Selección Argentina: la «mesa chica» que sostiene al grupo en la cuenta regresiva mundialista
KANSAS CITY, Estados Unidos.- En el Compass Minerals National Performance Center, el sonido de las cámaras de fotos rompe el silencio del vestuario cada vez que un jugador de la Selección Argentina aparece en el césped. Mientras los flashes persiguen a Emiliano Martínez para evaluar su mano o a Nicolás Tagliafico y Marcos Senesi por su estado físico, y la atención se centra en la millonaria oferta por Julián Álvarez o el presente goleador de Lautaro Martínez, hay un grupo que concentra una atención especial. No solo por su aporte en la cancha, sino porque son quienes marcan el pulso del día a día del equipo.
Lionel Messi, Rodrigo De Paul, Nicolás Otamendi y Leandro Paredes conforman este núcleo. Con perfiles muy distintos, son los encargados de sostener la convivencia, mantener el rumbo ante los contratiempos y, ahora, conducir al plantel en la cuenta regresiva para la defensa del título mundial, con el debut frente a Argelia cada vez más cerca.
La gestión de la incertidumbre y el rol de los referentes
La previa no fue sencilla. El cuerpo técnico de Lionel Scaloni debió lidiar con una serie de lesiones, recuperaciones contrarreloj y dudas sobre la disponibilidad de jugadores clave como Dibu Martínez, Cristian Romero, Leonardo Balerdi, Nahuel Molina, Gonzalo Montiel, Nicolás González, Nicolás Tagliafico, Nicolás Paz, Julián Álvarez y el propio Paredes. Incluso fue necesario modificar la lista definitiva. Sin embargo, fue en este escenario donde el grupo de referentes asumió un papel crucial: se ocupó de que la incertidumbre no alterara el clima de la concentración.
Este rol se ha gestado de manera natural. Muchos de estos futbolistas comparten plantel desde hace casi ocho años, habiendo transitado juntos todas las etapas posibles. Messi y Otamendi, por ejemplo, vivieron años de frustración sin poder dar la vuelta olímpica. Luego llegó el crecimiento del ciclo Scaloni, con las Copas América de 2021 y 2024, la Finalissima y el Mundial de Qatar. Este recorrido no solo les dio experiencia, sino una autoridad que trasciende la cinta de capitán o las decisiones del entrenador.
Esto no significa que sean los únicos con influencia en el vestuario. De hecho, la selección cuenta con otros campeones del mundo y jugadores de trayectoria similar, como Emiliano Martínez, Lautaro Martínez o Nicolás Tagliafico, quienes tienen un lugar relevante. Pero la “mesa chica” de Messi, De Paul, Otamendi y Paredes es la que conduce la vida cotidiana del plantel. A su alrededor, se consolidó una segunda línea de peso, integrada por Giovani Lo Celso, Enzo Fernández, Lisandro Martínez y Cristian Romero, quienes, aunque no llevan la voz cantante, acompañan y ayudan a sostener la dinámica interna del ciclo.
Liderazgos diversos y la conexión con Scaloni
Cada referente ejerce su liderazgo de manera particular. Otamendi, con un perfil más firme, es quien suele ordenar cuando es necesario y no oculta su admiración por Messi. De Paul es el motor del grupo desde la energía y el humor, además de ser uno de los más cercanos al capitán. Paredes, incluso durante su recuperación por lesión, mantuvo un lugar central en la convivencia y tiene línea directa con Scaloni. Messi, sin necesidad de exponerse excesivamente, mantiene una influencia reconocida por todos; es quien tiene la última palabra cuando surge una cuestión que involucra al grupo.
“Cuando surge una cuestión que involucra a todos, es quien tiene la última palabra.”
Este funcionamiento también explica la sólida relación entre el plantel y el entrenador. Scaloni y Messi se conocen desde hace 21 años, desde el Mundial de Alemania 2006, y esa confianza se fortaleció con el tiempo. El técnico se apoya en los futbolistas de mayor ascendencia para medir el clima interno, y ellos entienden las necesidades del cuerpo técnico. Esta confianza mutua permite a Scaloni tomar decisiones difíciles con la tranquilidad de que serán comprendidas puertas adentro.
El objetivo colectivo prevalece sobre cualquier situación individual. Otamendi, por ejemplo, esperó su momento cuando Lisandro Martínez se ganó un puesto en la última Copa América. Paredes estuvo pendiente de su recuperación y su lugar en la lista. En medio de estas dudas, Messi publicó fotos grupales en sus redes, un gesto simple que sirvió para mostrar la unidad del plantel a pesar de las dificultades.
Una identidad consolidada y el impacto en los más jóvenes
La sintonía se evidencia también en los entrenamientos. Cuando el trabajo se divide en grupos, los referentes suelen permanecer juntos, riendo, comentando los ejercicios y atentos a lo que sucede. Las últimas semanas, con varios futbolistas entrenándose aparte y dudas sobre el equipo, fueron una prueba para este armado. Sin embargo, la rutina nunca se alteró significativamente. Tanto en el complejo de Sporting Kansas City como en el hotel Origin, la sensación fue de un grupo acostumbrado a estas situaciones, manejándolas con tranquilidad y sin perder el foco.
El bagaje compartido también influye. A esta altura, los referentes saben cómo administrar las energías en una competencia larga, cuándo bajar una marcha, manejar los tiempos de descanso y qué hábitos son clave para llegar de la mejor manera a cada partido. Estos detalles, incorporados con los años, hoy forman parte de una identidad muy marcada. Los más jóvenes no necesitan demasiadas explicaciones: llegan y encuentran una forma de trabajar ya instalada.
La “vieja guardia” está compuesta por futbolistas con personalidades y formas de ejercer el liderazgo muy distintas, pero todos alineados detrás de una misma idea y conducción. Messi ocupa el centro de esta estructura, y los demás ofician como laderos naturales, transmitiendo esa impronta al resto. En un ciclo que ya ganó todo, donde los pequeños detalles inclinan la balanza, este trabajo silencioso ayuda a explicar por qué la selección sigue funcionando como plantel y como equipo.

