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Corrupción en Arsat y cruces internos: la gestión de Milei, bajo una nueva lupa

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El Gobierno de Javier Milei atraviesa un momento de ambivalencia, según recientes encuestas. Si bien la declinación de su imagen pública parece haberse detenido, e incluso registra una leve suba en la aprobación, el oficialismo enfrenta una serie de desafíos estructurales que lo muestran como una administración diferente a la de sus primeros meses.

Un sondeo de la consultora Hugo Haime revela que la aprobación de la gestión de Milei pasó del 34% al 35% entre abril y mayo, mientras que el rechazo disminuyó del 63% al 61%. Asimismo, las expectativas sobre la mejora del país a un año aumentaron del 32% al 33%, frenando una caída sostenida desde diciembre. Estos pequeños movimientos sugieren un cese en la dinámica de deterioro, pero se dan en un contexto de cambios profundos.

Corrupción y el cambio de responsabilidades económicas

Uno de los fenómenos más notorios es la percepción sobre la responsabilidad de los problemas económicos. Si al inicio de la gestión la «herencia recibida» era la principal justificación, hoy el 42% de los encuestados imputa las dificultades a la política económica de Milei, frente a un 33% que aún las atribuye al kirchnerismo. Este cambio de paradigma se ve agravado por la irrupción de un escándalo de corrupción que sacude a la empresa estatal Arsat.

El caso involucra el robo de dispositivos y depósitos irregulares, señalando a Gerardo Boschin, gerente de Contrataciones y Compras de Arsat. Sin embargo, el foco se centra en Facundo Leal, exfuncionario de la compañía, a quien se le incautaron aproximadamente US$2.400.000 en efectivo y diversas drogas (cocaína, ketamina y éxtasis) con balanzas en allanamientos a sus domicilios. Leal, con un historial ligado a figuras como Rodolfo Gabrielli y Sergio Massa, y con denuncias de pedidos de coimas en su paso por el Orsna (Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos), se encuentra actualmente detenido.

Este entramado de corrupción se extiende a figuras como Luis Pierrini, exjefe de Leal en Transporte y vicepresidente de Independiente Rivadavia, vinculado a Daniel Vila. Pierrini, a su vez, llegó al gobierno de la mano de Juan Pazo, secretario de Coordinación de Luis Caputo, con quien compartía negocios en el ámbito financiero. La órbita de Transporte y Arsat, donde se tramitan numerosos negocios, estaría bajo la influencia de Santiago Caputo, el «Mago del Kremlin», quien, a pesar de no ser funcionario con firma, ejerce un poder extraordinario sobre áreas clave del Estado, incluyendo el área de Legales del Ministerio de Economía tras el desplazamiento de José Ignacio García Hamilton y la designación de Juan Ignacio Stampalija, quien depende de María Ibarzabal, mano derecha de Caputo.

La remoción de Pierrini y Leal, según fuentes, se debió a un viaje «de placer» a Barcelona e Ibiza en un avión que se atribuye a Pablo Toviggino, tesorero de la AFA, piloteado por Gustavo Carmona, compañero de tenis de Juan Bautista Mahiques y Santiago Viola, ministro y secretario de Justicia, respectivamente. A este universo se suma Diego Chaher, responsable de las privatizaciones y también proveniente de las empresas de Vila y Manzano, y Leonardo Scatturice, empresario ligado a Santiago Caputo, a quien se le atribuye el manejo de negocios estatales desde Miami, incluyendo el tendido de fibra óptica en estaciones de tren y la propiedad de Flybondi.

Internas y tensiones políticas

El escándalo de corrupción se enmarca en una feroz interna entre Karina Milei y el grupo de Santiago Caputo, «Las Fuerzas del Cielo». Esta situación se ve agravada por la falta de reflejos del oficialismo para abordar los casos de corrupción y la estrategia de Javier Milei de atacar al periodismo, al que tilda de «corrupto», mientras estos temas se exponen públicamente.

Un caso que ilustra las tensiones es el retiro del pliego de María Verónica Michelli como candidata a jueza federal en La Plata, decidido por Karina Milei al enterarse de que es cuñada del periodista Hugo Alconada Mon. Esta decisión generó un conflicto constitucional por avasallar la intervención del Senado y una fuerte reacción de Patricia Bullrich, quien públicamente expresó su «objeción de conciencia» y se desmarcó de la medida, en un tuit de alto voltaje político.

La imagen de Patricia Bullrich, con un 41,7% de positiva, supera a la de Milei (38,7%), lo que genera señales de diferenciación en el espacio oficialista. En el lado opositor, Cristina Kirchner lidera el ranking con un 42,7% de imagen positiva, evidenciando la polarización política. Sin embargo, Axel Kicillof, con un 39,5% de positiva, se encuentra por debajo de la expresidenta, lo que podría generarle dilemas en su futura carrera electoral. Incluso Manuel Adorni, jefe de Gabinete, registra una brecha de 40,5% entre imagen positiva y negativa, con un 66,8% de rechazo.

La corrupción, que antes era un problema secundario, se posiciona ahora como la principal preocupación de la sociedad con un 39%, superando a la inflación, que había encabezado la lista. Este cambio en la agenda pública, sumado a la irrupción de redes mafiosas y el aumento de delitos complejos, obliga al Gobierno a redefinir su estrategia y a enfrentar una realidad que lo ha transformado en «otro gobierno», distinto al que asumió hace pocos meses.

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