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Innovación argentina: Crean tecnología con bacterias para reparar fisuras en el hormigón

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Dos científicas argentinas, Anabela Guilarducci y María Gabriela Paraje, lideran un desarrollo biotecnológico innovador para la industria de la construcción. A través de su startup CalFix, crearon una formulación capaz de sellar fisuras en estructuras de hormigón utilizando bacterias, un avance que promete prolongar la vida útil de las construcciones y reducir el impacto ambiental.

El proyecto surgió en 2015, cuando Guilarducci, especialista en materiales de construcción, y Paraje, microbióloga, se conocieron en España. Inspiradas por el uso de microorganismos para reparar construcciones en piedra en Europa, conceptualizaron la aplicación de una tecnología similar para el hormigón. Las pruebas de laboratorio ya demostraron que el sellador de CalFix puede reparar fisuras de hasta cuatro milímetros en menos de una semana.

La ciencia detrás de la «autorreparación»

El trabajo comenzó en el CECOVI de la UTN Santa Fe, donde se fabricaron los primeros hormigones de prueba. En paralelo, en los laboratorios de la Universidad Nacional de Córdoba, Paraje, farmacéutica, bioquímica, doctora en ciencias químicas e investigadora del CONICET, identificó el microorganismo adecuado y las condiciones necesarias para que sobreviva en el hostil ambiente del hormigón. “Con esta formulación logramos que este proceso natural sea más rápido, más efectivo y que produzca la forma más estable de calcita”, explica Paraje.

La bacteria utilizada no es nueva ni fue creada en laboratorio; es un microorganismo no patógeno certificado por la Organización Mundial de la Salud, ya presente en la industria. El equipo de CalFix optimizó su capacidad para producir calcita, un material compatible con el hormigón, mediante un proceso denominado mineralización inducida biológicamente. Este proceso permite que la bacteria actúe, genere el material que sella la fisura y luego desaparezca en 24 a 48 horas, sin dejar rastro ni alterar las propiedades del hormigón.

Actualmente, CalFix desarrolló dos productos. El primero es un sellador para estructuras existentes, destinado a reparaciones. El segundo, más ambicioso, es un aditivo para hormigón nuevo, que incorpora microorganismos latentes que se activan automáticamente ante la aparición de fisuras. Mientras el sellador ya cuenta con pruebas a escala, el aditivo se encuentra en una fase más inicial de desarrollo.

Guilarducci, licenciada y doctora en química del CECOVI de la UTN Santa Fe, destaca una ventaja clave: “A diferencia de los selladores poliméricos, que tienden a fisurarse por variaciones de temperatura al ser de naturaleza distinta al hormigón, la calcita producida por las bacterias es compatible con la estructura del material”.

Impacto económico y ambiental

El hormigón es el segundo material más utilizado en el mundo después del agua, y su producción es altamente contaminante debido a las emisiones de dióxido de carbono generadas por el cemento. “Si podemos alargar la vida útil de una estructura, evitamos generar residuos y que se tenga que volver a usar cemento para reemplazarla. Por eso nuestro desarrollo permitiría a las constructoras obtener importantes ahorros económicos y un menor impacto ambiental”, subraya Guilarducci.

El mercado global de reparación de hormigón, al que apunta el sellador de CalFix, mueve 20.000 millones de dólares, mientras que el de la autorreparación, donde se insertaría el aditivo, alcanza los 60.000 millones de dólares. “Las empresas constructoras están ávidas por nuestras soluciones porque el hormigón siempre se fisura, incluso cuando está perfectamente ejecutado. Las microfisuras son inevitables, y si no se tratan a tiempo, derivan en problemas estructurales que terminan requiriendo reparaciones costosas o el reemplazo completo”, explica Guilarducci.

De la academia al ecosistema emprendedor

El proyecto CalFix dio un salto significativo en 2025, cuando el fondo de capital de riesgo GridX, especializado en biotecnología, seleccionó la propuesta para su programa Ignite. Esta inversión inicial permitió la constitución formal de la startup. Al equipo se sumó Pablo Montequín, abogado especializado en propiedad intelectual y transferencia tecnológica, quien opera desde Europa y se desempeña como CEO, mientras que Guilarducci es la Directora Tecnológica y Paraje la Directora Científica.

Recientemente, CalFix fue seleccionada para el programa Blueprint de The Engine, la aceleradora del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Guilarducci resalta la calidad de las sesiones y el acompañamiento recibido, que les brindó herramientas empresariales clave en áreas como modelo de negocio, propiedad intelectual y financiamiento. La experiencia culminó con la presentación del proyecto en la Universidad de Harvard, donde recibieron el interés del Dr. David Weitz, un reconocido físico, quien expresó su deseo de ser asesor de CalFix.

A pesar de los logros, las científicas reconocen que la transición del mundo académico, donde el éxito se mide en publicaciones, al empresarial, con proyecciones de facturación e inversiones, es un desafío constante. Las universidades, incluyendo la UTN, la UNC y el CONICET, aportaron los recursos iniciales para la investigación y comparten la titularidad de la patente.

CalFix es la primera startup biotecnológica de toda la UTN, un hito que, para Guilarducci, “pone en evidencia la capacidad del sistema científico argentino para generar conocimiento de calidad internacional y desarrollarlo con potencial transferencia e impacto real”. El próximo paso de la startup es realizar las primeras pruebas piloto en estructuras reales, para lo cual buscan nuevos inversores. El foco principal se trasladará entonces al aditivo, el producto que más entusiasmo generó en el MIT y Harvard, y que se perfila como el diferencial global de CalFix.

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