Crimen de Agostina: la desidia policial y judicial en foco por la final de fútbol
El femicidio de Agostina Vega en Córdoba, cuyo cuerpo fue hallado en un basural días después de su desaparición, puso en evidencia una vez más la desidia de las fuerzas de seguridad y el sistema judicial argentino. El caso, que conmocionó a la provincia, revela un patrón recurrente de demoras y prioridades cuestionables que se agravaron por la coincidencia con una importante final de fútbol.
Agostina desapareció un sábado por la noche, y la denuncia se realizó el domingo, jornada en la que se disputaba la gran final del fútbol argentino entre River y Belgrano en Córdoba. El ministro de Seguridad provincial, reconocido hincha de Belgrano, fue entrevistado en el estadio, mientras la Policía concentraba sus recursos y atención en el evento deportivo. La noche del domingo, Belgrano se consagró campeón, y los festejos multitudinarios mantuvieron a las fuerzas de seguridad ocupadas, mientras Agostina permanecía desaparecida.
Demoras y polémica reacción judicial
El lunes, feriado nacional por el 25 de Mayo, contribuyó a la ralentización de la búsqueda. Recién el martes, con la noticia de la desaparición de Agostina ganando tracción en los medios, la atención comenzó a centrarse en el caso. El cuerpo de la adolescente fue encontrado el fin de semana siguiente en un basural, ya con todos los focos mediáticos sobre la investigación.
La reacción del fiscal a cargo del caso, identificado como Garzón en la fuente, generó fuerte polémica. Consultado sobre la autocrítica de los investigadores, respondió tajante:
“Absolutamente ninguna”.
En la misma conferencia de prensa, destacó el trabajo de un perro en la búsqueda de los restos de Agostina, sugiriendo:
“Habría que darle una medalla”. Al perro.
Un patrón de inacción y sobreactuación
Este caso no es un hecho aislado. La fuente lo compara con la desaparición de Nair Mostafá en Tres Arroyos en 1989. En aquella ocasión, la denuncia llegó en la víspera de Año Nuevo, y la policía demoró la acción hasta después de los festejos. Horas más tarde, el cuerpo de Nair, de 9 años, fue hallado violado y asfixiado. La indignación vecinal provocó una respuesta desmedida: 12 detenidos en 12 días, pero ningún culpable, demostrando que la sobreactuación, al igual que la inacción, es cómplice de la impunidad.
En el caso de Agostina, un sospechoso fue detenido. Se trata de un hombre vinculado al mundo de las barras bravas y los punteros políticos, quien fue visto entrando y saliendo de su casa tranquilamente después del crimen. Hace un año, otra adolescente había logrado escapar semidesnuda de la misma vivienda. El sospechoso fue acusado y detenido en aquel entonces, pero un mes después ya estaba libre y trabajando en la Municipalidad.
La fuente también recuerda el caso de Sofía Herrera, que impulsó la creación del protocolo Alerta Sofía para la búsqueda rápida de menores. Sin embargo, en el caso de Agostina, esta alerta se activó con dos días de retraso. La inercia de la desidia impone una metodología que prioriza la falsa alarma, con preguntas como: “¿Es adolescente? ¿Ya se había ido de su casa? ¿Se peleó con la mamá? ¿Tenía un noviecito? Ya va a volver.”
La problemática central, según el fiscal Garzón, radica en la conceptualización inicial del hecho:
“No me dijeron que tenía que investigar un crimen sino una desaparición”
. Esta frase subraya la falla sistémica: lo que comienza como una desaparición, a menudo se transforma en un crimen, pero cuando se reconoce como tal, ya es demasiado tarde.

