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Etiquetado frontal: el Gobierno quiere derogar la ley y crece la polémica entre nutricionistas

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A fines de agosto, el Gobierno envió un proyecto al Congreso que busca la derogación de la Ley de Promoción de la Alimentación Saludable Nº 27.642, más conocida como Ley de Etiquetado Frontal. Esta iniciativa reavivó una controversia que acompaña a la normativa desde su puesta en marcha en agosto de 2022, polarizando a nutricionistas, investigadores y asociaciones civiles.

Mientras los impulsores de la ley, como docentes de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Escuela de Nutrición de la Universidad de Buenos Aires (UBA), defienden el texto original sancionado en 2021, la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), junto a otros profesionales, insta a una revisión y modificación de aspectos clave de la ley. Su principal crítica se centra en el sistema de perfilado de nutrientes, que consideran confuso y con “inconsistencias”, “desincentivos” y “errores” que pueden generar efectos contrarios a los deseados en la industria y los consumidores.

La paradoja de los sellos: menos calorías, más advertencias

El diagnóstico de la SAN es contundente: afirman que el etiquetado actual puede llevar a situaciones donde productos de una misma categoría y peso, sin sellos, contengan más nutrientes críticos (azúcares agregados, grasas saturadas y sodio) que otros con octógonos. Un ejemplo claro se observa en la góndola de quesos untables: una versión “común” de una marca conocida exhibe dos sellos (“exceso en grasas totales” y “exceso en grasas saturadas”), mientras su versión dietética, con menos sodio en la composición, suma un tercer sello de “exceso en sodio”.

Otro caso similar se da entre dos quesos de 290 gramos: uno sin sellos y otro con tres (grasas totales, grasas saturadas y sodio). Sin embargo, el producto sin octógonos presenta mayores porcentajes de grasas totales y grasas saturadas por porción que el que sí lleva las advertencias.

Sergio Britos, profesor adjunto de la carrera de Nutrición de la Universidad Católica Argentina (UCA) y miembro de la subcomisión de Ciencia de la SAN, explica que estas incongruencias no residen en el uso de los octógonos en sí, sino en el modelo de perfil de nutrientes adoptado por Argentina.

El perfil de nutrientes de la OPS, en el ojo de la tormenta

El sistema de sellos argentino se basa en el Modelo de Perfil de Nutrientes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). A diferencia de la mayoría de los países que utilizan límites fijos por cada 100 gramos de producto, Argentina, junto con México y Colombia, emplea umbrales móviles. Esto significa que los criterios para determinar el exceso de azúcares, grasas saturadas y grasas totales dependen de la densidad energética o calórica del producto. Es decir, el octógono se asigna según el porcentaje de energía que el nutriente crítico aporta a las calorías totales del alimento.

“Los nutricionistas, a los alimentos que tienen menos de 100 calorías cada 100 gramos, los llamamos productos de baja densidad calórica o hipocalóricos. Por ejemplo, un yogur tiene normalmente 60 y pico de calorías cada 100 gramos. Con el perfilado de nutrientes que se usa en la Argentina, cuanto más bajas son las calorías de un producto, por una cuestión matemática, mayor es la chance de que el producto tenga exceso de azúcar, de sodio o de grasas. Por lo tanto, este sistema de umbrales móviles perjudica a los alimentos con menos calorías.”

Sergio Britos, SAN

Britos añade que este sistema puede incentivar a la industria a “sumar calorías” para diluir la cantidad de nutrientes críticos y evitar un sello. Fuentes de la industria láctea confirmaron que, tras la sanción de la ley, muchos yogures iban a ser etiquetados con “exceso de sodio”. Para evitarlo, una de las soluciones fue aumentar el azúcar, modificando la proporción de sodio en el cálculo del etiquetado. No obstante, reconocen también que la ley impulsó la creación de yogures sin azúcar agregada.

Defensa del modelo y la postura de la FAO

Desde la vereda de los impulsores de la ley, la nutricionista e investigadora Andrea Graciano, docente de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la UBA, defiende el modelo de la OPS. Argumenta que este sistema, a diferencia de los umbrales fijos, evalúa las características nutricionales del producto independientemente de quién lo consuma y en qué cantidades. “El modelo de la OPS busca mantener coherencia con las recomendaciones nutricionales internacionales y con los objetivos de salud pública”, afirma Graciano, destacando también la aparición de yogures sin azúcar como un efecto positivo.

María del Pilar Varela, integrante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), también subraya la importancia de la ley. “No es una ley de etiquetado de alimentos, es una ley de promoción de la alimentación saludable, con muchos componentes de valor, por ejemplo, la publicidad dirigida a niños y la mejora de los entornos alimentarios”, sostiene Varela, quien estuvo involucrada en el proceso de sanción de la normativa. Desde la FAO, se enfatiza que, si bien toda ley es perfectible, “una cosa es mejorar una ley y robustecerla y otra cosa, por supuesto, es derogarla”.

La nutricionista Silvina Tasat, de la SAN y el Foro para la Alimentación, Nutrición y Salud (Fanus), si bien reconoce reformulaciones positivas en algunos productos, insiste en la necesidad de repensar la ley. Cuestiona la estricta vara del sistema: “Si todo tiene sello, nada tiene sello”, lo que desincentiva a la industria a bajar niveles de nutrientes críticos en productos como alfajores, galletitas dulces o mermeladas, donde el sello de “exceso en azúcares” permanece incluso si se reduce a la mitad el contenido de azúcar.

Hasta el momento, en Argentina se han realizado encuestas sobre el conocimiento y la opinión de los consumidores, quienes en su mayoría se muestran conformes con la ley. Sin embargo, no se han llevado a cabo estudios sobre el impacto real del etiquetado en el consumo de los argentinos ni en la producción industrial, una de las grandes deudas, según la SAN.

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