Muerte en la Quinta de Olivos: a juicio la banda que extorsionó e indujo al suicidio a un soldado
La Justicia federal de San Isidro avanza en la causa por la muerte de Rodrigo Gómez, un sargento del Ejército Argentino que se quitó la vida mientras estaba de guardia en la Quinta Presidencial de Olivos. El fiscal federal Federico Iuspa elevó a juicio el requerimiento contra la banda de extorsionadores que, según la investigación, llevó al soldado a tomar la drástica decisión.
Gómez, de 21 años, se suicidó de un disparo en la cabeza el 16 de diciembre pasado, acorralado por las constantes exigencias de dinero. Los delincuentes lo amenazaban con “cajonear” una supuesta denuncia de la madre de una adolescente de 17 años, a quien el sargento había conocido en una aplicación de citas. La jueza federal de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, había procesado con prisión preventiva a siete integrantes de la organización criminal.
La extorsión desde la cárcel y el desesperado pedido de ayuda
Antes de su muerte, el sargento Gómez realizó varias transferencias por un total de 1.413.000 pesos a distintas cuentas bancarias. Sacó préstamos y pidió dinero a sus compañeros, pero los extorsionadores no cesaban en sus demandas. Mensajes de WhatsApp revelan su desesperación:
“No pude conseguir nada… Ya estoy jodido”
, escribió a las 23.17 del 15 de diciembre. Horas después, se arrodilló y se disparó con su fusil.
La investigación determinó que los dos cabecillas de la banda, Tomás Francavilla y Mauricio Duarte Areco, operaban desde la cárcel de Magdalena, mientras que su cómplice, Kevin Sandoval, lo hacía desde la Unidad 26 de Olmos, ambas dependientes del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB). Utilizaban teléfonos celulares desde sus celdas para ejecutar el plan criminal. La jueza Arroyo Salgado envió un oficio al ministro de Justicia bonaerense, Juan Martín Mena, para que se arbitren medidas y evitar el acceso de internos a dispositivos móviles. Tras esto, los delincuentes fueron trasladados a cárceles del Servicio Penitenciario Federal (SPF).
La operatoria de la banda incluía el robo de identidad de un oficial de la Policía de la Ciudad para intimidar a sus víctimas. El fiscal Iuspa destacó la “peligrosidad de la organización” por su estructuración, la utilización de la identidad policial y el desenlace fatal de uno de los casos.
Múltiples víctimas y el rol de las mujeres en la banda
Gómez no fue la única víctima de esta red de extorsión. El requerimiento de elevación a juicio presentado por el fiscal Iuspa hace referencia a otros tres casos. Uno de ellos ocurrió el 26 de diciembre, cuando otro hombre fue forzado a transferir 15.000 pesos a una billetera virtual vinculada con una de las imputadas. Un tercer episodio, entre el 22 y el 28 de diciembre, implicó un depósito de 116.000 pesos en cuentas de dos acusadas.
Además de los tres hombres mencionados, la causa cuenta con cuatro mujeres procesadas con prisión preventiva, quienes también son señaladas por su participación en la organización criminal. El fiscal solicitó que todos los siete imputados enfrenten un juicio oral por los delitos cometidos.
Los mensajes que revelan el calvario de Gómez
Los chats de WhatsApp, a los que tuvo acceso LA NACION, muestran la cronología del calvario de Gómez. El 15 de diciembre, a las 11.42, recibió un mensaje de la supuesta madre:
“Ya estoy llegando a la comisaría, tengo las fotos que le mandaste y las conversaciones”
. Luego, un audio de un presunto subteniente de una unidad de “Investigaciones contra la Pedofilia Infantil Cibernética” le exigía comunicación urgente.
Gómez, en su desesperación, escribió:
“No quiero tener problemas… ¿Qué puedo hacer? Sé que esto es muy grave. Ya sé que estoy en muchos problemas. Quiero solucionarlo todo”
. Tras una serie de llamadas y exigencias, realizó transferencias por 213.000, 400.000, 291.000 y 500.000 pesos. A las 18.44, su mensaje era desgarrador:
“He podido conseguir unos 300 mil más y de ahí ya no puedo pedir más préstamo… No puedo pedir más préstamo a nadie… No sé si con eso suma con lo que ya le he pasado… Si me puede servir o me puede ayudar con eso porque ya… ya… ya estoy en la quiebra ya… literalmente”
.
Sus últimos mensajes, a las 23.17, evidencian un estado límite:
“No pude conseguir nada… Ya estoy jodido”
y
“Mi vida ya no es más normal. Estoy mal, ya no sé qué hacer, estoy cansado y desesperado… Y de dónde sacaré la plata a estas horas de la noche… Yo ya estoy perdido”
. La última vez que escribió fue a las 23.59, respondiendo a una exigencia de comprobante:
“Bueno, hoy lo tendrás”
. La División Homicidios de la Policía Federal Argentina (PFA) participó en la investigación que desmanteló la banda.

