Absolvieron a César Onzari en una causa por abuso sexual y busca reencontrarse con su hijo
Tras un proceso judicial que se extendió por siete años, César Onzari recibió la noticia que esperaba: la Justicia de La Plata lo absolvió en un juicio al que llegó acusado de abusar sexualmente de su hijo. Durante ese tiempo, Onzari no tuvo contacto con el menor, ni en persona ni a través de videollamadas, y tampoco sus familiares. Aquel niño de 9 años es hoy un adolescente de 16 que llama a su papá por su nombre.
En una entrevista con LA NACION, Onzari brindó su versión de los hechos y se quebró en varias oportunidades al recordar el doloroso proceso y la prolongada separación de su hijo.
El origen de la denuncia y la separación familiar
El conflicto, según Onzari, comenzó con una separación de pareja “conflictiva” en 2012. Desde entonces, tuvo que iniciar un régimen de visitas y alimentos. A medida que avanzaba judicialmente para lograr que su hijo pudiera quedarse a dormir, empezaron a surgir denuncias en el Juzgado de Familia. Estas acusaciones, que iban desde que el niño no volvía aseado hasta supuestos moretones, aumentaron de tono con el tiempo.
Onzari relata que las denuncias no solo lo involucraban a él. Cuando su hijo comenzó a pasar más tiempo en su casa, la madre llegó a acusar a un amigo de “manosear” al menor. Ante la escalada de las acusaciones, en 2017, su abogado les advirtió que debían prepararse para una posible denuncia por abuso, lo que finalmente ocurrió en 2019.
La denuncia penal se inició en la escuela, a raíz de la lectura de un cuento. Onzari cuestiona el manejo de la situación por parte de la maestra, señalando que las preguntas no fueron bien manejadas, no hay registro de las mismas, el acta carece de fecha y firma, y el gabinete pedagógico no participó. En ese contexto, la madre del menor “detonó” la situación, afirmando que ya sabía que a su hijo “le pasaban cosas” con él. En septiembre de 2019, el régimen de visitas fue cortado y comenzó la causa penal.
Siete años sin contacto y el impacto de la pandemia
Desde septiembre de 2019, Onzari no volvió a ver a su hijo, que entonces tenía casi 9 años. Ni siquiera pudo tener contacto por videollamadas, a pesar de los intentos de su hermana por gestionar un régimen de visitas para la familia. La pandemia de COVID-19 en 2020 retrasó aún más el proceso judicial.
La Cámara Gesell, prevista para marzo de 2020, se postergó en varias ocasiones y recién pudo realizarse dos años después del hecho.
“Ver esa Cámara Gesell durante el juicio fue dolorosísimo. No podía creer cómo hablaba mi hijo, refiriéndose a mí como ‘César’ o como un desconocido. Siento que hubo una influencia muy grande, una ‘bolita de nieve’ que no pudieron parar y el nene se terminó creyendo una historia que no es”
, lamentó Onzari.
En el expediente se mencionó un incidente de 2017 con unos pantalones. Onzari explicó que fue una “acción correctiva” para que su hijo entendiera que no debía bajarle los pantalones a otros. Aunque el tema se charló y se dio por terminado en su momento, la madre lo utilizó en cada discusión, y el menor lo refirió nuevamente en la escuela en 2019, siendo manejado con “mucha impericia” por la maestra.
La absolución y el sueño del reencuentro
Durante el juicio, Onzari se impactó por la “falta de seriedad” de algunos testimonios. Señaló que nadie de la escuela recordaba nada concreto, no se reconoció quién escribió las actas y una psicóloga afirmó haber tirado los cuadernos con la documentación del caso al jubilarse. La “intencionalidad de separarme de mi hijo” por parte de la madre y su pareja fue evidente para el tribunal, según Onzari, quienes intentaron involucrar hasta a su pareja actual y a su sobrina.
Tras la absolución, Onzari (quien se emocionó hasta las lágrimas al hablar del tema) ahora espera que la sentencia quede firme para tramitar una revinculación en el Juzgado de Familia. Su hijo cumplirá 16 años en octubre, y Onzari cree que creció con una “memoria co-construida”, una mentira que se fue creando diariamente.
“Sueño muchísimo con ese abrazo. Muchísimo. Mi idea es que la vinculación sea natural, evitando el pasado al principio, recuperando los momentos de amor que tuvimos antes de 2019, como cuando le enseñé a andar en bici, a leer o cuando íbamos a pescar mojarritas. Porque nuestro vínculo pasaba por ahí: por compartir momentos de felicidad”
, expresó. Onzari superó estos siete años con terapia y el apoyo de su hermana, amigos y su pareja, quien lo acompañó desde que su hijo tenía 3 años.
“La Justicia habló: no hubo pruebas, hubo contradicciones y se demostró que esto venía de años de denuncias falsas en Familia”
, concluyó, esperando que su hijo sepa que nunca lo olvidó.

