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El adiós al Indio Solari: un fenómeno que trascendió la música y unió generaciones

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Carlos Alberto ‘Indio’ Solari, una de las figuras más enigmáticas y convocantes del rock nacional argentino, recibió el último adiós de miles de seguidores en Villa Domínico. El encuentro, descrito como un «viaje al silencio», reunió a dos o tres generaciones de fanáticos que celebraron sus «misas ricoteras» con la misma devoción que en Plaza de Mayo o en las grandes ciudades del país.

Abuelos y nietos, de diversas edades y condiciones sociales, se congregaron con sus penas y alegrías, su descaro y sus excesos, para despedir al músico, cantor y poeta que siguieron con fe de feligreses durante décadas. Esta cita final, cargada de emotividad, subrayó la particular conexión que el Indio Solari forjó con su público.

La mística de las convocatorias y el vínculo con la poesía

El fenómeno de las convocatorias del Indio Solari y Los Redonditos de Ricota siempre estuvo envuelto en un halo de misterio. Movilizaban multitudes «boca a boca», eludiendo las celadas del marketing, los espejismos de la publicidad y las teorías de la comunicación. Fanáticos viajaban kilómetros, gastaban dinero que a menudo no tenían, comían lo que podían y dormían en cualquier lugar, sin importar las inclemencias del tiempo, una ceremonia que se repitió desde fines de los ochenta hasta los recitales de Tandil y Olavarría treinta años después.

Más allá de la música, el Indio Solari es reconocido por la profundidad de sus letras. La fuente destaca cómo, incluso para un no rockero, ciertos versos de Solari, Cerati, Charly García o Spinetta «están inspirados en la mejor poesía». Frases como «son pájaros de la noche que oímos cantar y nunca vemos» o «yo no me caí del cielo, pero he sido un barco solo y triste» demuestran una riqueza lírica que trasciende géneros y que, se afirma, no dejaría indiferente a ningún «tanguero con sangre en las venas».

¿Y acaso el Indio, Cerati, Charly hubieran sido indiferentes a un poema como el de Homero Expósito?: “tu forma de partir, me dio la sensación, de un arco de violín clavado en un gorrión”.

Esta conexión con la poesía se extiende al tango, un género que el propio Solari y otros grandes del rock supieron apreciar. Se compara la intensidad de sus letras con las de próceres tangueros como Discépolo, Manzi o Contursi, y se citan versos que evocan sentimientos universales de amor, desengaño y melancolía, demostrando una sensibilidad compartida entre ambos mundos musicales.

Más allá de la política y el dinero: un ícono auténtico

La figura del Indio Solari no estuvo exenta de críticas, especialmente por su afiliación política y su situación económica. Sin embargo, la perspectiva presentada minimiza estos aspectos, citando a Borges: «la política en él es lo menos importante». Se defiende que sus ideas políticas no deberían ser un motivo de objeción, al igual que no se objetaría a Carlos Gardel por sus amistades o ciertos tangos controversiales.

Respecto a su fortuna, se argumenta que Solari «hizo mucha plata» trabajando duro y honrando su talento, desafiando la idea de que ser de izquierda o progresista implica una vida de privaciones. Se lo describe como un hombre austero, que no incurrió en el pecado de la ostentación y el cholulismo, y se reconoce que su trayectoria requirió no solo talento, sino también la capacidad de ganarse enemigos y soportar la envidia.

Un legado que marcó un antes y un después

Para sociólogos y analistas culturales, las multitudes que acudían a las citas ricoteras seguirán siendo un objeto de estudio y asombro. Nadie logró algo similar antes, y se duda que alguien pueda replicarlo en el futuro. Más allá de la calidad musical o las habilidades vocales, el Indio Solari sumó una «misteriosa virtud» que se tradujo no solo en miles de seguidores, sino en algo más profundo: «logró que los filósofos bailen rock y los pobres lean poesía», una frase que sintetiza el impacto cultural y social de su obra.

La última cita en Villa Domínico, un domingo con bruma y niebla, congregó a más de siete kilómetros de personas para una íntima ceremonia de despedida. Con sus canciones murmuradas y lágrimas de dolor por las ilusiones compartidas, los fanáticos mostraron lealtad y agradecimiento hasta el último minuto, haciendo eco de la frase de Raúl González Tuñón: «Un pueblo lo lloraba, y cuando un pueblo llora, que nadie diga nada porque todo está dicho».

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