Pichu Straneo y el «mejor trabajo de su vida»: de Videomatch a sorprender en el musical Anastasia
Con casi tres décadas de trayectoria, Pichu Straneo, el humorista uruguayo que se ganó el corazón del público argentino, atraviesa un momento de plenitud artística. Actualmente, sorprende en la cartelera porteña como parte del elenco de Anastasia, el ambicioso musical que lo encuentra explorando una faceta diferente, lejos de la comedia pura que lo hizo famoso.
Nacido en Montevideo, Oscar Fernando Straneo Díaz, de 58 años, comenzó su carrera en programas infantiles antes de cruzar el Río de la Plata y sumarse a Videomatch, el exitoso ciclo de Marcelo Tinelli. Esa experiencia lo catapultó a la fama, consolidándolo como uno de los humoristas más queridos del país. Sin embargo, su incursión en Anastasia marca un antes y un después en su carrera, una oportunidad para mostrar su versatilidad como actor, cantante e intérprete.
De la risa compulsiva al rigor del musical
La vocación de Straneo por hacer reír lo acompaña desde la infancia. «Me emociona porque siento que es la mejor devolución que puede recibir alguien que trabaja haciendo humor», confiesa. Esta necesidad de generar alegría, que incluso analizó en terapia, fue el motor que lo llevó a convertir el humor en su oficio.
La propuesta de Anastasia llegó en un momento en que el artista buscaba «explorar otros territorios». Aunque sus orígenes en el carnaval uruguayo le habían brindado herramientas para cantar y bailar, el encasillamiento como humorista dificultaba mostrar esas otras habilidades. «Apareció Anastasia y sentí que era la oportunidad para demostrar que también podía moverme dentro de una historia más compleja, con una construcción dramática y una exigencia artística diferente», explica, calificándolo como un desafío y un aprendizaje.
El teatro musical argentino, conocido por su alto nivel de profesionalismo, representó un «respeto e ilusión» más que un temor para Straneo. Destaca la «precisión extraordinaria» del género, donde la música, el movimiento y las transiciones están meticulosamente sincronizados. «Aprendí a respetar esos tiempos y a comprender la enorme maquinaria que hay detrás de cada función. También descubrí el nivel de compromiso que exige este género», afirma. Para él, Anastasia es «el mejor trabajo que hice en mi vida», una experiencia completa que lo exige en todas sus facetas y le permite mostrar un costado desconocido al público.
El legado uruguayo y la gratitud a Tinelli
Consultado sobre si se considera parte de una segunda generación de humoristas uruguayos exitosos en Argentina, siguiendo los pasos de figuras como Espalter o Carámbula, Straneo es categórico: «No, ni de casualidad. Nosotros no le podemos atar ni los cordones a esos monstruos. Los admiro demasiado y estamos muy lejos de ellos». Sin embargo, reconoce una «tradición artística muy fuerte» en Uruguay, marcada por el carnaval, la murga y el candombe, que dota a sus artistas de valiosas herramientas expresivas y una inclinación por un humor «pícaro, observador y sutil».
Antes de dedicarse plenamente al arte, Straneo se recibió de peluquero por insistencia de su padre, un «plan B por las dudas» que finalmente no necesitó. Sus primeros pasos en la televisión uruguaya, conduciendo un programa infantil, le brindaron experiencia para la gran oportunidad que cambiaría su vida: Videomatch.
Lo pensé bastante. Primero vinieron Álvaro (Navia) y Sebastián (Almada) y yo al tiempo. Porque además de irme bien, me estaba por casar con la que hoy es la madre de mis hijos. Tenía compromisos laborales en Uruguay y una vida bastante ordenada. Pero cuando apareció la posibilidad de trabajar con Marcelo Tinelli, entendí que era una oportunidad única. Como si te llamara el Real Madrid para jugar al fútbol. No tuve miedo pero sí precaución, porque nadie sabe qué puede pasar cuando se deja todo atrás. Pero también tenía una sensación muy fuerte de que debía intentarlo.
El humorista recuerda esos primeros meses en Buenos Aires como «difíciles y hermosos al mismo tiempo», viviendo con amigos uruguayos hasta que su esposa Mercedes y su hija Bianca se sumaron. La experiencia en Videomatch, con ratings de hasta 30 puntos, lo expuso a figuras internacionales como Julio Iglesias, Diego Maradona y Ricky Martin, e incluso lo llevó a «tocar en vivo con Celia Cruz«, un momento que describe como «único e irrepetible».
Tras el fin del humor en el programa de Tinelli, Straneo reconoce un período de «búsqueda» que lo llevó a radio y teatro, hasta que surgió Sin Codificar. Respecto a su relación con Marcelo Tinelli, no guarda cuentas pendientes. «Antes de irme tuvimos una conversación muy sincera. Pedí hablar con él, nos sentamos, hablamos y quedó todo muy claro», relata, destacando la frase de Tinelli: «Esto fue cincuenta y cincuenta». Straneo expresa gratitud y repudia a quienes hablan mal del conductor, asegurando que vivió una «etapa maravillosa» donde aprendió muchísimo.
Alejado de propuestas que no encajen en un contexto artístico, como ir a fiestas privadas o asados con desconocidos, Pichu Straneo, padre de Bianca (27) y Lucas, se define como «un uruguayo que vino a la Argentina a hacer lo que mejor sabe, que es divertir a la gente». Confiesa ser el «padre jodón», aunque la madre ocupa el rol de poner límites. Su hija Bianca fue, de hecho, quien lo motivó a hacer Anastasia y salir de su zona de confort. Con la mira puesta en el futuro, sueña con actuar en el Teatro San Martín y trabajar con figuras como Ricardo Darín o Diego Peretti, siempre buscando proyectos que lo entusiasmen, ya que «la pasión sigue siendo el motor más importante».

