Colectivo de la línea 60: el viaje que Messi transformó en fiesta mundialista
Un inusual clima de festejo se apoderó de un colectivo de la línea 60 durante el partido entre la Selección Argentina y Austria. Mientras gran parte del país se paralizaba para seguir el encuentro, un interno que conectaba San Isidro con Barracas se convirtió en una tribuna improvisada, donde los goles de Lionel Messi desataron la euforia de los pasajeros y el chofer.
La escena, relatada por el diario Clarín, muestra cómo la cotidianidad del transporte público se vio alterada por la pasión futbolística. El chofer del colectivo no dudó en sintonizar el partido, transformando el habitáculo en un espacio de comunión nacional. Cada gol de la Albiceleste era celebrado con gritos y aplausos, creando una atmósfera de alegría y camaradería entre desconocidos. “Ojalá todos los días fueran así”, expresó uno de los presentes, reflejando el espíritu festivo que invadió el viaje.
Las calles vacías y la excepción del colectivo
Mientras la mayoría de los argentinos se congregaba frente a televisores, las calles presentaban un movimiento inusual, casi desértico. Sin embargo, para algunos, las obligaciones laborales o personales hicieron que el viaje en colectivo fuera inevitable. En este contexto, el interno de la línea 60 se erigió como un refugio para aquellos que, a pesar de estar en tránsito, no quisieron perderse ni un minuto del desempeño de la selección.
La experiencia no solo evidenció el fervor que despierta el fútbol en Argentina, sino también la capacidad de adaptación y el ingenio de la gente para vivir estos momentos. El colectivo, tradicionalmente un espacio de rutina y silencio, se transformó en un epicentro de emoción compartida, demostrando que la pasión por la Selección trasciende cualquier barrera o circunstancia.

