Mundial 2026: Argentina eliminó a Inglaterra en una batalla histórica y jugará la final
La semifinal del Mundial 2026 entre la Selección Argentina e Inglaterra en Atlanta trascendió lo estrictamente futbolístico para convertirse en una batalla de alta tensión. En un encuentro que por momentos se asemejó más a un combate físico que a un partido de ajedrez táctico, el conjunto dirigido por Lionel Scaloni mostró mística y carácter para revertir un resultado adverso, sellar un épico 2-1 sobre la hora y clasificar a la gran final de la Copa del Mundo, donde se medirá ante España.
Fútbol físico y una marca histórica en Atlanta
Desde el pitazo inicial del árbitro estadounidense Ismail Elfath, el partido estuvo marcado por la extrema fricción. El juego brusco y la presión asfixiante de ambos lados se tradujeron en estadísticas inusuales para esta instancia de una Copa del Mundo: se registraron 19 faltas en los primeros 45 minutos (12 de Argentina y 7 de Inglaterra). La paridad y el temor a cometer errores anularon las ofensivas a tal punto que, por primera vez desde que la FIFA lleva registros estadísticos oficiales en 1966, un partido mundialista no registró un solo remate al arco durante la primera media hora de juego.
La intensidad argentina se hizo sentir temprano. A los 5 minutos de juego, Giuliano Simeone ya había cometido la tercera infracción del equipo nacional, evidenciando una disposición absoluta para disputar cada pelota dividida al límite. Poco después, Enzo Fernández y el inglés Elliot Anderson protagonizaron un fuerte cruce en el suelo que requirió la inmediata intervención arbitral para evitar que la situación pasara a mayores.
Paredes contra Bellingham: el duelo que marcó el ritmo
El foco de conflicto principal de la tarde en Atlanta tuvo nombres propios: Leandro Paredes y Jude Bellingham. El mediocampista surgido en Boca Juniors fue a buscar a la estrella del Real Madrid desde el vestuario. Apenas a los 3 minutos, Paredes lo presionó y lo empujó por la espalda, decretando el inicio de un duelo personal que duraría todo el encuentro. El punto álgido de este enfrentamiento ocurrió a los 16 minutos, cuando Paredes barrió limpiamente a Bellingham para recuperar el balón, una acción defensiva que las tribunas argentinas celebraron con la misma euforia que un grito de gol.
El juego brusco eventualmente trajo las tarjetas. A los 36 minutos, Anderson vio la tarjeta amarilla tras derribar con una violenta patada a Lionel Messi, quien acababa de eludir a Spence, Kane y Gordon en una de sus clásicas apiladas. Sobre el cierre de la primera mitad, a los 42, fue Lisandro Martínez quien recibió la amonestación en Argentina tras cortar con una falta táctica un peligroso contragolpe británico.
Remontada épica y escándalo en el final
El complemento ofreció las emociones que escasearon en el inicio, aunque sin bajar las revoluciones. A los 55 minutos, Anthony Gordon aprovechó una oportunidad para poner en ventaja a Inglaterra. Obligada a reaccionar, Argentina adelantó sus líneas y encontró la recompensa sobre el cierre del partido. A los 85 minutos, Enzo Fernández estampó el empate y, cuando el tiempo suplementario parecía inevitable, Lautaro Martínez apareció a los 92 minutos para definir el 2-1 definitivo y desatar la locura argentina.
Los instantes finales y el postpartido sumaron nuevos capítulos de tensión. Con el resultado a favor, Messi retuvo el balón en mitad de cancha, recibió una infracción y se arrojó sobre la pelota para asegurar la posesión. Inmediatamente, Harry Kane, Anderson y Dan Burn lo rodearon de forma amenazante, lo que provocó la rápida reacción de Alexis Mac Allister para defender al capitán argentino.
Tras el pitazo final, la frustración inglesa quedó en evidencia cuando Bellingham irrumpió en los festejos albicelestes y le propinó un golpe en la nuca a Valentín Barco. El ‘Colo’ respondió con un empujón antes de que Nico Paz interviniera para separar a los futbolistas y evitar una gresca generalizada. Cuarenta años después de la histórica gesta de 1986, Argentina volvió a dejar en el camino a Inglaterra en una cita mundialista, esta vez con una dosis extrema de templanza, fútbol y coraje.

