Ciudades esponja: la fórmula china para evitar inundaciones que llega a América Latina
La recurrencia de inundaciones catastróficas en diversas ciudades del mundo, y particularmente en Argentina, ha encendido las alarmas sobre la necesidad urgente de repensar el diseño urbano. Lo que antes era un evento excepcional, hoy es un paisaje cada vez más cotidiano, con ejemplos recientes como las tragedias en Tucumán, las vastas extensiones de Santa Fe bajo el agua y el debate científico que aún genera el temporal que azotó Bahía Blanca en marzo de 2025.
Ante este panorama desolador, emerge un modelo desarrollado en China conocido como “ciudades esponja”, que propone un cambio radical de paradigma: en lugar de evacuar rápidamente el agua de lluvia, busca absorberla, infiltrarla y reutilizarla dentro del entorno urbano. La idea central es dejar de luchar contra el agua y empezar a diseñar ciudades que coexistan con ella.
Según el arquitecto paisajista Kongjian Yu, la solución no reside en la construcción de barreras y desagües, sino en permitir que el agua entre en las ciudades de manera controlada. Este enfoque ambicioso tiene objetivos claros en China: para 2030, el 80% de sus áreas urbanas deberán capturar y reutilizar al menos el 70% del agua de lluvia, conforme a las directrices oficiales emitidas por el Consejo de Estado en 2015.
Cómo funcionan las ciudades esponja
En las ciudades chinas donde este modelo ya se implementa, se reemplaza el suelo tradicional por pavimentos permeables de ladrillos especiales. Estos permiten capturar el agua de lluvia y destinarla a múltiples usos, como riego, abastecimiento e industrias. Asimismo, los techos se transforman en follajes naturales que aceleran y facilitan la absorción, e incluso canalizan el agua hacia sistemas de almacenamiento. Es un ciclo de captación, almacenamiento, infiltración natural y liberación paulatina del agua, tal como lo hace una esponja.
Esta estrategia busca revertir las imágenes de ciudades sumergidas o regiones áridas por la escasez hídrica, ofreciendo un panorama más alentador. La experiencia en China y Estados Unidos ya muestra casos de éxito que podrían ser replicados en otras regiones.
América Latina da los primeros pasos
En América Latina, varias ciudades han comenzado a incorporar estos principios a través de soluciones basadas en la naturaleza, aunque aún de manera aislada. Destacan el Parque Hídrico La Quebradora en Ciudad de México, los parques inundables en San Pablo, Brasil, y la recuperación de quebradas en Quito, Perú. Estos proyectos evidencian avances en la gestión urbana del agua, pero todavía no logran consolidarse como parte integral de un modelo de ciudad completo.
Sin embargo, una ciudad de la región ha comenzado a escalar este enfoque de manera más integral. La Secretaría Distrital del Hábitat de Bogotá, Colombia, lidera una intervención que articula drenaje urbano sostenible, recuperación ambiental y control de la erosión. El proyecto busca mejorar la infiltración del agua de lluvia, reducir la presión sobre el sistema de alcantarillado y adaptarse a las condiciones geográficas del territorio, especialmente en zonas de alta vulnerabilidad.
“La adaptación de territorios como San Cristóbal demuestra que es posible reducir el riesgo desde soluciones que trabajan con la naturaleza, fortalecen la resiliencia urbana y permiten intervenir sin desplazar a las comunidades”, afirmó Vanessa Velasco, referente en desarrollo urbano y secretaria de hábitat de Bogotá.
En un contexto de urbanización acelerada y cambio climático, las “ciudades esponja” se perfilan como una alternativa viable para mitigar las constantes inundaciones que azotan cada vez con mayor fuerza a las diversas ciudades del mundo.

