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Daniel Melingo: el silbido porteño, el legado de Gardel y su «Ópera Linyera»

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En un Buenos Aires donde el silbido de un tango se ha vuelto una práctica casi exótica, la figura de Daniel Melingo emerge como un puente entre la tradición y la vanguardia. El artista, que falleció recientemente, dejó un legado que interpela la pregunta planteada por el Capitán Beto de Spinetta: ¿dónde habrá una ciudad donde alguien silbe un tango?

Una semana después del estreno de su Ópera Linyera en 2022, Melingo reflexionaba en un bistró de la calle Estomba sobre el papel esencial del silbido en el tango. En una entrevista, el músico recordó anécdotas cercanas a Carlos Gardel, quien, según le contaron, componía silbando. Para Melingo, si un tango puede ser silbado, es porque posee una trascendencia importantísima, calando hondo en la memoria popular.

De Los Twist al «crooner roto»

La trayectoria de Melingo es un viaje fascinante desde sus inicios con Los Twist, donde, según él mismo afirmó, eran «conceptuales», hasta su consolidación como un crooner roto que desafió los moldes preestablecidos. Su reinvención, encarnando al personaje de El Linyera, es considerada una de las mayores contribuciones al rock y al tango del siglo XXI. Se alejó de la parodia para encarnar un personaje que, con el tiempo, exigía ser escuchado con asombro.

A pesar de la explosión de milongas, orquestas típicas y las diversas reposiciones de Astor Piazzolla, la pregunta sobre el último tango compuesto para ser silbado seguía vigente. Melingo, con su trabajo de investigación sobre la guardia vieja del tango, exploró esa posibilidad.

«Ayer», un tango en la memoria popular

Durante la entrevista, el músico fue consultado sobre si creía posible componer un nuevo tango que la gente silbe por la calle en pleno 2022. Melingo, aunque aseguró no tener esa meta, sugirió que quizás ya lo había logrado con su tema “Ayer”. Explicó que este tango ha sido incorporado al repertorio de muchos cantantes y, de alguna manera, ya forma parte de la memoria popular.

La obra de Melingo, que abarcó desde el sonido de su clarinete —un instrumento inusual en el rock— hasta la fusión de tango y fox trot en temas como la intro de “Linyera”, deja una huella imborrable. Su legado persiste, invitando a silbar sus melodías y a recordar a un artista que, como pedía Spinetta, hizo que «mañana fuera mejor».

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