Sociedad

Déficit habitacional: un estudio de Tejido Urbano revela cuáles son las ciudades con mejor y peor calidad de vivienda

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La profunda brecha territorial que atraviesa a la Argentina volvió a quedar en evidencia tras la publicación de un exhaustivo informe sobre habitabilidad urbana. A partir de los datos recolectados en el Censo 2022 procesados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la organización Tejido Urbano elaboró el Índice de Hábitat Urbano (IHU). Este indicador analiza las condiciones de vida en las 80 principales ciudades del país con más de 50.000 habitantes, arrojando un diagnóstico preocupante sobre el acceso a la vivienda y los servicios esenciales.

El estudio revela que, sobre una calificación ideal de 10 puntos, el promedio general de las ciudades argentinas se ubica en un moderado 6,2. Detrás de esta cifra media se esconde una polarización extrema: mientras que 53 de las localidades analizadas logran superar la media nacional, otras 27 se encuentran claramente rezagadas, exponiendo las severas dificultades que enfrentan millones de familias en términos de infraestructura básica y seguridad de tenencia.

“Sobre un ideal de 10, el valor promedio de las ciudades del país es de 6,2”

Para la construcción de este índice multidimensional, los investigadores contemplaron siete variables clave: hogares que comparten vivienda, hacinamiento crítico, viviendas irrecuperables, inmuebles con déficit recuperable, acceso a servicios de agua corriente y cloacas, informalidad dominial (falta de escrituras) y la dificultad para acceder a la propiedad privada (medida a través del porcentaje de hogares inquilinos). De acuerdo con la metodología del informe, las tres primeras dimensiones son las que tienen un mayor peso relativo en el cálculo final.

El mapa de la postergación: el norte y el Conurbano, bajo la lupa

El relevamiento geográfico confirma que el norte del país concentra los indicadores más críticos de vulnerabilidad habitacional. En el fondo de la tabla de posiciones se ubica la localidad salteña de Tartagal, con una puntuación de apenas 2,46 sobre 10. Le siguen San Ramón de la Nueva Orán (Salta) con 3,19; Clorinda (Formosa) con 3,94; Perico (Jujuy) con 4,11; Presidencia Roque Sáenz Peña (Chaco) con 4,15; y Puerto Iguazú (Misiones) con 4,61. Estas ciudades se sitúan hasta cuatro puntos por debajo de la media de Argentina.

La problemática no es exclusiva de las pequeñas urbanizaciones. El informe enciende alarmas al mostrar que grandes conglomerados urbanos tampoco logran alcanzar el promedio nacional. El caso más significativo es el del Gran Buenos Aires, el principal centro urbano del país con casi 11 millones de habitantes, que obtuvo una calificación de 5,34. En una situación similar de rezago se encuentran capitales provinciales y nodos clave como Formosa (4,96), San Miguel de Tucumán (5,31), Santiago del Estero (5,32) y la ciudad de Salta (5,41), esta última consolidada como la segunda urbe más poblada por debajo de la media.

El centro productivo lidera los niveles de habitabilidad

En la vereda opuesta, la región central de la Argentina consolida las mejores condiciones de hábitat general. El ranking de las cinco ciudades con estándares más elevados está encabezado por Río Tercero (Córdoba) con 8,40 puntos, secundada por San Francisco (Santa Fe) con 8,17; General Pico (La Pampa) con 8,16; Villa María (Córdoba) con 8,09; y Tres Arroyos (provincia de Buenos Aires) con 8,04. En una franja intermedia y con desempeños aceptables aparecen Bahía Blanca (7,34), Puerto Madryn (7,06), Olavarría (6,95) y Villa Carlos Paz (6,88).

No obstante, los autores del informe advierten que las problemáticas habitacionales no siempre siguen una lógica lineal ni dependen exclusivamente de los ingresos de la población o del desarrollo económico regional. Existen distorsiones locales vinculadas a la planificación y a las dinámicas de los mercados inmobiliarios que complejizan el escenario nacional.

“La inexistencia de una linealidad entre aspectos y territorios obliga a analizar los instrumentos de gestión desde el contexto local, su historia y sus tendencias.”

Un claro ejemplo de esta falta de correlación directa se observa en el acceso a los servicios básicos. Ciudades con excelentes indicadores de calidad de construcción de viviendas, como Villa Carlos Paz o diversos municipios de la Costa Atlántica, muestran serias deficiencias en sus redes de agua y cloacas debido a procesos de expansión urbana acelerados y sin una planificación adecuada. Por el contrario, en los distritos del norte con peor desempeño habitacional, se superponen de forma crítica el hacinamiento, la precariedad de los materiales y una extendida inseguridad en la tenencia de la tierra por la falta de escrituración formal.

Finalmente, el acceso a la propiedad privada plantea un desafío diferente. En centros urbanos dinámicos y con alta calidad de vida material, como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), Tandil o Villa María, se registra una proporción de hogares inquilinos que supera holgadamente el 30%. Esta realidad expone una paradoja contemporánea: la consolidación de ciudades con excelente infraestructura edilicia pero con mercados de acceso al suelo cada vez más restrictivos para los sectores medios y jóvenes.

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