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Gustavo Fernández: el campeón de tenis que tocó fondo y se reinventó para hacer historia

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La trayectoria de Gustavo Fernández, una de las máximas figuras del deporte adaptado argentino, está marcada por la superación. Diagnosticado con un infarto medular a los 18 meses que le provocó una parálisis de la cintura para abajo, el cordobés no permitió que los límites definieran su camino. Hijo de Gustavo “el Lobo” Fernández, gloria del básquetbol nacional, “Gusti” creció en una familia de deportistas donde el esfuerzo y la resiliencia fueron pilares.

Su pasión por el deporte lo llevó al tenis en la adolescencia, una disciplina que lo “sacudió por completo” y lo impulsó a una carrera sin retorno. La convicción en sus sueños lo acompañó desde joven: “Hay videos míos con 12 o 13 años diciendo que iba a ser número uno del mundo, que iba a ser campeón de un Grand Slam. Claro que de ahí a concretarlo había un mundo de diferencia. Pero siempre tuve mucha fe, mucha confianza en lo que podía hacer. Después fui consecuente respecto de esa confianza desmedida que me tenía y trabajé para llegar a ese lugar. Siempre me visualicé logrando cosas”, recuerda.

Fernández volvió a tocar la cima en el Abierto de Australia de 2026, donde se alzó con el trofeo de dobles junto al japonés Tokito Oda. Este triunfo lo catapultó a los 10 títulos de Grand Slam (5 en singles y 5 en dobles), consolidándolo en el top 3 del ranking mundial y convirtiéndolo en el argentino con más títulos de Grand Slam de la historia. A estos logros se suma la medalla de bronce obtenida en los Juegos Paralímpicos de París en septiembre de 2024.

El camino no lineal: la crisis y la sanación

Pese a los éxitos, el recorrido de Fernández no fue lineal. El tenista confiesa haber “tocado fondo” al enfrentar ataques de pánico y problemas de salud física y mental. Una operación de amígdalas que derivó en una hemorragia interna lo dejó en una situación crítica y desató una profunda crisis de ansiedad. Lejos de ser un punto final, esta vulnerabilidad se transformó en una oportunidad de crecimiento.

“Toqué fondo y pude salir”

Aprendió que el bienestar integral requería tanto entrenamiento psicológico como físico, permitiéndose ser frágil para volver a ser fuerte bajo el cuidado de sus padres, Nancy y Gustavo. “Tocar fondo no es algo que uno planifica, sino que sucede. Cuando tocás fondo, te das un bañazo absoluto de humildad”, reflexiona. Volver a las bases, a su casa y a su círculo íntimo fue fundamental para transitar el proceso de sanación, que, según él, debe ser acompañado.

“A mí me ayudó mucho mi familia, mis amigos, mi mujer, quienes fueron mi fuerza más grande. Fue empezar de cero en una etapa nueva de la vida, porque todo lo que tiene que ver con salud mental es algo que no te abandona nunca más, es algo que va a estar presente siempre, y con lo que hay que tener mucho cuidado y respeto. No miedo, pero sí tomar los recaudos necesarios para no volver a esa situación”

Preparación de élite y mensaje inspirador

La preparación de Fernández es la de un atleta de élite: entrena en triple turno, combinando trabajo técnico con una rutina de gimnasio enfocada en potencia de hombros y control del tronco. Su dieta y descanso son monitoreados con precisión, consciente de que la silla es una extensión de su cuerpo y que su capacidad cardiovascular debe ser superior para un juego agresivo.

“Entreno como cualquier deportista profesional que trata de estar en la élite, así que le dedico casi todo mi tiempo, mi energía y mi pensamiento a estar bien físicamente. Hago todo lo necesario para que mi cuerpo esté a disposición de llevarlo al límite cuando lo necesite”

El núcleo familiar es su pilar más importante, donde aprendió la mayoría de sus valores y descubrió su pasión por el deporte. La gestión de la presión en la alta competencia y su capacidad para reinventarse tras las adversidades lo han convertido en un referente de la psicología deportiva moderna. “No se trata de ganar siempre, sino de no dejar de intentarlo con la misma intensidad”, es una de sus frases recurrentes.

Su mensaje final es de esperanza y empatía: “Si uno sigue tirando para adelante, con consciencia, con ayuda y con esfuerzo, la tormenta cesa y eventualmente empieza a ver signos de claridad. El proceso lo tiene que atravesar uno, no lo puede hacer nadie por nosotros, y es duro por eso, pero a la vez es lo que hace que la sanación sea real y concreta. No hay que tener miedo a expresarse y pedir ayuda. Hay mucha más gente que pasa por ese tipo de situaciones de lo que uno cree. Uno nunca sabe la batalla que está librando el otro por dentro, entonces, ser empático, ser bondadoso, escuchar y hablar me parece algo sumamente importante”, concluye el campeón.

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