Siembra de algas en el mar: una nueva era productiva en Santa Cruz
EL CALAFATE, Santa Cruz.- Una innovadora iniciativa productiva está transformando el paisaje costero de Puerto San Julián: la siembra de macroalgas en el mar. Lo que comenzó como una prueba piloto, ya tuvo su primera cosecha exitosa y proyecta escalar a una unidad mínima rentable, anticipando una nueva era para la provincia y el país.
El proyecto, impulsado por la Fundación Por el Mar, se enfoca en el cultivo controlado de Macrocystis pyrifera, conocida como cachiyuyo, una macroalga de alto valor por sus propiedades como bioestimulante para el agro y como potencial suplemento alimentario para ganado. Esta granja marina, la primera de su tipo en Argentina, busca generar una nueva cadena productiva que conecta el mar con el campo, al tiempo que protege los ecosistemas marinos.
Cultivo controlado para proteger el ecosistema
La propuesta central de este modelo es la “siembra” de algas en lugar de su extracción de los bosques marinos naturales.
“El objetivo es proteger los bosques de macroalgas tanto en Santa Cruz como en Tierra del Fuego, por eso proponemos sembrarlas en el mar, y así preservar los bosques”, explica Mariano Bertinat, coordinador de Santa Cruz de la Fundación Por el Mar. “Tanto por su rol como por sus servicios al ecosistema queremos que sean conservadas, entonces proponemos que antes que se deforesten, se promueva el cultivo controlado que pueda ser utilizada para otros usos”.
El proceso comienza en laboratorio, donde las esporas de las algas se desarrollan. Una vez que alcanzan un tamaño de dos o tres milímetros, se trasladan a líneas de cultivo, denominadas longlines, que se instalan a nueve metros de profundidad en la bahía de San Julián. Según Bertinat, ingeniero en Recursos Naturales y ex secretario de Ambiente provincial, Macrocystis pyrifera es uno de los organismos de crecimiento más rápido en el planeta, alcanzando más de tres metros de largo en un período de seis a ocho meses.
Potencial para bioinsumos y alimentación animal
El principal foco de desarrollo son los bioestimulantes, insumos que se aplican a cultivos agrícolas para mejorar la absorción de nutrientes, aumentar la tolerancia al estrés hídrico y potenciar los rendimientos. Esta alternativa cobra especial relevancia en el contexto actual, donde los fertilizantes químicos importados enfrentan un aumento de precios y costos logísticos. La Fundación Por el Mar se encuentra en la etapa de desarrollo y certificación de estos productos.
Además, se investiga la posibilidad de incorporar alga seca como suplemento alimentario ovino, en forma de pellet.
“Estamos estudiando si es posible producir un suplemento alimentario en forma de pellet, como suplemento alimentario para ganado”, afirma Bertinat, destacando el potencial de diversificación de la actividad.
La primera cosecha en Puerto San Julián arrojó un rendimiento de 10 kg de alga por metro cultivado, acercándose al máximo proyectado por la bibliografía especializada (entre 6 y 12 kg). Esta cifra es particularmente alentadora, considerando las desafiantes condiciones del Mar Argentino, con su amplia amplitud de marea.
Escalando la producción y el marco legal
El ciclo de cultivo se inicia con la recolección de esporas en verano, seguido del trabajo en laboratorio, el trasplante en otoño, el crecimiento durante la primavera y la cosecha en el verano siguiente. La experiencia inicial con una línea de 200 metros en el agua ha demostrado la viabilidad del proyecto, y la próxima etapa implica escalar la producción a una hectárea.
La iniciativa cuenta con el acompañamiento técnico y operativo del gobierno provincial, que facilita el acceso a los sitios de cultivo. Se espera también la colaboración del INTA para servicios científicos sobre los derivados de las algas, y la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) ya ha aportado información clave para el diseño y ajuste de los sistemas de cultivo.
En Santa Cruz, la ley provincial 3995, vigente desde el año pasado, protege los bosques marinos y prohíbe la extracción de algas. En este contexto, el proyecto de la Fundación Por el Mar se alinea perfectamente con la normativa, ofreciendo una alternativa productiva que evita la deforestación submarina y promueve la conservación.
A nivel global, la industria de las algas ha experimentado un crecimiento exponencial, moviendo alrededor de 17.000 millones de dólares. Sin embargo, este crecimiento también ha llevado a una reducción del 38% de los bosques de macroalgas en los últimos 50 años. El modelo de Puerto San Julián busca ser un ejemplo de producción sostenible, con la expectativa de que, a futuro, esta actividad pueda convertirse en una nueva economía regional y una fuente de sustento para las familias locales.

