Girasol: Cómo lograr 2000 kilos más por hectárea y cerrar la brecha productiva
Argentina enfrenta una brecha productiva significativa en el cultivo de girasol, con un margen de mejora que alcanza el 35% a nivel nacional y un 30% en la región oeste, una zona clave para la oleaginosa. Esta situación, que implica la posibilidad de sumar hasta 2000 kilos más por hectárea, fue analizada por diversos especialistas durante la segunda edición del Congreso Puro Girasol, organizado por Advanta Semillas en Trenque Lauquen.
Los expertos coincidieron en que, más allá de los avances genéticos y tecnológicos, existe un «enorme margen de mejora» a partir de decisiones agronómicas más precisas y una gestión eficiente de los procesos. La clave, según los disertantes, no reside únicamente en la incorporación de insumos, sino en la correcta sincronización y aplicación de estos.
Manejo agronómico: la clave para la productividad
Diego Rotilli, referente en análisis de brechas productivas, subrayó que el girasol es un caso paradigmático donde la productividad depende en gran medida de la gestión agronómica. «Cuando analizamos las brechas productivas encontramos que muchas veces las limitaciones están asociadas a decisiones de manejo que pueden corregirse y que tienen un impacto muy importante sobre el resultado final», indicó el especialista durante su panel del jueves 11 de junio.
Rotilli también destacó el rol estratégico del girasol en los sistemas agrícolas modernos. Se lo considera un cultivo que aporta diversificación de riesgo, gracias a su baja correlación con otros cultivos estivales y su notable capacidad de adaptación a ambientes restrictivos. Esta característica lo posiciona como un pilar en sistemas que buscan estabilidad productiva y económica.
Entre los factores que más limitan el cierre de estas brechas productivas, el experto mencionó la disponibilidad de fósforo, la nutrición nitrogenada y aspectos cruciales del manejo como la fecha de siembra y la densidad de plantas.
Nutrición: oportunidad y eficiencia
Por su parte, Martín Díaz Zorita, investigador experto en fertilidad de suelos y nutrición de cultivos, enfatizó que la nutrición del girasol es, ante todo, una cuestión de oportunidad. «A diferencia de otros cultivos, donde muchas veces discutimos cantidades, en girasol debemos pensar especialmente en el momento en que los nutrientes están disponibles para la planta. La eficiencia de uso depende en gran medida de esa sincronización», señaló.
Díaz Zorita remarcó la importancia de estrategias nutricionales integrales. El fósforo es vital para una exploración radicular temprana y eficiente, lo que mejora la capacidad de la planta para capturar agua y nutrientes. El nitrógeno, en tanto, influye directamente en la generación de área foliar activa, esencial para la fotosíntesis posterior a la floración y, por ende, para la acumulación de aceite en el grano. Recomendó prestar especial atención a las aplicaciones de nitrógeno entre los estadios V6 y V8, momentos de alta demanda del cultivo.
Además, el investigador reveló el papel del azufre como regulador osmótico, ayudando a la planta a enfrentar el estrés hídrico, y del boro, esencial para la integridad estructural y para prevenir problemas como el «corte de cuchillo» en el capítulo.
Fertilización: una oportunidad de crecimiento
Finalmente, Matías Saks, responsable de Desarrollo de Mercado de Bunge Argentina, se refirió a la baja adopción de tecnologías de fertilización en el girasol. «El girasol representa apenas el 3 por ciento del consumo total de fertilizantes del país y las dosis promedio permanecen prácticamente estancadas entre 50 y 60 kilos por hectárea desde hace varios años», explicó.
Saks argumentó que el consumo nacional de fertilizantes se debe más a la expansión de hectáreas que a una mejora en las dosis aplicadas, lo que representa una «oportunidad enorme para capturar rendimiento». Propuso avanzar hacia esquemas de nutrición balanceada, adaptados a las necesidades específicas de cada ambiente productivo. «Hoy contamos con herramientas, modelos de recomendación y fuentes de nutrientes mucho más eficientes que permiten construir estrategias integrales. La incorporación de mezclas con azufre, tecnologías estabilizadas e inhibidores puede generar respuestas muy significativas», detalló.
En ambientes de alto potencial, Bunge ha registrado incrementos productivos superiores a los 2000 kilos por hectárea al corregir adecuadamente las limitantes nutricionales, un dato que reafirma el potencial de mejora en el cultivo.
«Eso demuestra que todavía existe un enorme margen de mejora»
El Congreso Puro Girasol reunió a productores, asesores, investigadores y referentes de toda la cadena, consolidándose como un espacio clave para debatir sobre los desafíos y oportunidades de un cultivo en expansión que busca seguir elevando sus niveles de productividad.

