Sociedad

Monóxido de carbono: el «asesino silencioso» que mata a 200 personas al año en Argentina

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Con el inicio del invierno, las estufas, calefones, termotanques y cocinas vuelven a ser protagonistas en los hogares argentinos. Sin embargo, detrás del confort que brindan, se esconde un riesgo latente y recurrente: las intoxicaciones por monóxido de carbono, una problemática que cada año genera mayor preocupación y se cobra vidas.

Paralelamente, en un contexto de tarifas de servicios sensibles para el bolsillo, el frío también impulsa a los usuarios a revisar con atención el uso del gas y a adoptar hábitos que permitan reducir el valor de la factura, sin comprometer la seguridad.

El monóxido de carbono es conocido como el “asesino silencioso” por su naturaleza imperceptible: no tiene olor, color ni sabor, no irrita ni avisa de su presencia. Se origina por la combustión incompleta de gas natural u otros combustibles con carbono, como leña, carbón, kerosene o gas envasado. Esto significa que el riesgo no se limita al gas natural, sino que puede aparecer en cualquier vivienda con un artefacto que queme mal, una instalación deficiente o una ventilación obstruida.

Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, alrededor de 200 personas mueren anualmente en Argentina y unas 40.000 resultan afectadas por la inhalación de este gas altamente tóxico. “Es un número importantísimo que justifica cada una de las acciones de prevención”, advierte Sergio Felice, jefe de Seguridad de Camuzzi.

Metrogas, en su zona de distribución (Ciudad de Buenos Aires y 11 partidos del conurbano bonaerense), registró en 2023 la muerte de 15 personas y la hospitalización de otras 82 por intoxicación. En lo que va de este año, la empresa ya documentó 16 intervenciones por episodios de monóxido, con 28 personas afectadas y seis fallecimientos. El riesgo persiste durante todo el año, pero se acentúa en invierno debido al cierre de las casas, menor ventilación y el uso intensivo de artefactos de calefacción que estuvieron inactivos por meses. Una estufa sin mantenimiento, un calefón con tiraje bloqueado o una rejilla de ventilación tapada pueden convertirse en una amenaza mortal.

“La intoxicación por monóxido de carbono puede evitarse y desde la compañía no vamos a detenernos en esta lucha hasta que el número de accidentes fatales descienda a valores mínimos”, sostuvo Alejandro Di Lázzaro, director de Asuntos Corporativos y Comunicación de Metrogas.

Qué artefactos pueden generar monóxido y los errores comunes

“Cualquier artefacto que funcione con combustión puede generar monóxido si quema mal o si sus gases no salen correctamente al exterior”, explica Felice. En la práctica, los incidentes suelen estar vinculados a estufas, calefones, termotanques, hornallas u hornos. El especialista de Camuzzi señala que el escenario varía: algunos años predominan los incidentes por calefones o termotanques con tirajes defectuosos, mientras que otros se asocian a estufas sin mantenimiento o mal ubicadas. Por ejemplo, en dormitorios solo están permitidas las estufas de tiro balanceado, siempre que estén bien instaladas y mantenidas.

Un punto crítico son las rejillas de ventilación. Muchas personas las tapan en invierno para evitar el frío, una decisión que, aunque parezca insignificante, es extremadamente peligrosa. Estas rejillas son vitales para la renovación del aire y para prevenir la acumulación de gases tóxicos.

“Ese frío mínimo que entra por la rejilla es el costo que uno debe pagar para estar seguro dentro de su casa”, resume Felice.

En intervenciones por intoxicaciones o muertes, los equipos técnicos suelen encontrar rejillas bloqueadas con muebles, cuadros, cintas u otros elementos.

La señal clave para detectar el peligro y lo que nunca hay que hacer

Dado que el monóxido es imperceptible, existen señales indirectas que pueden advertir un mal funcionamiento. La principal, según el especialista de Camuzzi, es el color de la llama: en cocinas, estufas, calefones o termotanques, debe ser azul, estable y pareja. Una llama amarilla, naranja o rojiza indica una mala combustión.

También hay que prestar atención a manchas negras en paredes, techos, artefactos o alrededor de calefones o termotanques. “No es normal que la pared sobre una estufa esté ennegrecida ni que la chapa de un calefón aparezca manchada. En esos casos, la recomendación es apagar el artefacto y llamar a un gasista matriculado”, enfatiza Felice.

Tanto Metrogas como Camuzzi coinciden en que una de las prácticas más riesgosas es usar la cocina o el horno como método de calefacción. “Las hornallas y el horno están diseñados para cocinar, no para calentar una casa”, subrayan. La combustión deficiente en un ambiente cerrado puede elevar la concentración de monóxido y provocar dolor de cabeza, náuseas, vómitos, pérdida de conciencia y hasta la muerte.

Medidas de prevención y cómo ahorrar gas

Para prevenir intoxicaciones, los especialistas recomiendan:

  1. Mantenimiento anual: Realizar una revisión de los artefactos una vez al año por un gasista matriculado, preferentemente antes del frío. Incluye quemadores, ventilación, tirajes y salidas al exterior.
  2. Ventilación permanente: Nunca tapar las rejillas de ventilación. Si hay un problema, mantener una ventana abierta.
  3. Controlar la llama: Debe ser azul y estable. Si es rojiza o anaranjada, indica mala combustión.
  4. Detectar hollín: Manchas negras sobre el artefacto son señal de mal funcionamiento. Apagar el equipo y llamar a un profesional.
  5. Uso correcto de los artefactos: Jamás usar hornallas u horno para calefaccionar. En dormitorios, solo estufas de tiro balanceado.

Ante la sospecha de intoxicación, es crucial ventilar de inmediato, abrir puertas y ventanas, apagar los artefactos y salir del ambiente. Si hay una persona afectada, llamar al servicio de emergencias.

En cuanto al ahorro de gas, aunque no hay una receta mágica, sí existen hábitos eficientes:

  • No calefaccionar ambientes vacíos ni dejar estufas prendidas todo el día o al ventilar.
  • Ventilar con criterio: abrir un tiempo razonable para renovar el aire, evitando que los artefactos trabajen al máximo mientras el calor se escapa.
  • Reducir el tiempo de ducha y regular la temperatura del calefón o termotanque para evitar mezclar en exceso con agua fría.
  • En la cocina, el horno consume mucho más que una hornalla (equivalente a tres). Evaluar si es necesario su uso.
  • Usar ollas o sartenes pequeñas sobre hornallas chicas para porciones reducidas. La llama no debe sobresalir del recipiente.
  • Colocar burletes en puertas y ventanas para evitar filtraciones y conservar la temperatura interior.
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