River: el difícil camino de Coudet tras Gallardo y la final impensada
En apenas 90 días, River Plate transitó un semestre de montaña rusa, pasando de la desilusión y el hartazgo a la esperanza renovada. Tras la salida de Marcelo Gallardo el 23 de febrero, el equipo de Núñez se prepara para disputar la final del Torneo Apertura este domingo 24 de mayo frente a Belgrano en Córdoba, un desenlace impensado hace pocas semanas, marcado por la irregularidad y los vaivenes emocionales y deportivos.
El punto de inflexión llegó después de un inicio de torneo con dos victorias y un empate, seguido de tres derrotas consecutivas frente a Tigre (1-4), Argentinos Juniors (0-1) y Vélez (0-1). Este mal momento precipitó la partida del técnico más ganador en la historia reciente del club, quien acumulaba 12 caídas en sus últimos 20 partidos.
“Las cosas no salieron como teníamos proyectadas. Me invade la emoción y el dolor por no cumplir los objetivos. Espero de todo corazón que la institución que ha crecido enormemente en los últimos años tenga buenos resultados futbolísticos para enaltecer más lo que significa River”, expresó Gallardo el día de su despedida, en un Monumental que, a pesar de la victoria 3-1 ante Banfield, manifestó su descontento con los jugadores. Tras un empate 1-1 con Independiente Rivadavia bajo la dirección interina de Marcelo Escudero, llegó la era de Eduardo Coudet.
La llegada de Coudet y la reconstrucción
Nueve días después de la partida de Gallardo, el 4 de marzo, Eduardo Coudet firmó su contrato y fue presentado oficialmente. El «Chacho» no dudó en aceptar el desafío, consciente de la magnitud del puesto y el legado que dejaba su predecesor.
“Sé en el lugar donde estoy y la responsabilidad que implica, me gusta el lío y por eso estamos acá. No es una situación fácil, se ha ido el entrenador más ganador de la historia. Pero hay un gran plantel y estoy convencido de que va a salir bien. Vamos a trabajar mucho y tengo total confianza en el plantel”, afirmó Coudet en su presentación. “El fútbol son momentos, necesitamos recuperar niveles. Necesitamos la ayuda del hincha para resetear y arrancar de cero todos juntos. Tenemos que ganar campeonatos. River es un monstruo, que si no vamos de la mano, se nos va a poner cuesta arriba”.
Con una semana de trabajo antes de su debut, Coudet se enfocó en recuperar la mentalidad competitiva de un plantel golpeado. Su metodología, basada en la intensidad y vehemencia, se trasladó a los entrenamientos. El objetivo fue claro: un equipo corto, rápido, que presione alto y recupere el balón lo antes posible. Adaptó a los jugadores física y futbolísticamente a sus nuevas ideas, siempre con la pelota como protagonista, y exploró esquemas como el 4-1-3-2, 4-2-3-1 y 4-3-3. Las charlas individuales y colectivas fueron clave, bajo la premisa de que «juega el que mejor está».
Impacto en el plantel y desafíos
Bajo la dirección de Coudet, se observaron cambios significativos en el rendimiento individual. Sostuvo a Santiago Beltrán en el arco, incluso con la vuelta de Franco Armani, recuperó el nivel de Gonzalo Montiel y Marcos Acuña, potenció el mediocampo con Ezequiel Moreno, Lucas Vera y Agustín Galván, y posicionó a Sebastián Driussi como su centrodelantero, logrando que Facundo Colidio volviera a sentirse importante. Además, promovió a juveniles como Lucas Silva, Juan Cruz Meza, Lautaro Pereyra y Joaquín Freitas.
La posición del cuarto volante fue una constante incógnita, con numerosas pruebas de jugadores como los hermanos Meza, Subiabre, Kendry Páez, Galoppo, Lencina y Juan Fernando Quintero como alternativa desde el banco. Las lesiones también fueron un dolor de cabeza, con cinco bajas en los últimos 10 días: Claudio Ruberto sufrió la rotura de ligamentos cruzados, Montiel y Matías Viña padecieron lesiones musculares, y Moreno y Driussi sufrieron esguinces de ligamento colateral medial derecho. Aunque Montiel y Moreno trabajan intensamente para al menos estar en el banco, su presencia en la final se considera una «utopía riesgosa».
Resultados y la visión interna
El debut de Coudet, el 12 de marzo contra Huracán, con un gol de penal de Montiel a los 84 minutos para ganar 2-1, fue un augurio de lo que vendría. A partir de allí, River encadenó cinco victorias consecutivas en el Apertura, pasando del 10° puesto de su zona y el 22° de la tabla anual a ser protagonista. Sin embargo, la racha se cortó con la derrota 0-1 en el superclásico ante Boca el 19 de abril, reviviendo viejos fantasmas.
Luego de una victoria sin convencer ante Aldosivi, Coudet dejó una frase contundente:
“Esto era Vietnam. Acá no era Galoppo o Colidio. Y es un proceso lento. Yo no soy un genio. Acá se tuvo que ir un técnico indiscutido como Marcelo Gallardo, el más ganador de la historia del club. Es demasiado rápido lo que nos está pasando, de ganar tantos partidos después de un momento complejo, lo vamos llevando de la mejor manera, creo que vamos muy bien”, dijo el «Chacho». “Podemos dar más y mejorar, podemos llenar más el paladar de nuestra gente, sí, y lo vamos a hacer. Llevamos un mes y medio. ¿Te parece que un equipo puede cambiar totalmente en un mes y medio?. Ante las dificultades que tenemos, vamos ganando. Y miren que llegamos en una situación compleja, eh”.
A pesar de la derrota con Atlético Tucumán en el Monumental, el equipo sumó 10 de 12 puntos posibles en la Copa Sudamericana, incluyendo dos victorias en el descuento en Brasil y Venezuela. Esa inercia positiva se trasladó al ámbito local: un empate 2-2 con San Lorenzo en el alargue, con un gol de Juan Fernando Quintero y triunfo por penales con Santiago Beltrán como figura, torció el rumbo. A partir de ese momento, River jugó dos de sus mejores partidos en cuartos y semifinales, venciendo 2-0 a Gimnasia y 1-0 a Rosario Central, asegurando su lugar en la final.
En la dirigencia de River, el trabajo de Coudet es valorado. Reconocen que asumió un desafío complejo y destacan no solo los números positivos (11 victorias, 3 empates y 2 caídas en 16 partidos), sino también los indicios de mejoras a futuro. Entienden que se trabaja en el mercado de pases para fortalecer el plantel y que el equipo pueda jugar aún mejor, pero ya se percibe un River más agresivo y con mayor velocidad en la búsqueda del arco rival. El «Chacho» llegó a River con el sueño de dirigirlo y, en apenas tres meses, lo ha llevado a una definición, buscando coronar su gestión con un título.

