Sociedad

Parkinson: la enfermedad que afectó al Indio Solari se dispara y preocupa a la ciencia

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La reciente noticia sobre la muerte de Carlos “Indio” Solari, quien padecía Parkinson desde hacía más de una década, ha puesto en el centro de atención una enfermedad neurodegenerativa cuya incidencia crece a un ritmo sin precedentes a nivel global. Los especialistas advierten que, de continuar esta tendencia, el Parkinson podría convertirse en una de las principales preocupaciones de salud pública.

En 2021, los casos registrados a nivel mundial alcanzaron los 12 millones, y las proyecciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que esta cifra podría superar los 25 millones para el año 2050. Este incremento, que representa una duplicación en los últimos 25 años, se atribuye en gran parte al aumento progresivo de la expectativa de vida, ya que el principal factor de riesgo de la enfermedad es la edad, con una incidencia que se dispara a partir de los 65 años.

El doctor Fernando Pitossi, bioquímico de la Universidad de Buenos Aires y jefe del laboratorio de terapias regenerativas y protectoras del sistema nervioso central en la Fundación Instituto Leloir-IIBBA (Conicet), lleva más de 30 años investigando en este campo. “Las terapias que hoy existen son efectivas para aliviar los síntomas, pero no logran regenerar las neuronas muertas, no detienen la progresión de la enfermedad y pueden causar efectos secundarios a largo plazo”, explicó Pitossi a este medio.

La enfermedad de Parkinson se caracteriza por la pérdida o degeneración de neuronas en la sustancia negra, una región cerebral clave que forma parte de los ganglios basales. Esta degeneración provoca una falta de dopamina, un neurotransmisor esencial para el control del movimiento, lo que da lugar a los síntomas motores típicos como el temblor en reposo y la rigidez. “Mi tarea es entender por qué se mueren las neuronas para tratar de proteger las que quedan y, por otro lado, cómo hacer para regenerar la función que perdieron”, detalló el investigador.

Las líneas de investigación: de células madre a neuroprotección

El equipo de Pitossi avanza en dos líneas principales de investigación. La primera se enfoca en la “terapia regenerativa”, que consiste en la implantación de neuronas obtenidas de células pluripotentes inducidas (iPS). Estas iPS, generadas a partir de células de la piel o la sangre del paciente, son “adiestradas” para transformarse en neuronas dopaminérgicas y luego trasplantadas para reemplazar las destruidas por la enfermedad. Si bien esta técnica ha mostrado efectos favorables en modelos animales y ensayos clínicos en el exterior, la supervivencia de las células trasplantadas es baja y variable (entre el 0,5% y el 10%).

Para abordar este obstáculo, la hipótesis del equipo es que la implantación de neuronas genera una inflamación que libera la sustancia llamada TNF (factor de necrosis tumoral), la cual contribuye a la muerte neuronal. Una posible solución sería inhibir específicamente el sistema del TNF para mejorar la supervivencia celular post-trasplante. Actualmente, no existen ensayos de este tipo en Latinoamérica, aunque se desarrollan en fase 3 en Estados Unidos y con aprobación experimental en Japón.

La segunda línea de investigación se centra en identificar mecanismos de neuroprotección de las neuronas remanentes en el cerebro del paciente. Esto se busca a través de la modulación del sistema inmune y la regulación del metabolismo del calcio intracelular, específicamente mediante la molécula PMCA1. “Encontramos que hay una molécula que saca calcio de la célula, que se llama PMCA1, que está disminuida en modelos de Parkinson que generamos en animales por inflamación”, explicó Pitossi. La acumulación de calcio dentro de la célula se vuelve tóxica, aumentando su vulnerabilidad y contribuyendo a la progresión de la enfermedad. Este proyecto, liderado por María Celeste Leal, ya mostró resultados alentadores en modelos en moscas, lo que podría, de confirmarse, enlentecer o detener el avance de la patología.

Síntomas prodrómicos y la importancia de la prevención

El investigador también destacó la existencia de síntomas prodrómicos, que aparecen antes de los síntomas motores clásicos. Estos incluyen la pérdida del olfato, problemas de sueño y dificultades gastrointestinales, especialmente constipación. “Si juntás todos esos síntomas, pueden ser una señal para pensar: ¿qué está pasando? Y con tratamientos preventivos, el panorama clínico cambiaría drásticamente”, señaló Pitossi.

Plazos y desafíos de la investigación en Argentina

Respecto a los plazos para que estos avances se traduzcan en tratamientos concretos, Pitossi fue cauto. Estimó que los tratamientos de implantación de neuronas generadas a partir de células madre podrían estar disponibles en unos cinco años, si se demuestra su seguridad y eficacia. Sin embargo, el proyecto de PMCA1 se encuentra en una fase mucho más temprana, la de investigación preclínica, lo que dificulta establecer un cronograma.

El científico enfatizó la necesidad de ser “extremadamente cuidadoso” al comunicar los avances para evitar generar “falsas expectativas o esperanzas” en pacientes y sus familias. A pesar de sus advertencias, es común que personas con Parkinson se ofrezcan como voluntarios para pruebas, lo que subraya la urgencia de su situación.

Más allá de la complejidad científica, Pitossi expresó su preocupación por los desafíos que enfrenta la investigación en Argentina. “Lo que hoy me genera ansiedad son problemas más concretos y no tan de largo plazo. Conseguir los fondos necesarios para continuar con nuestro trabajo, que los insumos salgan de aduana a tiempo y que en esas esperas no se deterioren. Me preocupa que la burocracia juegue en contra y no a favor”, afirmó. También lamentó la precarización del sistema científico, con salarios bajos que obligan a los investigadores a buscar trabajos complementarios, lo que pone en riesgo la subsistencia y la calidad de la ciencia en el país. En este contexto, mencionó la preocupación por lo que denominó “cientificidio”, en referencia a políticas que, según su visión, buscan destruir el sistema científico, en línea con lo adelantado en campaña por el presidente Javier Milei.

Ante esta situación de estrés, Pitossi reveló que practica meditación desde hace más de 20 años, una herramienta que le ha sido útil para “calmar la ansiedad, la mente, para traer claridad a muchas otras cosas”. Para él, la meditación no es incompatible con la mente científica, sino que le permite “acceder a momentos de mucha claridad y lucidez” y ayuda a que “la mente funcione mejor”.

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