Crisis en River: Eduardo Coudet, en la mira tras la final perdida y con una dura sanción a la vista
La derrota de River ante Belgrano en la final del Torneo Apertura dejó una sensación de vacío y expuso por primera vez al entrenador Eduardo Coudet a la crítica masiva de los hinchas. El equipo, que estuvo dos veces en ventaja, no logró imponerse y cayó 3-2, lo que generó un profundo malestar y puso en tela de juicio las decisiones tácticas del “Chacho” y la reacción del banco de suplentes.
La frustración de Coudet fue evidente tras el pitazo final. No solo optó por no hablar con la prensa, sino que tampoco se presentó a recibir la medalla del segundo puesto. Además, fue informado por el árbitro Yael Falcón Pérez por los agravios recibidos. Según trascendió, el DT le gritó al juez:
“Ladrón, ladrón. Me robaron la tercera final en esta cancha”
, haciendo referencia a las finales de Copa Argentina perdidas con Rosario Central ante Boca (2015) y River (2016). Esta expulsión le valdrá una sanción del Tribunal de Disciplina de al menos cuatro fechas.
La bronca y la impotencia hicieron perder los estribos al “Chacho”, quien se erige como el gran herido de la final. A pesar de haber revitalizado al equipo tras la salida de Marcelo Gallardo y haberlo llevado a la definición, no logró capitalizar la oportunidad. La frase que había utilizado como combustible antes de los playoffs, “Que la ambición de ganar supere al miedo a perder”, no se vio reflejada en el campo de juego en Córdoba.
Las decisiones tácticas bajo la lupa
River nunca se sintió campeón en el partido. No pudo superar a Belgrano en el juego y careció de situaciones de riesgo claras más allá de los goles, producto de buenas conexiones entre Tomás Galván y Facundo Colidio. La superioridad mostrada ante Gimnasia y Rosario Central, dos de las mejores actuaciones del ciclo, no se replicó en la final. El equipo llegó al límite físico y con bajas sensibles, pero la postura fue especuladora y conservadora.
Uno de los puntos más cuestionados fue la tardanza en los cambios. Por primera vez en sus 17 encuentros como técnico millonario, Coudet demoró hasta los 70 minutos su primera modificación, que además fue por lesión. Ante una fuerte contractura muscular de Marcos Acuña, ingresó Germán Pezzella. La decisión de mover a toda la línea de fondo, desplazando a Lucas Martínez Quarta y Lautaro Rivero, resultó problemática. Rivero cometió el penal del 2-2, y tanto Pezzella como Martínez Quarta mostraron dudas y errores en el cierre del partido, al igual que Fabricio Bustos.
En la última media hora, el partido pedía oxigenar el mediocampo. El desgaste de Galván, Juan Cruz Meza y Joaquín Freitas era evidente, lo que llevó al equipo a perder metros y retroceder en exceso, cediéndole protagonismo a Belgrano. Sin embargo, Coudet recién llamó a Juanfer Quintero con el empate en el marcador, a pesar de que el enganche colombiano había sentido una molestia en la rodilla izquierda durante la entrada en calor. Quintero vio el 2-3 al lado del cuarto árbitro sin ingresar y recién pudo jugar desde los 89 minutos. Un minuto después, en búsqueda del empate milagroso, también ingresaron Maxi Salas y Kendry Páez, pero ya era demasiado tarde.
El futuro de Coudet y la necesidad de un recambio
A pesar del gran mérito de Coudet de recuperar física y mentalmente a un equipo golpeado, la final perdida le quita crédito de cara a lo que viene. El resultado, que era su principal sostén en este tiempo, se esfumó. Su trabajo durante el primer mercado de pases deberá ser quirúrgico, con la elección de futbolistas acordes al estilo de juego físico, intenso y presionante que busca imprimir. Se espera una lista de transferibles o cedibles con alrededor de 10 apellidos.
Tras el estrepitoso final, la delegación regresó a Buenos Aires. Este miércoles, River cerrará el semestre ante Blooming en el Monumental. El equipo necesita solo un punto para asegurarse el primer puesto del Grupo H de la Copa Sudamericana, y una victoria le permitiría luchar por ser el mejor clasificado a los octavos de final para asegurar localías. Lo que prometía ser una noche de festejo para el hincha de River, se transformará en un nuevo termómetro del público.

