Selección Argentina: la ilusión mundialista se afianza con Messi, carácter y un equipo versátil
La Selección Argentina se prepara para enfrentar a Cabo Verde con la convicción de que la victoria debe merecerse, una lección que ya dejó el Mundial con la eliminación de equipos que “entraron por la ventana”. A pesar de la clara superioridad sobre su próximo rival, el combinado nacional deberá demostrar su jerarquía con la seriedad que lo caracteriza en este tipo de encuentros. La reciente actuación de Paraguay contra Alemania sirvió como recordatorio para todos los candidatos: la chapa no es suficiente y los triunfos se buscan, no se regalan.
La ilusión de un nuevo Mundial glorioso se sustenta en argumentos sólidos. Más allá de la presencia de Lionel Messi, la ambición y el carácter del plantel, se destaca un equipo que sabe rodear a su capitán. El cuerpo técnico liderado por Lionel Scaloni ha roto con la idea de imponer siempre las mismas condiciones, adaptando el juego en función del rival. Argentina no siempre juega igual y, lejos de obsesionarse con copiar sus producciones más recordadas, no tiene reparos en, por momentos, parecer un equipo aburrido.
El control como estrategia defensiva y ofensiva
El concepto de “aburrir” en este contexto implica bajar el ritmo y evitar el golpe por golpe. Scaloni y su equipo buscan prioritariamente evitar que el equipo quede desarmado ante una pérdida de balón, como se vio en el gol de Japón a Brasil. La Selección Argentina, en 270 minutos de juego más descuentos, nunca fue contraatacada de forma efectiva. Si bien no enfrentó adversarios extremadamente exigentes, la estrategia de pases cortos y compañeros cercanos impide que los rivales progresen. Controlar la pelota no solo sirve para atacar bien, sino, fundamentalmente, para defender mejor.
Esta metodología lleva a la selección a armar desarrollos lentos, especialmente cuando está en ventaja. Las victorias parciales se defienden desde el control del juego, más que desde la búsqueda constante de un segundo gol. En el ataque, el equipo busca y encuentra a Messi. En defensa, la prioridad es que el '10' no se desgaste en la presión. Con un jugador menos presionando, el equipo pasa a una fase de repliegue en campo propio, donde espera sin impaciencia.
Desafíos individuales y la necesidad de aceleración
A pesar de este juego prolijo, la selección deberá incorporar más ráfagas de aceleración. Thiago Almada emerge como una referencia en este aspecto. Capaz de retroceder y ayudar en defensa, su mejor faceta es la ofensiva. Sus últimas actuaciones, como la acción del primer gol a Austria y su ingreso contra Jordania, muestran un camino ascendente que podría convertirlo en un socio principal.
En el plano individual, existen focos de atención. Cristian “Cuti” Romero llegó con un margen de recuperación mayor al esperado, pero un nuevo golpe en la rodilla generó un retroceso. Si bien Argentina cuenta con excelentes centrales, un Romero en su mejor forma es la máxima garantía, combinando la fiereza de Nicolás Otamendi y la salida criteriosa de Lisandro Martínez. Por otro lado, Julián Álvarez, quien volvió a la titularidad tras su lesión en la Champions League, muestra una falta de ritmo evidente. La presencia de Lautaro Martínez ofrece un reaseguro importante, manteniendo la competencia en el puesto en un nivel ideal.
La Selección Argentina eleva su producción a medida que sube la exigencia del rival, una mentalidad que, según los propios jugadores, los beneficia. El equipo aún no ha sufrido las inclemencias de un Mundial con clima húmedo, una condición que enfrentará en Miami contra Cabo Verde. El recorrido mundialista implica sortear obstáculos, y si bien el fixture puede ayudar, es el nivel de la selección lo que mantiene viva la ilusión. El campeón reinante se posiciona como uno de los candidatos, pero la cautela invita a disfrutar el presente sin adelantarse al desenlace.

