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La banda del “rey de la cocaína” sigue activa en el Bajo Flores pese a líderes presos

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A pesar de que sus principales líderes se encuentran tras las rejas, la organización criminal de los hermanos Fernando y Marco Antonio Estrada Gonzales, junto a la esposa de “Marcos”, Silvana Salazar, continúa operando con las mismas reglas y métodos en la Villa 1-11-14 del Bajo Flores. Un reciente operativo, impulsado por la Unidad Fiscal Especializada en la Investigación de Delitos vinculados a Estupefacientes (Ufeide), a cargo de la fiscal Cecilia Amil Martín, puso en evidencia la persistencia de la estructura narco.

La investigación llevó a la prisión preventiva de un imputado por comercialización de estupefacientes y reveló un dato clave: en el asentamiento, “la forma de clasificación de las drogas obedece al sistema usado por la banda narco que era liderada por Marcos y sus sucesores”. Este sistema, distintivo de la organización, utiliza cintas de colores en los envoltorios para identificar rápidamente las sustancias: negro para pasta base, rojo para cocaína y verde para marihuana.

El foco inicial de la Ufeide se centró en actividades de narcomenudeo en la Manzana 26 del Barrio Padre Ricciardelli. La detención de un sospechoso y la posterior revisión de su celular permitieron identificar a su proveedor, un ciudadano paraguayo de 29 años, cuya casa de tres plantas, también en la 1-11-14, funcionaba como centro de acopio y distribución.

Mientras la Ufeide preparaba las órdenes de allanamiento, agentes de la Unidad Táctica de Operaciones Barriales (UTOB) de la Policía de la Ciudad detectaron a dos personas vendiendo drogas en la misma cuadra del proveedor. Uno de los arrestados, un ciudadano paraguayo de 25 años, portaba envoltorios con las características cintas de colores, idénticas a las utilizadas por la banda de los peruanos, que fue liderada por Marco Antonio Estrada Gonzales y luego por sus herederos, como Johnny Ray Arnao Quispe, alias Pantro, y Robert Wilmer De la Cruz Aredo, alias Mascarita.

La persecución de un dealer por parte de la UTOB culminó en el domicilio del proveedor investigado por la Ufeide. Allí se encontraron más de 600 envoltorios con drogas, marcados con las cintas identificatorias del clan, listos para su distribución. En el lugar, fue arrestado el paraguayo de 25 años previamente detenido por la UTOB, y también el proveedor, a quien la fiscal Amil Martín le dictó prisión preventiva por infracción a la Ley 23.737 de estupefacientes.

La historia de un imperio narco

La estructura de la banda de los Estrada Gonzales, que llegó a mover cerca de un millón de dólares al mes según cuadernos de contabilidad incautados, ha resistido los golpes de la justicia a lo largo de los años. En 2020, Marco Antonio Estrada Gonzales fue condenado a 24 años de prisión y expulsado a Perú. Su esposa, Silvana Salazar, también recibió condena en el mismo proceso.

Tras la caída de “Marcos”, su hermano Fernando “Piti” Estrada Gonzales, quien había logrado evadir la ley en ese momento, asumió la logística de la organización. Posteriormente, familiares directos y lugartenientes de confianza, como Pantro y Mascarita, tomaron el control de las operaciones, manteniendo viva la estructura delictiva.

Aunque Pantro y Mascarita eligieron vivir fuera de la Villa 1-11-14 para evitar la mayor presencia policial, continuaron dirigiendo la red. Arnao Quispe residía en Villa Celina, mientras que De la Cruz Aredo fue apresado en González Catán, donde utilizaba su vivienda como base de operaciones para el narcomenudeo y la coordinación de la llegada de cocaína desde Perú. Mascarita, de hecho, aceptó una pena de 7 años y medio de cárcel en un juicio abreviado.

La estructura que perdura

La banda mantiene una jerarquía definida: supervisores que bajan órdenes y controlan las finanzas, “picadores” encargados de fraccionar y embolsar la droga con las distintivas cintas, “transas” para la venta minorista, “chalecos” como brigadas de alerta y revisores de compradores, y sicarios para resolver conflictos internos o amenazas externas. Estas disputas violentas se han cobrado decenas de vidas, como la de John Henry Sosa Farfán, alias Chayanne o El Loco, ejecutado en abril de 2022 junto a Julio César Huaris Pereyra.

El caso de “Chayanne” es emblemático: detenido, condenado y expulsado a Perú en 2013, regresó a Argentina en seis meses. Volvió a ser arrestado y, pese a una segunda condena, su abogado solicitó la expulsión, a la que la fiscalía se opuso por el claro riesgo de reincidencia. La porosidad de las fronteras permite a los miembros de la banda de Marcos y Piti moverse entre Lima y Buenos Aires, desafiando las prohibiciones judiciales y manteniendo activa la red.

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