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Filarmónica de Buenos Aires: ovación para la cumbre romántica de Goerner y Albrecht en el Colón

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La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires ofreció un concierto excepcional en el Teatro Colón, bajo la dirección del alemán Marc Albrecht, que exploró los Mundos románticos de Robert Schumann y Richard Wagner. La velada, que marcó el séptimo concierto de la temporada de la Filarmónica, destacó por la magistral colaboración entre Albrecht y el pianista Nelson Goerner, quien cautivó al público con su interpretación del Concierto para piano y orquesta en la menor, op. 54 de Schumann.

El programa, que unió a dos figuras aparentemente disímiles del Romanticismo, demostró cómo sus búsquedas de unificación formal pueden coexistir en una misma atmósfera musical. La propuesta fue recibida con cinco estrellas por la crítica, que resaltó la profundidad y el intimismo alcanzados en la primera parte del concierto.

La genialidad de Schumann y la maestría de Goerner

El Concierto para piano de Schumann se presentó como una obra inaugural, que se distingue por su naturaleza introspectiva y una economía temática de gran concentración. La versión ofrecida por Nelson Goerner al piano y Marc Albrecht en la dirección fue de «altísimo vuelo», siguiendo el desarrollo de un motivo mínimo pero fértil como si se tratara del personaje de una novela de formación.

Goerner iluminó cada recoveco armónico y motívico sin caer en la exterioridad ni en la blandura, logrando una cadenza en la que los dobles de Schumann, Eusebius y Florestan, se fusionaron en una sola identidad. La crítica subrayó la supremacía camarística alcanzada en la colaboración entre Goerner y Albrecht, donde el piano funcionó como un primus inter pares, revelando una transparencia pocas veces oída en esta pieza.

Tras su memorable interpretación, Goerner brindó dos piezas fuera de programa: un intermezzo de Brahms (el n° 2 del op. 118, con un rubato delicadísimo) y un preludio de Rachmaninov (el op. 23, n°2), que fueron recibidas con gran entusiasmo.

El universo de Wagner bajo la batuta de Albrecht

La segunda parte del concierto estuvo dedicada a Richard Wagner, con la interpretación de la Obertura de Die Meistersinger von Nürnberg, la obertura y bacanal de Tannhäuser, y los preludios de los actos I y III de Lohengrin. Marc Albrecht, reconocido por su refinamiento melódico y detallismo tímbrico, guio a la Filarmónica en una exploración de la inmaterialidad de las ideas que subyacen en los personajes wagnerianos.

La Obertura de Los maestros cantores fue descrita como una verdadera «imagen temática» de la obra, mientras que la obertura y bacanal de Tannhäuser se destacó como un ejemplo de construcción donde cada transición mínima estuvo subordinada y alumbrada por un diseño mayor. La fluidez alcanzada por Albrecht en el preludio de Lohengrin, considerado por Thomas Mann como «la cumbre del Romanticismo», dejó «sin aliento» al público.

La Filarmónica de Buenos Aires tuvo un «rendimiento fuera de serie en todas sus filas», con una mención especial para las maderas, donde se lució el clarinetista Mariano Rey. La noche concluyó con un merecido reconocimiento al primer violín Elías Gurevich, quien se retira de la orquesta, en lo que fue el último eslabón de una función «inolvidable de punta a punta».

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