hábleme.
—Soy jugador, explíqueme.
—Maestro… ¿usted está muerto?
La frase quedó inmortalizada, condensando la incredulidad de Maradona ante el silencio del árbitro y el dramatismo de la escena. Carlos Navarro Montoya intentó sacar a Diego de la situación, abrazándolo y empujándolo suavemente hacia el túnel. “¡No te va a contestar, Armando!”, gritó el Mono, en otra frase que quedó para siempre en el archivo emocional del fútbol argentino. Maradona, mientras tanto, continuaba: “Claro que no me va a contestar… si es un botón. ¡Botón!”
Goleada y un legado para el recuerdo
Con Boca totalmente roto emocionalmente y disminuido numéricamente, Vélez construyó una goleada histórica. En el segundo tiempo llegaron más goles y el 5-1 final se transformó en la peor derrota xeneize de aquella temporada. Boca terminaría el encuentro con ocho jugadores tras otra expulsión de Carlos Javier Mac Allister.
Para Vélez, fue una demostración de autoridad futbolística. El equipo de Bianchi, que semanas después se consagraría bicampeón, confirmó una era dorada. Sin embargo, el resultado quedó eclipsado por el escándalo. La relación entre Maradona y Castrilli nunca se recompuso. El árbitro defendió su decisión durante décadas, siempre sosteniendo que aplicaba el reglamento con inflexibilidad y sin hacer diferencias entre jugadores. “Siempre me regí por el principio de igualdad ante la ley”, diría años después.
Diego, en cambio, jamás olvidó aquella tarde. Para muchos hinchas de Boca, Castrilli había condicionado decisivamente el partido. Para otros, el árbitro simplemente llevó al extremo un reglamento que aplicaba con obsesión. Lo cierto es que el encuentro se convirtió en símbolo de una época del fútbol argentino donde el arbitraje también construía personajes, y Castrilli era uno de ellos.
Treinta años después, el Vélez-Boca de 1996 sigue reapareciendo en compilados televisivos y conversaciones futboleras. No solo por la goleada ni por la expulsión, sino porque representó como pocos partidos la esencia salvaje del fútbol argentino de esa época: tribunas hirviendo, arbitrajes polémicos, estrellas gigantescas, discusiones eternas y escenas imposibles de guionar. En el centro de todo, Diego Maradona y Javier Castrilli, congelados para siempre en una discusión sin respuesta en el césped de Liniers.

