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Vaca Muerta: El origen del nombre de la formación geológica que impulsa la economía argentina

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Vaca Muerta, la formación geológica de hidrocarburos no convencionales que concentra el segundo reservorio de gas no convencional más grande del mundo y el cuarto de petróleo, es un motor clave de la economía argentina. Ubicada en la Cuenca Neuquina, abarca un área de aproximadamente 30.000 kilómetros cuadrados y, a menudo, se la confunde erróneamente con un yacimiento, cuando en realidad es una formación sedimentaria compleja.

Su producción, junto a la minería, ha llegado a aportar al país una cantidad de divisas comparable a la del sector agrícola, consolidándola como un pilar fundamental para el desarrollo energético y económico nacional. La Cuenca Neuquina, de hecho, es el epicentro de la actividad hidrocarburífera en Argentina, concentrando la mayor cantidad de equipos de perforación activos en el país. Durante el primer semestre de 2024, se perforaron entre 195 y 203 pozos en Vaca Muerta, según datos del gobierno de Neuquén.

El curioso origen de un nombre emblemático

La particular denominación de Vaca Muerta fue acuñada en 1931 por el geólogo estadounidense Edwin Weaver. El profesional tomó el nombre de la sierra homónima donde realizó sus hallazgos iniciales. Aunque no existe documentación precisa, se barajan dos teorías principales sobre el origen del nombre de la sierra: una sugiere que el perfil de sus montañas se asemeja a una vaca recostada, mientras que otra postula que las rocas de gas y petróleo emanaban un olor similar al de un animal fallecido.

Weaver, doctor en geología y paleontología, junto con Pablo Groeber años más tarde, llevaron a cabo una exhaustiva investigación en la región noroccidental de Zapala, en Neuquén. Sus estudios confirmaron que todos los fósiles hallados en las sedimentitas de la formación Vaca Muerta provenían de la Edad Jurásica, un período geológico de gran relevancia.

Ambos investigadores, conmovidos por la riqueza de materia orgánica presente en las margas bituminosas —rocas compuestas por calcita y arcillas—, sentaron las bases para comprender la importancia geológica de la región. Weaver, en 1931, y Groeber, en 1946, fueron pioneros en el estudio de esta formación.

Del Jurásico al Cretácico: la delimitación de la Cuenca Neuquina

El estudio geológico liderado por Weaver y Groeber fue crucial para establecer el límite cronológico en la columna sedimentaria de la Cuenca Neuquina. Mientras la formación Vaca Muerta se remonta al Jurásico, la formación Quintuco, también denominada por Weaver en 1931, marca el inicio de la depositación del Cretácico.

Hacia el este, la geología de la región presenta variaciones significativas, con cambios laterales hacia calizas, areniscas calcáreas y conglomerados, que culminan en las arcilitas continentales de la formación Puesto González. Esta diversidad geológica subraya la complejidad y riqueza de la Cuenca Neuquina.

Existe una confusión técnica frecuente entre especialistas, particularmente con ingenieros ingleses, quienes suelen clasificar a estas rocas como “esquistos”. Sin embargo, el análisis geológico preciso indica que, a diferencia de las rocas metamórficas que presentan esquistosidad por efecto del calor, las sedimentarias de Vaca Muerta mantienen sus planos de estratificación sin alteraciones térmicas. Aunque en América del Norte existen yacimientos donde los hidrocarburos provienen de niveles con esquistosidad, el caso argentino se distingue por sus características netamente sedimentarias.

La precisión en la nomenclatura es fundamental. Según la resolución 1040/09, cada trampa debe recibir el nombre y la sigla oficial correspondiente a su pozo. Esta rigurosidad en la comprensión de la litología y la denominación asegura el éxito en las operaciones de extracción y garantiza el aprovechamiento óptimo de esta formación clave en la geografía nacional.

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